hqdefault[1]La tercera semana de julio termina y el bochorno no perdona. Hace ya muchos días que el calor se deja sentir de forma intensa. Yo diría que hace años que no pasaba tanto calor durante tantos días en Barcelona. Aunque es bien cierto que tengo mala memoria para este tipo de recuerdos meteorológicos.

Es domingo. Desayuno hojeando el periódico. En portada la lista unitaria encabezada por Raül Romeva y la victoria de Bartomeu en las elecciones del Barça. Podría decir muchas cosas en torno a cada una de estas noticias.

Ayer fui a votar al Camp Nou y el 27 de junio asistí a la asamblea de Òmnium Cultural en la que, en ruegos y preguntas, se debatió ampliamente la propuesta lanzada por el president Mas a la sociedad civil para alcanzar la lista única por la independencia.

Hoy me he cruzado unos mensajes de WhatsApp con alguien que fue titular de más de una consejería en los gobiernos tripartitos de Pasqual Maragall y de José Montilla. Persona a la que aprecio mucho y con la que hoy hemos discrepado cordialmente. Podría, por lo tanto, hablar de ambas noticias, incluso con cierto protagonismo. No lo haré. Quizás habrá otra ocasión para hacerlo.

Me he levantado con la conversación de ayer por la noche en la cabeza y con la sensación agradable de tener un domingo por delante para poder hacer un montón de cosas que debo y/o tengo ganas de hacer en casa. No he salido hasta la noche. He quedado para cenar con tres compañeras de la escuela Santa Isabel.

Comienzo el día leyendo dos frases que me llaman la atención. Una de Gramsci (lo cita Romeva), dice así: “El optimismo de la voluntad combate al pesimismo de la inteligencia”.

La otra referencia es de Stephen King. Dice que escribir es una manera de vomitar en el sentido de la necesidad vital de sacar, de “comunicar”, pero también “de aprenderte” (conocerte mejor a ti mismo), al margen de que te lean muchas, pocas o ninguna persona. De la necesidad de escribir, de la pasión por escribir, hablo, por lo menos en dos posts anteriores, en el del 26 de octubre de 2014 (A vueltas sobre el placer de escribir y otras cosas) y en el del 25 de febrero de 2014 (“Mi intención era escribir sobre la calidad democrática y el rol de las élites”).

Bueno, aparco la conversación de ayer por la noche. Lo que no tiene solución no la tiene…

No me concentro demasiado leyendo el periódico porque tengo en mente que debo escribir un e-mail que para mí es importante. De hecho, más que deber, quiero escribir este e-mail. Hay momentos en los que no sabes el porqué, algo en tu interior te pide hacer lo que dice Stephen King: “vomitar” lo que llevas en las entrañas del alma. Dicho de este modo puede parecer aquello que en castellano se denomina “sapos y culebras”. Pero no es este el caso. Hay veces en la vida que sientes que necesitas sacar de tu interior cosas que están muy incrustadas, que las has llevado tu solo, de las que no has hablado con nadie, que no te has atrevido ni a insinuarlas y que es bueno compartirlas. Y un buen día decides hacerlo. Y hoy lo haré.

Mientras escribo, disfruto de un regalo de mi hermana y su marido por el día de mi cumpleaños. De esto hace poco y todavía no había tenido tiempo de dedicarme y la verdad es que me he quedado maravillado por la calidad del sonido que emite el utensilio que me han regalado. Una cosa lleva a la otra y descubro un magnífico buscador de música que me apareció hace pocos días actualizando mi smartphone.

Por un momento rememoro aquella sensación mágica, indescriptible del día de Reyes cuando era pequeño. Abrías las cajas y descubrías qué sé yo…. Ahora me acuerdo del “Tiburón Citroën Payá”. ¡Cómo me gustó aquel coche! Recuerdo que funcionaba con un mando en la mano, unido al coche por un cable y conmigo andando detrás. Y ahora… Ahora el Wi-Fi y el Bluetooth me permiten sin cables buscar las canciones que quiero y escucharlas en este altavoz.

Pero lo que realmente me hizo evocar la magia de los días de Reyes fue encontrar dos canciones de mi adolescencia que hacía tiempo que buscaba, de las que no sabía ni el nombre de la canción, ni el autor y/o cantante.

De la primera empecé a recordar la letra y pensé que podría llamarse “Un belle histoire”. Y sí. Encontré la versión de Michel Fugain que buscaba.

De la segunda recordaba varias estrofas e intenté escribir una que dice: “Moi j’attendais la récré pour aller au café, boire un chocolat et puis t’embrasser…”. Y me apareció “Michèle” de Gérard Lenorman.

lote_87471_5[1]Especialmente esta segunda, hacía ya muchos años que no la escuchaba. Desde que iba a la escuela, creo. Pero poder escuchar las dos y autotransportarme a las sensaciones que me provocaban cuando era adolescente, así de forma imprevista, sin que pudiera imaginar de ninguna forma que durante el día terminaría disfrutando de este regalo; ¡esto me ha provocado la emoción evocadora del descubrimiento de los juguetes cualquier 6 de enero de los años 60!

Las dos canciones coinciden en sublimar las sensaciones amorosas de dos adolescentes. Historias que, como todo en la vida, empiezan y se acaban. Pero que se producen en aquel momento de locura que es la adolescencia, en el que la intensidad de las pasiones se combina con la inocencia de un momento en el que, con un poco de suerte, todavía han pasado pocos años para que la vida te muestre su cara más cruel.

Las historias comienzan (“Michèle”)
“Tu avais à peine quinze ans/Tes cheveux portaient des rubans/Tu habitáis tout près/ Du Grand Palais/Je t’appelais le matin/ Et ensemble on prenait le train/ Pour aller, au lycée. Michèle assis près de toi/ Moi j’attendais la récré/ Pour aller au café/Boire un chocolat et puis t’embrasser”.

O bien (“Une belle histoire”)

“C’est un beau roman, c’est une belle histoire/ C’est une romance d’aujourd’hui/Il rentrait chez lui, là-haut vers le brouillard/Elle descendait dans le midi, le midi/Ils se sont trouvés au bord du chemin./Sur l’autoroute des vacances/C’était sans doute un jour de chance/Ils avaient le ciel à portée de main/Un cadeau de la Providence/Alors pourquoi penser au lendemain”.

Avanzan (“Michèle”)…

“Un jour tu as eu dix-sept ans/Tes cheveux volaient dans le vent/Et souvent tu chantais :Oh ! Yesterday !/Les jeudis après-midi/On allait au cinéma gris/Voir les films, de Marilyn/Michèle, un soir en décembre/La neige tombait sur les toits/Nous étions toi et moi/Endormis ensemble/Pour la première fois”.

Y… (“Une belle histoire”)
“Ils se sont cachés dans un grand champ de blé/Se laissant porter par les courants/Se sont racontés leur vies qui commençaient/Ils n’étaient encore que des enfants, des enfants/Qui s’étaient trouvés au bord du chemin/Sur l’autoroute des vacances/C’était sans doute un jour de chance/Qui cueillirent le ciel au creux de leurs mains/Comme on cueille la Providence/Refusant de penser au lendemain”.

Y  decaen (“Michèle”)
“Le temps a passé doucement/Et déchu le Prince Charmant/Qui t’offrait des voyages/Dans ses nuages/On m’a dit que tu t’es mariée/En avril au printemps dernier/Que tu vis, à Paris/Michèle, c’est bien loin tout ça/Les rues, les cafés joyeux/Mêmes les trains de banlieue/Se moquent de toi, se moquent de moi/Se moquent de moi!”.

O bien (“Une belle histoire”)

“C’est un beau roman, c’est une belle histoire/C’est une romance d’aujourd’hui/Il rentrait chez lui, là-haut vers le brouillard/Elle descendait dans le midi, le midi/Ils se sont quittés au bord du matin/Sur l’autoroute des vacances/C’était fini le jour de chance/Ils reprirent alors chacun leur chemin/Saluèrent la providence en se faisant un signe de la main…”.

Un día un compañero de escuela me explicó que los Reyes eran los padres. ¡No me lo podía creer! ¡Me enfadé! Pero… ¡al final, tenía razón!

Pero no pasa nada ¡Nooo! ¡De ninguna forma! Recordad: “El optimismo de la voluntad combate al pesimismo de la inteligencia”. La ilusión nos ayuda a vivir.

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Un comentario sobre “LA HISTORIA DE MICHÈLE, UNA BELLA HISTORIA

  1. Josep Maria,

    Comparteixo, com molts membres la nostra generació, aquesta sensació, mig excitació mig nostàlgia, recordant les cançons esmentades. En el meu cas, la lletra en francès els hi dona un valor particular.
    El psiquisme humà globalment, i no únicament la voluntat, està fet per difuminar l’excés d’objectivitat que ens enfonsaria en el pessimisme esmentat per Gramsci. Perquè aixecar-nos si sabem que tornarem a caure? No pensem en això la major part de vegades, aspirem a caminar, a anar el més lluny possible, … No hi hauria història ni progrés humà sense aquesta “il•lusió” (en tots els sentits del terme!!!). I quan la foscor encara ens envaeix profundament, alguns ens recorden : “no hay mal que cien años dure” però …. què interminables es fan de vegades fins i tot unes quantes setmanes dolentes!

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