Hacia las 8 el cielo en el horizonte se ve rojizo sobre el mar. Al cabo de pocos minutos el sol aparece triunfante y lo ilumina todo. El cielo es claro, de un azul precioso. Hace fresco. Por la noche frío. Cerca del mar la humedad lo penetra todo. Dirías que hace más frío dentro de casa que fuera. No será así seguramente…

Ha llegado el invierno. El solsticio de invierno dicen unos, la Navidad dice casi todo el mundo en nuestras sociedades. Para una minoría tiene un sentido trascendente, religioso. Conmemoramos el nacimiento de Jesús. Para la mayoría no. Hoy todo el mundo está pendiente del sorteo de la lotería de Navidad. Cuando era pequeño era un claro indicio del inicio de un período mágico. Hoy en día… es diferente.

Paz en el mundo. Presos políticos… ¡¡¡Y sin techo, refugiados, amigos enfermos, crónicamente y/o gravemente enfermos y lo que queráis!!! Para ellos, la Navidad, con toda seguridad, será diferente.

Suena el teléfono…

-Feliz Navidad.

-Hola, ¿cómo estás? Feliz Navidad para ti también. ¿Qué tal?

-La verdad es que no me siento muy bien. Tiene que venir mi hija, pero este año todo es diferente.

-Sí. La Navidad va cambiando. La primera Navidad después de separarte es diferente. Para mí ha ido cambiando mucho en los últimos años. Cuando me separé cambió, cuando se murió mi padre también, el hecho de que mi hijo mayor viva en Chile y no venga en Navidad, lo hace todo diferente…

Si sigo, puedo terminar en un terreno que tampoco me gusta: el de los que destrozan la Navidad. Puedo entender determinadas visiones. Puedo estar de acuerdo que para los no creyentes, la Navidad deje de ser mágica a medida que te haces mayor. Parece que la Navidad pagana, pierde sentido si no hay peques y que pueda acabar siendo, según como, fuente de nostalgias y de tristeza. De echar de menos a los que ya no están, de pena por lo que se ha perdido… Dejo de lado la dimensión comercial y materialista…

Acabo de hablar con este hijo mío que vive en Chile. Allí también es Navidad, pero acaba de empezar el verano. Para él también será una Navidad diferente a las que vivía aquí. Ya será la segunda…

¡Claro que me gustaría pasar la Navidad con él! Como él no viene, le iré a ver en enero. Una dosis de verano a finales de enero resulta agradable…

Estar con quien quieres estar es importante. Evitar a quien no te apetece ver es una práctica que va surgiendo con más naturalidad a medida que te haces mayor. Saber encontrar la distancia adecuada cuando es necesario, no siempre es fácil. Me vienen a la cabeza dos experiencias vividas recientemente.

La de un amigo que a partir de una muy mala experiencia familiar ha consolidado la idea de que no hay que relacionarse con la familia si se rompen los lazos sentimentales: “La familia no la eliges. Los amigos sí”, me decía.

La otra, la de una persona que conocí por azar y con la que, después de una impresión inicial de buen feeling, cuando empezamos a hablar más a fondo se hizo patente -para la otra más rápidamente que para mí- que no tenía sentido que nos relacionásemos: “No hay un punto de encuentro en el que me sienta cómodo contigo”, me dijo, después de haberme explicado que desde hacía tiempo solo se relacionaba con quien realmente tenía ganas.

Cuando se te mueren una serie de familiares directos en poco tiempo -hijos incluidos- no debe ser fácil recuperar la paz y el equilibrio. Es la segunda persona que conozco que después de cambios radicales en su vida ha recurrido a métodos del tipo “constelaciones familiares” o terapia Gestalt. Yo no tengo demasiada buena opinión ni del uno ni del otro y se lo dije. La respuesta que percibí me recordó -no sé por qué, ya que nunca lo he experimentado- a una picadura de escorpión. Le pregunté -confieso que algo disimuladamente- si era Escorpio y me dijo que no. Probé suerte con Tauro y Leo y tampoco. Y a partir de aquí….

Me transmitió ideas que comparto, del tipo “miramos al otro y lo juzgamos sin parar a mirarnos a nosotros mismos” o “somos los únicos responsables de todo lo que nos pasa”… y me terminó enviando la “Ley del Espejo” según la cual:

– Todo lo que me molesta, me irrita o quiero cambiar del otro, está dentro de Mí (con “M”, no “m”).

– Todo lo que el otro me critica o juzga, si me molesta o me hiere, está reprimido dentro de Mí y lo tengo que trabajar.

– Todo lo que me gusta del otro, lo que amo en él, también está dentro de Mí.

– Todo lo que el otro critica de mí, juzga o quiere cambiar en mí, sin que me afecte, le pertenece a Él.

Yo creo que me debió situar en la cuarta categoría -quizás también en la  primera, seguro que no en la segunda, que intuyo habría tenido que considerar, y dudo que en la tercera- y decidió -tras una conversación y cuatro mensajes- que cultivar la amistad conmigo, no le interesaba. Incluso me dijo que creía que a mí tampoco me interesaba aquella amistad, cosa que yo no compartía pero… Dos no pueden ser amigos si uno (o ambos, claro) no quiere.

Yo, por mi parte, he perdido interés por algunos amigos a los que durante años los sentí como tales, pero que poco a poco, con el tiempo he considerado que no se dan las condiciones para poder definirnos como verdaderos amigos. No he sido, sin embargo, tan expeditivo como lo fue esta persona, en realidad desconocida, conmigo. ¿Quizás debería serlo?… No lo tengo claro. Tampoco siento la necesidad de ser proactivo expulsando a estos amigos de mi vida mediante una comunicación formal. Considero que hace tiempo que no han/hemos hecho gran cosa para alimentar la amistad. La amistad, como el amor, hay que trabajarlos… Quizás con el tiempo recuperaremos aquella amistad, tal vez solo “congelada”.

¡En fin, no son consideraciones que contribuyan mucho al espíritu navideño! Mientras escribo, no paro de recibir felicitaciones de personas que casi no conozco, y de instituciones y organizaciones más o menos próximas o lejanas pero que a mí no se me hubiera ocurrido felicitar.

Alguna me genera dudas reales sobre los sentimientos de verdad que mueven a quien lo ha escrito. Alguien que conozco, pero relativamente y que no lo considero amigo. Dice así:

“Se acerca la Navidad y como estás entre las personas que quiero y aprecio, no quiero dejar de expresar mis mejores deseos, para ti y tu familia en estas Fiestas y próximo año. Que Dios os bendiga. Un gran abrazo”.

Soy totalmente sincero cuando digo que, aunque es evidente que el texto ha sido escrito para enviar, no sé si masivamente, pero sí de forma relativamente generalizada a una lista de contactos, tengo dudas sobre la intención final de quien lo escribe. En positivo. Quiero decir que pienso que quizás sí que es una persona con mucha capacidad de amar al prójimo. Pero no lo sé… ¡¡¡No hace falta que os diga qué me diría el de la “Ley del Espejo” antes mencionada!!!

Ayer se celebró un Consejo de Ministros en Barcelona -¿y qué? ¿Para qué?- pero los presos políticos siguen en prisión y los otros en el exilio. Y es Navidad. La buena noticia es que los primeros han puesto fin a la huelga de hambre.

Si a estas alturas os cuento que me hacen feliz las estufas de pellets y de parafina que he instalado en casa, una casa en la que no era fácil encontrar una solución para combatir el frío de forma eficiente… ¡quizás me mandaréis a paseo!

¡Pero es verdad! Han sido un gran descubrimiento. Permiten mantener toda la casa caliente y tienen un encanto especial. La biomasa no desprende CO2, la parafina sí, ya lo sé, pero es la mejor combinación que he encontrado…

Me recuerdan a cuando era pequeño. La primera a las estufas de cáscara de almendra que teníamos en la escuela y la segunda a las estufas de petróleo que había en algunas casas…

No sé si es el momento de debatir sobre si este escrito es de aquellos que transmiten emociones o… ¡no! Yo creo -ya, ya lo sé, mal asunto cuando tienes que explicar lo que debería ser obvio- que de forma tímida, sí que transmite. En cualquier caso valga el recurso para ponerlas de relieve: nostalgia de una Navidad infantil mágica que ya no existe, tristeza por las amistades que se desvanecen poco a poco, por el hecho -puesto en boca de un amigo mío- de que en estas fiestas tan “familiares” seas consciente de que la familia… según cómo sí, pero según cómo… ¡¡¡ay, ay, ay!!! ¡Sí, según cómo está claro que sí! Ya me gustaría que mi hijo en lugar de celebrar el solsticio de verano en diciembre y a casi 12.000 km, celebrara la Navidad en casa. Pero según cómo…

Es un deseo real que la Paz, la Fraternidad y el Amor predominaran de verdad en el mundo. Pero demasiado dominado -desgraciadamente, me gustaría que fuera diferente- por el escepticismo. No por el conformismo ni por la pasividad. Desde mi pequeño rincón, muy modestamente, además de huir de determinado revuelo reconociendo que seguramente no me siento con la fuerza necesaria para afrontarlo, disfruto de la simpatía, la empatía y la amabilidad de la gente del pueblo cercano a casa, que voy conociendo. Aunque me provoca cierta grima no sé por qué, utilizaré la frase “Carpe Diem”.

Valorar día a día, por no decir minuto a minuto, este regalo que es para mí la convivencia con personas que viven en un mundo muy diferente al que yo he vivido la mayor parte de mi vida y que, en general, los veo más “conectados a sí mismos” que la gente de ciudad, los de los grandes despachos enmoquetados y oficinas de diseño llenas de arte abstracto.

Disfruto también de la naturaleza, del paisaje, del mar, del sol, del cielo azul precioso y del vermut con aceitunas en el bar del pueblo. De la conversación con Josep de la herrería, con Maite de la panadería, con Maria de la cooperativa o con Martí de la bodega. Personas con muchos valores y concretamente con uno que me llama mucho la atención: son unos enamorados de sus oficios, algunos de los cuales, después de generaciones familiares dedicándose a ellos, desgraciadamente, están en vías de extinción y sustitución por soluciones típicas de la globalización.

Son fisgones por naturaleza, eso sí -en el pueblo no hay demasiadas distracciones- e intentan averiguar qué demonios hace este de “can fanga, todo el día por aquí, perdido allí arriba en las montañas”. ¿Pero qué queréis? Nada ni nadie es perfecto. Al final lo que cuenta es que pese más el plato de la balanza ligado a hechos, valores y vivencias positivos, que no el que sopesa los negativos…

Esto le decía reiteradamente a una persona que quiero mucho y que tuvo que bajar a los infiernos para ver que era mejor volver a la persona amada -y al círculo de los buenos amigos- poniendo en valor las virtudes de la misma por encima de los defectos…

La Navidad va cambiando a medida que pasan los años y este es el puzle que sale de dentro de mí, con motivo o coincidiendo con la Navidad. Una vez más, el formato del post es “marca de la casa”, por lo tanto, aparentemente “caótico” como describen algunos lectores mi manía de enlazar fenómenos que pueden parecer independientes, pero que os aseguro que no lo son.

Ya me he definido en más de una ocasión en este blog y otros ámbitos como “un creyente descreído al que le gustaría creer más”. La Navidad, que para mí nunca ha perdido la dimensión cristiana, es un buen momento para renovar el compromiso con el esfuerzo por mejorar el mundo desde el pequeño ámbito de acción de cada uno.

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2 comentarios sobre “ROMPECABEZAS NAVIDEÑO

  1. Bon Nadal Josep Maria!
    I, sí, els teus escrits transmeten emocions …

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies Guillermo!
      Bon Nadal!

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