AND1Llegué a El Tarter anteayer viernes 8 de abril al anochecer para cerrar la temporada de esquí. Hace 25 años que voy. Antes con la familia, ahora habitualmente solo.

Nevaba, a las ocho de la tarde la temperatura era de -2 grados y al día siguiente, sábado, cuando me levanté me pareció que debía haber estado nevando toda la noche. A aquella hora de la mañana el día era soleado. Los tejados de delante de casa estaban emblanquecidos. “Deben haber caído 2 o 3 centímetros de nieve”, pensé. Durante el invierno, que ha sido climáticamente tan extraño –tan extraño como este mundo globalizado que calienta el planeta-, hubiéramos deseado tener muchas nevadas como ésta.

El motivo de venir no era tanto esquiar, como reencontrarnos los amigos que esquiamos juntos para despedir la temporada. Aun y así hemos esquiado un poco. Yo no tanto. El día se ha tapado. Las nubes se sucedían escatimando mucho el disfrute del sol que muy poco hemos visto. No soy un gran esquiador y cuando la visibilidad no me permite ver el relieve… Cuando era más joven seguía esquiando. Ahora… En cualquier caso, hoy he desistido.

Miro el espacio de este microapartamento y recuerdo cuando hace años veníamos con los niños pequeños. Primero con uno. Desde 1994 con dos. Recuerdo que mis hijos aprendieron a esquiar, como aquel que dice, justo después de aprender a andar. ¡Evidentemente, imposible seguirles; no ahora, ya hace años! En primer lugar porque ya raramente esquiamos juntos. Pero las pocas veces que lo hacemos se pone en evidencia que saben infinitamente más que yo y también que tienen 30 y 35 años menos que yo, respectivamente.

Desde donde escribo veo las montañas nevadas. Ha vuelto a salir el sol y la nieve se está deshaciendo. Lo que por la mañana eran caramelos de hielo, a media tarde es agua que cae. El sol ilumina la estancia y si las nubes lo permiten, en un rato podré ver cómo se esconde detrás de las cimas nevadas que tengo delante.

Sólo se escucha el silencio. Este es un lugar magnífico para contemplar la majestuosidad de las montañas y escuchar el silencio. Desde aquí he visto muchas veces las puestas de sol. Y también todo tipo de nevadas. Ligeras y silenciosas y verdaderas tormentas de nieve, con fuerte viento rompedor del silencio, impulsando los copos en todas direcciones, de manera que el efecto es el de una cortina blanca que permite ver a través de ella, más o menos, el paisaje, según la intensidad de la nevada.

Desde aquí también he visto lluvias de primavera y tormentas de verano con fuerte aparato eléctrico y truenos estallando y haciendo resonar el eco por todo el valle.

Veinticinco años dan para mucho. Recuerdos de una época en la que el esquí era una actividad en familia. Celebraciones de cumpleaños. No menos de 10 o 11 de mi hijo pequeño, nacido un 27 de diciembre. Un par de los míos en verano, pero no en familia.

Entre 2007 y 2011 aproximadamente, seguí esquiando con mis hijos. Como decía, después ellos empezaron a hacer su vida y a esquiar con amigos y/o novias.

Confieso que fue un problema. Y ello teniendo en cuenta que -a pesar de que muchas actividades las hago con amigos y compañeros- lo cierto es que hace años que estoy acostumbrado a hacerlo solo casi todo. Pero esquiar es de las pocas cosas que apetecen menos en solitario. Lo hago a veces. Y como me gusta la sensación de disfrutar del paisaje -especialmente cuando los días son óptimos (sol, buena nieve, poco frío…)-, contemplar estas montañas, los árboles, el sol, ya sea esquiando o bien parando un rato en una cima, aquí o allá o desde los telesillas y, sobre todo, desde los -ya escasos- telearrastres, es una experiencia placentera. El silencio y la paz exteriores pacifican el “ruido interior”…

Afortunadamente hace 4 o 5 años descubrí que un amigo de una amiga común, era vecino y amigo de otros vecinos que conocía de vista pero nunca había tratado con ellos. Al final somos un grupo considerable que nos reunimos para esquiar y también, de vez en cuando, para comer y más a menudo para cenar en casa del alma del grupo. Una persona discreta y celosa de su intimidad y espacio personal, pero muy generoso y amable y que es feliz ofreciéndonos su casa para cenas y agradables sobremesas. Cenas preparadas por él mismo y otros cocineros y, -digamos la verdad- sobre todo, cocineras.

La llegada a casa después de esquiar es un momento agradable en el que las endorfinas hacen su efecto. Aquel cansancio sedante. Sacarse la ropa de esquí y ponerse cómodo. Música, alguna bebida caliente, siesta o no, contemplación pasiva del paisaje con la mente en blanco como la nieve, leer, escribir, trabajar… Muchas tardes preparando informes o incluso haciendo alguna reunión de trabajo por Skype… Ducha reparadora y tiempo para hacer más cosas. Y eso a pesar de que con los años la sensación de que el tiempo cada vez pasa más rápido es creciente.

Tiempo para pensar y también para recordar. Escenas y recuerdos de cuando los niños eran pequeños y teníamos que dosificar la duración de la ducha para que el cuarto y último miembro de la familia se pudiera duchar con agua caliente. Recuerdos de momentos de alegría y de felicidad. Es cierto que hay que vivir el presente. Que el pasado ya no existe. Que hay que estar en el ahora y el aquí. Pero la mente y el alma son libres, con independencia de las prácticas disponibles para educarlas. Afortunadamente, con el tiempo quedan los buenos recuerdos y se van borrando los no tan buenos.

Los pensamientos se encadenan y una cosa lleva a la otra, de manera que mientras escribo esto pienso en una persona a la que hace días intento convencer de que procure salir de un pasado de malos recuerdos -ciertamente durísimos algunos de ellos- y que se dé cuenta de que sólo existe el presente y que más vale disfrutarlo. Es alguien con pocos años menos que yo. Por tanto alguien que, como yo y los de nuestra edad -nos aproximamos a los 60-, con suerte y si la salud no nos juega ninguna mala pasada nos quedan… los años que sea… En cualquier caso muchos menos de los que hemos vivido, para seguir viviendo con una buena calidad de vida. Estar limitado por el recuerdo de malas experiencias y pretender que para poder vivir todo lo que se pueda vivir hay que esperar a superarlas… ¡Uffff!

La tarde va cayendo y refresca. Enciendo la chimenea. ¡9 de abril y enciendo la chimenea! Me viene a la mente un 24 de septiembre de hace muchos años. Nos visitaron mis padres, la única vez que vinieron. Nevó intensamente, nos quedamos sin luz -y por tanto sin calefacción- y la velada con velas y la chimenea encendida fue muy especial…

¡He hecho estiramientos y a fe de Dios que he notado que era necesario hacerlos! Ahora vendrá la ducha…

Antes abro un libro y leo:

Cuando miras un árbol y percibes su quietud, tú mismo te aquietas. Conectas con él a un nivel muy profundo. Te sientes unido a cualquier cosa que percibes en y a través de la quietud. Sentir tu unidad de ti mismo con todas las cosas es verdadero amor”.

O bien:

El equivalente del ruido externo es el ruido interno del pensamiento. El equivalente del silencio externo es la quietud interna.

Cuando quieras que haya silencio a tu alrededor, escúchalo. Esto significa que, simplemente, has de darte cuenta de él. Préstale atención. Escuchar el silencio despierta la dimensión de quietud dentro de ti, porque sólo la quietud te permite ser consciente del silencio”.

Me pongo el anorak, salgo al balcón y escucho el silencio… Miro los árboles verdes y blancos. Ahora la lectura me ha impulsado a hacerlo. Pero lo hago a menudo y experimento el silencio y la quietud. Como los vivo cuando me voy a dormir y apago la luz. La sensación es relajante: no se ve ni se oye nada. Se oye el silencio. Se ve la oscuridad…

Este no es sin embargo el libro que estoy leyendo estos días. Leo “Conversaciones con José Ignacio González Faus”, jesuita que he visitado en alguna ocasión en su casa: el Centro Borja de Sant Cugat, lugar que visitaba a menudo cuando era pequeño con mi padre, amigo como era de muchos jesuitas. Recuerdo que el edificio y los jardines, entonces alejados de un Sant Cugat pueblo, me imponían mucho. Hoy el Centro Borja está integrado en la ciudad en la que se ha convertido mi pueblo y el edificio está escondido detrás de ESADE Creapolis…

Reproduzco algún fragmento de este teólogo. Uno primero de cuando era joven, años 50. Explica que sufrió una crisis de Fe en el año 1958 (año en el que yo nací en Sant Cugat precisamente. Él nació en 1933 en Valencia):

Recuerdo que entonces yo me creía seriamente y me impactaba mucho aquello de Sartre: ‘El hombre es una pasión de divinidad, y como Dios no existe, es una pasión inútil’. También lo de Nietzsche, de la Gaya ciencia, la famosa parábola del loco y la idea de que, muerto Dios, no hay norte ni sur, ni este ni oeste, y que además todos los valores desaparecen y han de reconstruirse, y que todo está permitido. La frase de Dostoievski: ‘Si Dios no existe, todo está permitido’, hoy en día muchos la discuten; pero Nietzsche la aceptaba y Sartre la acepta también. Entonces surge de ahí un proyecto de intentar reconstruir valores desde la nada que ¿cómo los vas a construir? Esto era para mí un problema serio. Luego he podido encontrar otro texto de Nietzsche, en Zaratustra, que lo empalmo con la idea de Ignacio Ramonet del pensamiento único. Porque Nietzsche no solo dice que hay que ir al superhombre, sino que, si no llegamos al superhombre, acabaremos siendo los últimos hombres, que es lo que a mí me da miedo que nos está pasando hoy un poco. O sea, cuando en lugar del Dios de Jesús entra el dios Dinero (que es nuestro dios actual), pues parece que llegamos al pensamiento único”.

Añade: “En otros sitios ya he parodiado aquello de Nietzsche: “Cristianos no ha habido más que uno y ese murió en una cruz”, diciendo: “Ateo de veras no ha habido más que uno y ese murió en un psiquiátrico”.

Acabo con una última frase a propósito de las crisis: “Las crisis o se afrontan o pasan factura”.

Me viene a la mente Rajoy. ¡Pero vale para todos!

Normalmente, a esta hora de la tarde, en invierno, el sol ya hubiera desaparecido detrás de las montañas. Pero en esta primavera que parece el invierno que no notamos mucho, es una hora más temprano y ahora que, si fuera invierno sería una hora más tarde, el astro rey ya habría desaparecido.

Se ha acabado el esquí esta temporada. En dos horas largas nos encontraremos buena parte de los compañeros de nieve -uno de los ausentes, el mencionado alma del grupo, nos envía unas fotos de la playa para recordarnos que el invierno ha dado paso a una primavera que rápidamente se convertirá en verano. Nos encontraremos, decía, para despedir aquel invierno que ya nos ha dejado. Cenaremos en un restaurante que debe estar a unos 2.000 metros y no parece que la noche tenga que ser estrellada ni que la luna -que no sé en qué fase está-, si es suficientemente visible desde este planeta que nos estamos cargando, tenga que reflejarse en la nieve. Un espectáculo bonito que no parece que esté programado en los actos de despedida de este año. Parece, sin embargo, que entre pasajes de nubes habrá claros y tal vez podemos llegar a ver alguna estrella…

Como cada año, no faltarán las alusiones a que nos tenemos que ver en Barcelona, hacer alguna actividad de verano… ¡Lo de siempre! Y sobra decir que muy esporádicamente nos vemos fuera de la temporada, pero…

AND2Estos son los amigos del invierno y pasará aquello que nos pasaba cuando éramos pequeños con los amigos de veraneo o con los amores platónicos de las vacaciones de verano de adolescencia: ya no les veías hasta el año siguiente…

Entretanto la vida continúa y tenemos que estar contentos de haber podido compartir un año más, ratos agradables de ejercicio en la naturaleza, almuerzos y sobre todo cenas entrañables, alguna confidencia y tener la sensación de que en invierno, en el Pirineo, todos tenemos, los unos en los otros, una pequeña familia que nos hace la vida más amable y nos aporta emociones que nos gusta compartir.

¡Amigos, hasta el próximo año si el Dios de González Faus o el destino de Sartre o Nietzsche así lo quieren!

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4 comentarios sobre “ESCRITO LIVIANO PARA DESPEDIR EL INVIERNO (¿PERO QUÉ INVIERNO?!!!)

  1. Gràcies Josep Maria per compartir aquests moments i sensacions entranyables.

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies a tu i als que us interesseu pel contingut del bloc!

  2. Present dice:

    Bé, ai que aquest escrit lleuger desprèn certa melangia ??? Mira sigui com sigui ens fas una miqueta d’enveja… microapartament, paisatge idílic, amics, amics que cuinen per a tú, sobretaula, silenci….. No hi ha res millor !!! Ets afortunat. L’unic que em “grinyola” és reunió de treball per l’skype !!! El tema és si és perquè ja t’agrada i et ve de gust, o perquè has de solucionar un “marró”.

    Apa, a veure si finalment hi ha algú amb voluntat i feu la trobada d’estiu a ciutat.

    SALUT !!!
    Present

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies Present. Pensa que hi ha clients amb els que es pot treballar a distància amb els mitjans actuals i que la feina de consultor, no s’ajusta als laborables i festius convencionals. Et pot tocar haver de fer un informe en diumenge i un dijous estar més lliure…
      Melangia? Potser una mica…Però agradable, sana!

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