MARIA GUITART

“La memoria de tesis doctoral, como tarea científica, es la expresión de un trabajo y de unos conocimientos adquiridos durante años (…).

Del periodo de formación escolar en mi pueblo, Sant Cugat del Vallès, mi más sincero agradecimiento a la señorita Maria y al señor Jordi. La primera me enseñó a leer y escribir y me abrió las puertas al mundo exterior a la familia, ayudándome en el primer proceso de socialización que recuerdo. El segundo me enseñó muchas cosas en el terreno conceptual, en el campo de las matemáticas sobre todo, pero más importante que eso, me hizo ver que a veces la vida no es fácil y que a pesar de todo hay que aceptarla y procurar ser feliz. De este periodo, merece una mención especial la señora Guitart (q.e.p.d.), profesora de literatura francesa. Las lecturas que me recomendó me han marcado profundamente. Ella estimuló como nadie mi deseo de saber, de conocer, de leer, de pensar, de analizar, estimuló mi sentido crítico. Admitiendo que probablemente no tiene rigor científico, afirmaré que sin este estímulo mi currículum personal y mi vida habrían sido mucho más pobres (…)”.

(Fragmento inicial del capítulo de Agradecimientos de mi tesis doctoral. Principios-mitad de los 90).

Ni siquiera recuerdo quién me informó a principios de los años 90 de que nuestra profesora de francés y de literatura francesa, “la Guitart”, había muerto. Ahora sé que era joven. Murió el mes de junio de 1992 con 57 años, de un cáncer de mama con metástasis hepáticas. Yo la vi por última vez el año 1974 y, como siempre sucede cuando tienes 15 o 16 años, a los profesores y a los adultos en general, los ves mayores. Por lo tanto ella tenía 38-39 años cuando me daba clase, pero para mí era una señora mayor.

Son recuerdos de mi segunda escuela, Santa Isabel, de Sarrià, que en 1995 pasó a manos de los “Legionarios de Cristo Rey”, nada que ver con nuestro querido colegio fundado por el padre Francesc Ros i Vendrell el año 1946.

Efectivamente nada que ver, a pesar de que no hay que olvidar que aquella escuela, durante los años 60 y 70, cuando nosotros íbamos, lógicamente no se escapaba de todo lo que conllevaba la dictadura franquista. Y lo digo para contextualizar lo que para mí significó en aquel ambiente, todo lo que me aportó la profesora Guitart.

En enero de 2015 los compañeros de curso de Santa Isabel, hicimos el tercer o cuarto encuentro en los 41 años transcurridos desde que dejamos la escuela. Refiriéndome a este último escribí (ver post “Corrupción, desigualdades, felicidad y recuerdos escolares” del 31 de enero de 2015):

“(…) La visualización de un magnífico audiovisual, con fotos nuestras de los años 60 y 70 en blanco y negro, de exposición alguna de ellas, provocó fundamentalmente dos reacciones: (1) sentimiento de felicidad, (2) sorpresa en algunos de que aquello pasara en un ‘contexto de NODO’. Vivíamos en un país dictatorial, pobre y atrasado, y aquellas entrañables y emotivas fotos nuestras en blanco y negro, estaban llenas de detalles que me hacen pensar que cuando alguien hoy dice, con razón, cosas del tipo (lo acabo de leer): ‘Estamos hartos de vivir los abusos de un poder delegado democráticamente que no mira por el bien común’; quizás hemos olvidado (o quien lo dice es joven y no lo vivió), nuestra historia reciente. Definitivamente ‘aquella España negra’, dio lugar a ‘esta democracia’ (…)”.

Más allá de la pobre calidad democrática de la España actual (“de aquellos polvos vienen estos lodos”) que alguien -la señora Guitart- en ese periodo tardofranquista, teniendo yo 14 años, me hiciera descubrir a André Gide, Rousseau, Emile Zola, Camus, Malraux, Sartre… Y también a Hermann Hesse (la semana pasada supe que Maria Guitart se había formado en el Colegio Alemán de Barcelona), no es de extrañar que todo ello mezclado con cierta dosis de sensibilidad, provocara un efecto positivo inolvidable.

Que Max Demian y su madre, Frau Eva, liberaran al joven Emil Sinclair, -detrás del que se ocultaba Hermann Hesse, autor de la obra “Demian”– de los tormentos, dolor y sufrimientos de su adolescencia, me permitió respirar aliviado en aquel mundo gris y estricto, marcado por la dictadura y el nacionalcatolicismo. ¡Aprender que existía un Dios -Abraxas- que llevaba incorporados el bien y el mal ayudaba a huir del terror provocado por la amenaza de ir al infierno por cualquier cosa!

¡Que una profesora me recomendara un libro, en ese momento, en concreto “Demian”, en el que su protagonista -es decir, su autor-, Emil Sinclair -es decir, Hermann Hesse- víctima de una educación cristiana represiva, que exteriorizaba miedos y aliviaba la carga de amenaza presente en el ambiente, era para mí un placer! Y quien lo dice es creyente y católico practicante, después de elegirlo libremente al terminar una “vuelta al mundo” que comenzó por escapar de los efectos nocivos de determinados sectores de la Iglesia militantes del franquismo -aún existentes hoy- y de pasar por mil momentos personales, existenciales, sociales, políticos y espirituales para volver a conectar con un cristianismo distinto del que tantas víctimas creó, como Hermann-Emile Hesse-Sinclair. Y después de madurar y aprender que no hay ni una sola institución humana, formada por hombres -la Iglesia Católica una de tantas- que no sea imperfecta y “pecadora”.

La señora Guitart también me “presentó” a Mersault, el extraño (“L’Étranger”), describiendo su periplo vital desde la muerte de su madre hasta su propia muerte. Un tipo “extraño” para sí mismo, que se sentía diferente de los demás, vacío, indiferente, pasivo, negado para las relaciones sociales. Un hombre incapaz de expresar ninguna emoción, ni la tristeza por la muerte de su madre ni el amor por su chica. Un zombi dirigido irremisiblemente hacia la autodestrucción.

Me imaginaba al propio Camus, un pied-noir argelino, fumando y bebiendo sin parar torturado en una habitación calurosa y mal ventilada de una fonda de mala muerte en su Argelia natal, con un ventilador colgado del techo que en lugar de ventilar solo hacía ruido, preguntándose por el sentido de todo aquel absurdo… ¡Un existencialista con el valor y la capacidad de oponerse a la vez al cristianismo -y a todas las religiones- al marxismo y… al propio existencialismo!

Creo que el Dr. Rieux luchando contra la terrible epidemia de peste en Orán, no tuvo nada que ver con que yo mismo decidiera ser médico. Pero de repente que el extraño Camus-Mersault, nos mostrara la maravilla que es la solidaridad humana y el enorme valor del ser humano, confieso que me tranquilizó.

La condición humana, la profundísima soledad que acompaña al hombre a lo largo de toda su vida. Valores como hacer frente a la adversidad en cualquier circunstancia, la solidaridad, la voluntad de ir más allá a pesar de todo, representados fundamentalmente por comunistas chinos en Shangai luchando a muerte contra el ejército de Kuomintang y negándose a entregar las armas a los soldados de Tchang Kaï-Chek… Sí, André Malraux. Y Sartre, Simone de Beauvoir…

Sin darme cuenta, una profesora de una escuela católica durante la dictadura franquista me abría las puertas al existencialismo, al comunismo, al naturalismo y al análisis crítico de cualquier “ismo”, que -y lo digo por los que me conocen- me ha ayudado a militar a lo largo de mi vida en, como mínimo, un par o tres de estos “ismos”.

Volviendo de Sarrià, de la escuela, a Sant Cugat iba a la librería Paideia y Neus, la encargada de la librería, complementaba las recomendaciones de la profesora Guitart poniendo a mi alcance libros maravillosos, muchos de ellos de la colección de “Libros de bolsillo” de Alianza Editorial. ¡Bastante asequibles, lo que no era un detalle menor en aquella época!

No hace más de dos o tres años fui a la Paideia -ubicada en un lugar diferente del que estaba cuando yo era adolescente- y me sorprendió ver a Neus y darme cuenta de que era mayor que yo, pero no tanto!!! No me atreví a agobiarla con mis manías y soltarle el “rollo” que estoy escribiendo en este post.

A la inolvidable -y quizás mitificada, aunque me pese pensarlo- señora Guitart, Maria Guitart, la vi por última vez en la escuela el año 1974 y nunca más volví a coincidir ni, por lo que ya he comentado, coincidiré, posibilidades celestiales (o infernales) o eventuales reencarnaciones aparte…

————-

De pronto Tòfol me envía un mensaje inesperado por Telegram:

-Hola, Josep Ma (…). Es que he encontrado algo que te hará gracia… una curiosidad que no te esperas. A ver si sabes de quién se trata.

Y a continuación me envía una foto y yo respondo:

-Pues…

-Piensa… (dice él).

-La Guitart no, ¿no?

-¡¡¡Solo hace 45 años que no la ves!!! ¡¡¡Sí!!!

-¡¡¡Ostras!!!

-Pero la foto es de cuando era mayor.

-¿Pero de qué época? Sé que murió, pero no sé cuándo.

-Yo tampoco. Lo sabré todo pronto. Una amiga de una amiga mía me lo explicará todo. Su madre era íntima de la Guitart.

-¡Pues me interesa!

-Te lo paso a ti y a Ricard…

¡¡¡Al cabo de unos días Tòfol reenvió unas fotos magníficas de la señora Guitart, en las que ya identifique fácilmente a mi profesora!!!

El comentario que acompañó la foto que adjunto a este post -hecho por Ricard- fue muy bonito: “Parece una foto de Marguerite Duras en Saigon”.

Mi comentario fue: “¡Muy atractiva!”. Y la réplica del compañero: “Completamente de acuerdo, Josep Maria. Elegante e interesante”.

Tòfol conoce a Ma Antonia, amiga de Carme, ambas ex-alumnas del Santa Isabel a las que conocí el pasado miércoles cuando el recuerdo de la profesora Guitart nos reunió a ellas dos, a Tòfol, a Ricard y mí. Yo a ellas no las conocía. Tienen cinco años menos que nosotros, lo que quiere decir que cuando dejamos la escuela con 16 o 17 años, ellas tenían 11 o 12 y sin obviar la posibilidad de habernos cruzado un montón de veces por los patios o pasillos de la escuela, evidentemente, 45 años después, si es que fue así- no lo recordábamos.

Aclaro que la profesora Guitart no dejaba indiferente prácticamente a nadie. Una minoría la apreciábamos mucho y una mayoría nada. El tema ha sido motivo de debate en dos o tres ocasiones en el chat de la escuela y hay que decir que entre las chicas la animadversión era aún mayor que entre los chicos. Hasta el punto de calificarla de “misógina”. ¡Y es que es verdad que todo el mundo cuenta las cosas según como le van, las vive y las siente! No hace falta decir que entre Tòfol, Ricard y yo, la unanimidad en torno a la alta consideración y estima hacia nuestra profesora era unánime.

Carme nos explicó un montón de recuerdos y vivencias personales con Maria (¡se me hizo raro oír llamar Maria a la señora Guitart, con la lógica familiaridad con que lo hacía Carme!). Viajes, veladas, encuentros familiares con ella… Fue especial. Peculiar. Carme nos contó que María se fue a vivir  a Washington DC, ciudad importante en mi vida, en la que le diagnosticaron el cáncer que acabaría poniendo fin a su vida…

Evidentemente los recuerdos de Maria se mezclaron con recuerdos de la escuela. Una escuela de sagas familiares, de familias entre numerosas y numerosísimas que en pleno baby-boom llevaban a todos sus hijos a la escuela por lo que muchos hermanos de unos iban a clase con hermanos de otros. Esto, a base de pensar en hermanos propios y ajenos, nos llevó a descubrir vínculos con aquellas dos compañeras desconocidas. No faltaron referencias a algunos de los que han sido o son personajes conocidos que pasaron por la escuela. Creo que comentaron que un hermano de Judith Mascó, que como ella misma iba a la escuela, era de su curso. Y no sé si un hermano de otro ex, conocido, Alfons Arús, también… En fin.

Cuando terminamos la reunión, confieso que sentí como si algo se desvaneciera…

Me parece emocionante, también extraño, lo reconozco, que tres compañeros de clase de la escuela, nos reuniéramos 45 años después con dos compañeras desconocidas de cinco cursos anteriores, para honrar de alguna manera a una profesora que murió hace años. Una verdadera misa laica que reunió a dos agnósticos o ateos, un creyente y dos chicas de las que desconozco ese detalle, porque, hasta el pasado miércoles, pese a probablemente haberlas visto hace décadas, era como si no las conociera… ¡¡¡La vida tiene cosas sorprendentes y hermosas!!!

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2 comentarios sobre “UNA MISA LAICA

  1. Leon dice:

    Josep
    Que la maestra Guitart te provoque estas reflexiones es un placer para valora y que bueno que las compartes.
    Entiendo lo que dices de la influencia de la maestra. Me hiciste recordar a la maestra Ofelia de Ita que me enseño a leer y escribir y a la maestra Teresa Armida que provistatan solo de una vela, una naranja y un limón nos enseño a los 8 años los movimiento de rotación y traslación de la Tierra y su satélite la luna. Seguí recordando…
    Tu experiencia como estudiante joven en la dictadura me hizo pensar en las diferencias de lo que yo viví en un México que, aun teniendo un régimen autoritario, permitía vivir a las anchas cuando fui niño en una familia de padres profesionistas los dos y de familias judías de inmigrantes del este europeo. Experiencias distintas sin duda la tuya y la mía y, sin embargo, con tantos puntos de contacto, por ejemplo en las lecturas que has citado, Cimiento que sin duda es parte de la amistad que hemos fraguado. Te abrazo desde la CDMX.

    1. josepmariavia dice:

      Muchas gracias León¡ Cómo dicen los casrtellanohablantes habituales: “es de bien nacido ser agradecido”. Y desde luego mi agradecimiento a la maestra Guitart, es enorme.
      Por cierto, ya ves que también cito a la maestra Maria -que me enseñó a leer y a escribir-, en el capítulo de agradecimientos de mi tesis doctoral. Estoy satisfecho de la formación que tuve en dos escuelas de características muy distintas¡ En cuanto a la Universidad, haber podido cursar estudios de postgrado en Canadá, compensó mi insatisfacción con la universidad postfranquista que me tocó vivir en una Catalunya que resurgía del largo y negro túnel de la dictadura.
      Es una suerte tener amigos diversos, entre los cuales unos cuantos judíos de origen centroeuropeo y entre ellos, por supuesto tu, con -como bien dices- comparto, compartimos, inquietudes intelectuales y humanas y muchos puntos de vista. Y sobretodo afecto que, quizás es de lo que anda más necesitado nuestro mundo…

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