gardnerUna amiga me recomendó que leyera la contra de “La Vanguardia” del 11 de abril, dedicada a Howard Gardner, neurocientífico, autor de la teoría de las inteligencias múltiples.

Según Gardner, “una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”. Esta afirmación hace que el periodista que la entrevista le diga: “Habrá lectores pensando en algunas…“. Y Gardner responde: “Pues tienen un problema de percepción. Hemos comprobado que los mejores profesionales son siempre excelentes, comprometidos y éticos”.

El periodista insiste: “¿No puedes ser excelente como profesional, pero mala pieza como persona?”. Y Gardner replica: “No, porque no logras la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, la ambición o la avaricia y, por tanto, te comprometes con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos”.

Por cierto, en una entrevista en el mismo periódico, hace 7 u 8 años, el Dr. Ciril Rozman afirmaba que “para ser un buen médico se tiene que ser una buena persona”.

He recibido dos comentarios en mi último post “Escrito ligero para despedir el invierno. ¿¡¡¡Qué invierno?!!!“, que me llevan a reflexionar y exponer lo siguiente.

Lo primero era una pregunta retórica: “Aixxx, ¿y por qué me ha parecido tan triste?” (se refiere al post, se entiende).

Me apresuro a decir (y supongo que Gardner y Rozman estarían de acuerdo) que se puede estar triste y ser una buena persona.

Bueno, pequeña ironía aparte, la pregunta que se hacía esta lectora del blog me lleva, además de destacar que para quien escribe, suscitar emociones en el lector es satisfactorio, también me lleva a pensar en la cuestión del optimismo, el realismo y el pesimismo. Tristeza no se asocia necesariamente a pesimismo ni alegría a optimismo. Pero me ha evocado este “trilema”.

No sé si un pesimista es un optimista bien informado o un realista… La tristeza percibida por la persona que hace el comentario me conduce a lo que considero una visión realista del mundo y de la vida. Esto me permite, sin perder el hilo, llegar con naturalidad a la segunda observación que me han hecho en relación a dicho post.

Me ha llamado una lectora del blog y me ha hecho notar y preguntado por qué daba difusión de mis posts de contenido más personal y no profesional a través de Linkedin, que es una red profesional. Esta persona separaba pues el ámbito personal del profesional, lo que entiendo perfectamente en términos de tiempo de dedicación a cada faceta de la vida (familia, amigos, ocio, trabajo). Ahora bien, la persona es una sola. No se puede desdoblar en dos seres diferentes según el rol, sea el de pareja, padre, madre o amigo, o sea el que adopta en el trabajo.

De paso comento que en sus inicios, este blog tenía bastante contenido profesional (en el sentido convencional del término), vinculado al mundo de la sanidad y la salud. A mi campo profesional. Es cierto que también hubo muchos posts dedicados a temas políticos y de país. A la larga, creo que la etiqueta “humanidades” va ganando la partida. Cada día creo más que las humanidades nos hacen más falta que nunca para comprender el mundo e intentar mejorarlo. También el mundo del trabajo, las empresas, los profesionales.

Más de una vez he escrito que la humanidad, nosotros, estamos destruyendo el planeta. Alguien ya debe estar pensando: “¡Qué tipo más triste y pesimista!”. ¿Pesimista o realista?

También he escrito en varias ocasiones que el materialismo, el consumismo, es la perspectiva dominante en muchos occidentales. Siguiendo este hilo argumental, no tardará mucho en aparecer el mundo de la empresa, de la industria y los servicios, destinados a alimentar el deseo material y el ansia de consumo y de posesión. Si continuamos por este camino, llegaremos a la gestión, a cómo se gestionan las empresas y a partir de ahí podemos continuar con más temas, que ya serán percibidos por todos como propios del ámbito profesional (el de Linkedin). ¿Seguimos un poco más?

En las escuelas de negocios se empezó a hablar de la gestión basada en valores. También de la relación entre gestión, valores y emociones. E incluso, en estas escuelas se ha introducido la espiritualidad, sino como disciplina (que no me extrañaría que en algún caso sí), en formatos de conferencia, taller … No nos tiene que extrañar tanto, cuando el resultado del modelo productivo (destinado a satisfacer una sociedad de consumo y eminentemente materialista) es la explotación insensata de recursos naturales con consecuencias medioambientales que hacen pensar en una humanidad que ha decidido autodestruirse, que no piensa en la dimensión humana de la persona. Ni en la propia, ni en la de las generaciones futuras. ¡¡En los propios hijos y nietos!!!

En 2009 publiqué el libro “La sanitat catalana des d’una altra perspectiva. La salut i la felicitat de les persones”. En plena crisis -la que se ha acordado que se empezó a manifestar con la caída de Lehman Brothers el 14 de septiembre de 2008- escribí que la crisis económica era también política, ecológica y… pero que en la raíz de todas estas crisis, había una crisis de valores. La misma que explica otras derivadas del descontrol del sistema capitalista, como la explotación infantil y… podría no parar. Pero ya nos entendemos.

En ese momento, a partir del cual se ha ido tomando conciencia de que la corrupción franquista hizo también la transición hacia la democracia, se ha ido consolidando el concepto, peyorativo, de “régimen del 78”, así como el sufrimiento y la amenaza de desaparición de unas clases medias indignadas, provocado por la insensibilidad absoluta de la minoría que ostenta el poder en el mundo y que acumula en pocas manos cantidades ingentes del capital mundial total; a partir de ese momento, se cuestionó de forma más visible las escuelas de negocios por el contenido de sus programas, por lo que priorizaban a la hora de formar directivos, en definitiva por los valores que transmitían a sus alumnos. En la línea del titular de Gardner: “Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”.

Volviendo a Linkedin, a pesar de que mi CV no está del todo actualizado veréis que me dedico también al coaching directivo y a la consultoría de empresas. Fundamentalmente sanitarias, pero no exclusivamente.

Por cierto, he de decir que detrás de la oferta de coaching se esconden todo tipo de prácticas, algunas de ellas tan perversas como las de los empresarios y gestores más “malas personas” (o simplemente, malas personas) del planeta.

A partir de aquí y sí, tan discutible como queráis, si se consigue que un directivo estresado, acostumbrado a trabajar 15 horas diarias y no desconectar nunca del trabajo si no es para actividades de ocio, igualmente vinculadas al materialismo y/o al consumo; si se consigue que libere un poco de su tiempo para leer cosas diferentes de lo que lee habitualmente en el trabajo y, sobre todo, se le suscitan emociones, a mi modo de ver, el valor añadido no es menor.

La filosofía, la espiritualidad, la religión pueden aportar Dioses alternativos al actual, lo mismo que denunciaba José Ignacio González Faus en el fragmento que reproduje en el post anterior: “El dios del Dinero”. ¿Estamos o no estamos en el terreno profesional? ¿Estamos o no estamos en el terreno de la esencia humana? Estamos en los dos. La persona es una. Las emociones -tristeza incluida-, y en muchos casos la espiritualidad, el humanismo, la religión, conviven a la vez con la dimensión profesional en una misma persona. Y en la medida en que los valores personales determinan la forma de trabajar, si las primeras no son muy presentes, mal vamos.

La desconexión entre el profesional/trabajador/explotador/consumidor, y su esencia humana, aquella dimensión que trasciende la persona, es un problema. Tan evidente que incluso la espiritualidad se incorpora en los programas de las escuelas de negocios.

Volviendo pues al comentario sobre la tristeza que me ha llevado a hablar -subjetivamente claro- de realismo, el intento de aplicar el realismo en el mundo puede dar una fotografía de la realidad que resulte triste y sea tachada de pesimista. Si te paras aquí, te has limitado a constatar lo que tanta gente dice, escribe, proclama. Has sacado, aunque sea por un momento, al lector de su zona de confort, pero no le has aportado ninguna solución.

Yo no tengo la solución -y no sé si alguien la tiene-, al problema de la crisis de valores del mundo occidental y occidentalizado, la madre de todas las crisis. Hay muchas contribuciones, más o menos utópicas en cuanto a la posibilidad de ser aplicadas, que se hacen desde visiones de la realidad y disciplinas parciales: la ciencia política, la economía, la sociología, la antropología, la propia filosofía que a pesar de buscar un fundamento holístico, no deja de ser una suma de visiones poliédrica.

En el post de 5 de abril “Diario de un fin de semana de primavera me posicionaba ante mi visión de la realidad diciendo: “Pienso en cuál es mi actitud personal ante este panorama. La vida asociativa -no exenta de las miserias humanas- es, sin duda, fundamental. Pero mi opción hoy -no así durante muchos años de mi vida- es más personal que de acción colectiva. Confío que escribir aporte algún valor y en cuanto al resto, intento mejorar la calidad de las relaciones personales, en el trabajo, en todas partes. Con la familia y los amigos por supuesto y con un montón de gente que no sabes cómo, llama a la puerta para cosas diversas. Intento hacer las cosas lo mejor que sé en mi radio de acción. Sigo creyendo que se puede contribuir a recuperar la bondad del ser humano, con trabajo individual”.

Valoraba la vida asociativa, la acción colectiva, pero adoptaba un posicionamiento que puede evocar una actitud del tipo: “Ante una humanidad irreflexiva, irresponsable y que ha decidido -activa o pasivamente- autodestruirse, yo me encierro en mi mundo, me desentiendo de mi responsabilidad en relación a la cosa común, vivo lo mejor posible el tiempo que me quede, y mis hijos y los tuyos que se espabilen”. Pienso que si se lee el texto entero ya se ve que no es eso.

Pero además, expreso mi confianza en que escribir aporte algún valor añadido y, por más que parezca contradictorio, soy sincero si digo que quiero confiar en el ser humano, a pesar de todo.

Recuerdo una frase que no puedo precisar -pido disculpas- si era de François Mitterrand, si la citó referenciando quien la pronunció, o ninguna de las dos, que venía a decir -en relación a creer o no creer en Dios- lo siguiente: “Entre lo irracional (Dios existe) y lo absurdo (Dios no existe), me quedo con lo irracional”.

Bueno, entre “la irracionalidad” de confiar en la humanidad, en el ser humano y el absurdo de no confiar, opto también por “la irracionalidad”. Hay que tener confianza, lo que no debe impedir obviar la realidad.

El intento de adoptar la mejor actitud personal posible en el entorno inmediato, el que tienes al alcance, te permite ganar confianza a base de conocer en profundidad personas, o facetas de personas que, no olvidando nunca que el ser humano es imperfecto y pecador por naturaleza, las hacen creíbles e incluso se convierten en referentes. Insisto, no perdiendo de vista que somos humanos y no podemos hacerlo todo bien, siempre y en toda circunstancia.

Toca “picar piedra”, hacerlo con ilusión, contra viento y marea, y por más que a menudo sientas que la masa pedalea en dirección contraria e incluso te arrolla, la única respuesta posible es levantarse y volver a empezar. Y en mi caso, en este momento de la vida, mi acción es predominantemente individual y se dirige al entorno que tengo al alcance.

IMG_3219En definitiva, pienso que la tristeza a la que se aludía en un comentario -yo quizás hablaría más bien de melancolía agradable, positiva- es una emoción, no necesariamente negativa, que me ha conducido a aportar una visión -para mí realista- del mundo en que vivimos.

A la vez, este realismo me conduce a proponer a la persona que no veía claro el hecho de difundir este tipo de post en una red profesional como Linkedin, que las aportaciones humanistas son un complemento -que de hecho debería estar en la base del quehacer profesional- tan indispensable, que las mismas escuelas de negocios, eso sí, en formatos más adaptados a su objetivo docente, están incorporando.

A pesar de que no siempre el humanismo revierte la condición de “mala persona”, ayuda a mejorar. Y coincido con Gardner (y con Rozman), en que cuanto mejor sea el individuo, cuanto mejor persona sea, mejor profesional será.

Yo creo que todas las emociones que nos aproximan a la esencia de los humanos, incluso la tristeza, nos hacen mejores. También mejores profesionales. Por eso pienso que ya va bien hablarlo en sitios como Linkedin.

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6 comentarios sobre “¿POR QUÉ UNA MALA PERSONA NO PUEDE SER UN BUEN PROFESIONAL? O LA FICCIÓN DE SEPARAR LO PERSONAL DE LO PROFESIONAL

  1. Present dice:

    Estic d’acord amb l’article quan Gardner diu que: “… no assoleixes l’excel.lència sinò vas més enllà de satisfer el teu ego, ambició o avaricia…”

    El tema passa perquè no tots tenen el mateix parer o percepció d’ambició, avaricia o ego… !! I per cert, qui determina quí o no és Bon Professional… ???, Els clients, els subordinats, els jefes… ??

    Em convenç la justificació del perquè escrius sobre temes més humanistes al Linkedin, sí, efectivament, les persones SOM UNA formada de part humana/professional i les dues vessants ens fan el que som, però clar tot dependrà del que esperem d’aquesta xarxa: Feina, prestigi, posicionament… Ja ho vas dir “sóc el que sóc i qui vulgui llegir els mes posts els llegirà i els que no passaràn”… Si a tu et serveix per que et coneguem millor i escampar un xic de “bon rotllo” ENDAVANT.. necessitem més persones com tu llavors.

    Es cert que les humanitats ens fan més falta que mai, et diré que hi ha una tèndencia a parlar de conciliació, d’empreses que promouen valors, d’empreses amb “ànima”, d’empreses compromeses socialment, però deixem dir que hi ha molta “palla” i poc “contingut”, encara que sóc una persona optimista de mena i tinc la sensació que moltes organitzacions s’hi pujen a aquesta onada més humana i social.

    Escriuria molt sobre el post d’avui. Té suc. però el més important com sempre és DONAR PAS A L’ACCIÓ.

    Present

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies pel comentari Present. El temps posa les persones, com a tals i també com a professionals al lloc que els hi correspon. Modesta -i, això sí, subjectivament- crec que normalment he identificat els bons…I els bons acostumen a agradar a, gairebé, tothom.
      Pel que fa a la utilitat del bloc, a què pretenc, hi he dedicat almenys dos posts en aquests tres anys i mig llargs que fa que el vaig iniciar, a intentar explicar-ho.
      L’objectiu no és que em conegueu millor, tot i que a base d’escriure t’hi deixes trossos de tu mateix, és clar. Escriure obeeix a una necessitat vital i ho faig perquè em ve de gust. De fet incompleixo normes bàsiques per a generar lectors: els posts són llargs, els temes variats (la gent tendeix al que és curt i a buscar àmbits d’interès específics o especialitzats). Sí que crec, com deia, que és una forma de contribuir, d’aportar algun tipus de valor afegit.
      I pel que fa a la “molta palla i poc contingut”, de les empreses suposadament compromeses socialment, és el que tracto d’evidenciar quan parlo de visió realista del món, de la que es deriva un model empresarial, social, uns estils de vida amenaçadors per els humans i per el planeta. Evidentment hi ha empreses “amb ànima”, com hi ha bones persones.
      Però per tot el que explico en el post, la meva posició personal, és la que és i que ja explico i ara no cal repetir.
      Jo també tindria moltes més coses a dir. Tanco agraint-te de nou el comentari!

  2. MJ dice:

    Tal i com un dia et vaig dir quan vaig llegir el teu llibre, per un professional de la salut que va entrar dins d’aquest món teòricament per vocació, la crisi de valors a la qual feies referència va ser un cop de realitat que sacseja la meva continuitat dins d’un sector que s’agreja davant dels ulls de tothom i ningú hi posa remei.
    En els darrers 12 anys he pogut comprovar que, afortunadament, els millors professionals acostumen a tenir una coherència interna extrapolable a la seva relació amb el malalt. Espero que els bons professionals que queden, els que volen continuar, mai abandonin les pràctiques èticament correctes ni oblidin el leimotiv pel que un dia es van preparar: l’atenció a les persones.
    Tant de bo reflexionèssim més sovint com tu als teus posts.

    Una abraçada,

    MJ

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies pel comentari Marta. Els col.lectius, com a tals, en general, formen part d’un món que, -tornem-hi- en general, provoca la sensació d’estar habitat per uns humans que, de nou, en general, se’l volen carregar.

      Opino, que estiguis on estiguis, has de “deixar de banda el món”, la gent, la humanitat, i buscar el millor de tu mateix i dels que t’envolten en el teu radi d’acció. Millorar tant com puguis l’entorn immediat, encara que algun element pugui semblar que no ho posa fàcil.
      Decideix des de la pau i la tranquilitat, i…sort!!!

  3. Josep Maria,
    un cop més em sento absolutament identificat amb el que escrius, així que només puc parafrasejar el que dius per insistir en la seva importància.
    Certament som una unitat composta, però molt menys compartimentada del que s’havia cregut. Impossible doncs separar el que és personal i professional, físic i psíquic o, fins i tot, heretat i adquirit ara que ja podem parlar científicament de la plasticitat cerebral.
    Per altra banda, en el meu cas, considero l’acceptació de la tristesa i d’un cert pessimisme, com a base fonamental per construir de manera relativament optimista la meva perspectiva sobre la realitat. Un realisme optimista que fuig de l’autoengany, de les utopies, de l’excessivament predicada focalització en els aspectes positius…
    L’optimisme realista es fonamenta en la convicció constatada de no estar sol en el món intentant fer el bé. En saber que, col·lectivament som un desastre, però que existeixen moltes individualitats constructives que sumen. Però, finalment, quina importància té el nostre optimisme o pessimisme si la realitat actual i futura no depèn de la nostra perspectiva? Només tenim a l’abast la nostra existència personal, és amb l’únic que podem comptar. L’important, doncs, és fer el que creiem que hem de fer, perquè és el nostre camí cap a la felicitat, independentment de la seva eficàcia visible o del sentiment més o menys positiu o negatiu que experimentem. Tot i així, estic convençut de l’eficàcia del bé que fa cada persona, més enllà de veure el fruit de la llavor plantada, més enllà de la minúscula importància que pugui tenir una sóla individualitat en la complexitat i abast de l’esdevenir humà.

    1. josepmariavia dice:

      Guillermo. gràcies i felicitats! Has sintetitzat magníficament bé el gruix del que pretenc traslladar-vos amb el post. M’agrada el terme “optimisme realista”, que el vorejo però em sembla recordar que no el formulo com a tal.
      Sobre l’impacte global, universal, de les petites accions individuals anònimes (o no), tinc ganes d’escriure alguna cosa. Suposo que un dia d’aquests ho faré. Jo també estic convençut de la seva eficàcia.

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