IMG_1328 (1)Mi hijo y yo hicimos escala en la península Arábiga, donde África va convirtiéndose en Asia, o viceversa. A la una de la madrugada hora local, la temperatura era de 36 grados centígrados. El viento soplaba fuerte y la sensación era la de estar sometido a un inmenso ventilador de aire caliente.

Mi hijo me comentó:

-¡Qué Lástima que toda la riqueza que sacan del petróleo sólo la malgasten en lujo!

Me hizo pensar en la magnífica encíclica del Papa Francisco «Laudato SI» (en recuerdo de San Francisco de Asís), advirtiendo de la urgencia de cuidar el Planeta Tierra si queremos que nos dure y correlacionando la degradación ambiental con la degradación humana. Por el lugar donde nos encontrábamos  pienso en la relación que Francisco establece entre el cambio climático y el calentamiento global, potenciados especialmente “por el patrón de desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles, que afecta al corazón del sistema energético mundial”.

Abro paréntesis para mencionar que he comentado a cinco personas que he leído la encíclica mencionada del Papa Francisco. Tres me han expresado, de una manera u otra, su sorpresa. No les debe cuadrar que yo me dedique a las lecturas vaticanas. Y de hecho no es la primera vez que lo hago. La última fue un trabajo extraordinario sobre el new age. Los dos restantes, no me han dicho nada. Son buenos amigos, creyentes y practicantes, que me conocen bien. Me habrán oído decir lo que también he escrito más de una vez en este blog: me considero un creyente descreído que lucha por creer más. De todas formas, éste no es el tema.

Esta producción del Papa Francisco me ha fascinado. ¡¡¡Se han sorprendido!!! En cualquier caso, opino que se trata de una lectura recomendable con independencia de las creencias y posicionamientos para con la religión y la Iglesia.

Cierro paréntesis y vuelvo al episodio arábigo. Esto ocurría mientras mi hijo y yo estábamos a punto de embarcar con destino a una isla asiática, donde nos reunimos con mi otro hijo y su novia, que venían de una península también asiática. Pasamos unos días muy agradables. Lo mejor, estar juntos en vacaciones. Sin minusvalorar los templos budistas, los palacios, la historia, la vegetación tropical, cobras y animales salvajes incluidos, el colectivo humano y la furia del Océano Índico que, precisamente en uno de los lugares más afectados de la isla por el tsunami de 2004, impidió prácticamente que nos pudiésemos bañar. ¡Buen recuerdo de familia!

La segunda parte de las vacaciones, por ahora en solitario, ocurre en una isla completamente diferente, con el objetivo de leer, escribir, hacer deporte y disfrutar del mar y de los paisajes salvajes que la caracterizan y que tanto me gustan. La temperatura es ideal y no tengo la sensación de multitud que tienes en verano en la costa de nuestro país. Hoy mismo he hecho un par de horas de bici y solo me he cruzado con tres coches y dos ciclistas.

Estoy en una casa pequeña y bonita, en medio de la nada, lejos de cualquier vecino. Veo paisajes desérticos, volcánicos y tiernamente ásperos. Sólo se escucha el ruido del viento y de las hojas que éste mueve en los árboles que las tienen. Muchos árboles y plantas no tienen hojas potencialmente ruidosas. ¡Soy un desastre para los nombres de la flora! Para mí son cactus y similares y plantas que me recuerdan a los jardines japoneses que, en este caso, llaman la atención en medio de la superficie volcánica. El contraste de verdes y amarillos y rojos de algunas flores, con la tierra negra, es precioso.

Hay playas con poca gente. En alguna no he encontrado a nadie. El ruido de las olas y el viento, más que un dúo, conformaban como una orquesta sinfónica. ¡La sensación de paz y tranquilidad puede llegar a ser estremecedora! Si deseáis experimentar la soledad agradable, que es la soledad querida, y disfrutar de la fuerza de la naturaleza, os puedo dar referencias.

Pocas noches he visto mucho rato seguido el cielo completamente estrellado. Las nubes no paran de correr impulsadas ​​por el viento. Si quieres estar un rato en el exterior debes abrigarte un poco.

La casita, de paredes gruesas, techo plano con claraboyas que dejan pasar la luz a través y muebles antiguos, está bien integrada en el paisaje. Concuerda con lo que he descrito. Parece que haga siglos que nadie la haya habitado… Las puertas y las ventanas no ajustan bien, y el polvo y la hojarasca seca impulsados -una vez más- por el viento, llegan al interior. También algunos insectos. Un lugar ideal para leer y escribir. Y seguramente para hacer muchas otras cosas. Pero estas dos son las que más me apetece practicar estos días. Imaginar historias y escribir…

Internet y el teléfono me permiten mantener contacto con el mundo. La TV también. Pero no la miro nunca. Bueno, a decir verdad, veo solo los partidos del Barça y otros de buen fútbol. Pero hoy no es un buen día para hablar de eso. ¡Ayer el Barça no practicó precisamente buen fútbol!

El comentario me hace volver a la encíclica del Papa Francisco (por cierto, en versión terrenal, gran aficionado al fútbol).

…
“(…) Las dinámicas de los medios del mundo digital (…) cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad. Los grandes sabios del pasado, en este contexto, correrían el riesgo de apagar su sabiduría en medio del ruido dispersivo de la información.

(…) La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental. Al mismo tiempo, tienden a reemplazarse las relaciones reales con los demás, con todos los desafíos que implican, por un tipo de comunicación mediada por Internet (…), y así suele generarse un nuevo tipo de emociones artificiales, que tienen que ver más con dispositivos y pantallas que con las persones y la naturaleza (…). Por eso no debería llamar la atención que, junto con la abrumadora oferta de estos productos, se desarrolle una profunda y melancólica insatisfacción en las relaciones interpersonales, o un dañino aislamiento”.

Menos Internet y menos WhatsApp y más intercambio en persona. ¡Definitivamente, sí!

¿Qué impulsó a aquel hombre a contactar con una mujer que hacía más de treinta años que no veía? El hecho de ir a vivir a la misma ciudad que vivía ella tuvo que ver. La proximidad en el espacio acercó el recuerdo en el tiempo. Y la llamó… Sorpresa agradable, puesta al día de las respectivas vidas. Pero pasaron 5 o 6 años más hasta que volvieron a entrar en contacto.

Comunicación entre un hombre solo y una mujer que desde hace un par de años está más sola… ¿Una conversación entre egoístas? Quizás. O si queréis de valiente a valiente. Del que piensa que es mejor estar solo que mal acompañado a… no sabe qué piensa ella. Lo comentan. Coinciden en que los valientes tienen miedo. Pero lo superan o al menos tratan de convivir con él.

– ¡Qué sorpresa después de más de 30 años! ¡Ostras, estás igual! ¿Tú me hubieras reconocido?

– !Por supuesto que te hubiera reconocido!

– Hace 5 o 6 años, hablamos por teléfono. Pero no fue posible encontrarnos.

– Era un momento difícil y tenía que estar por lo que tenía que estar.

– Sí, lo entendí. Nos hemos hecho mayores. ¡Ya tienes nietos! Los amigos empiezan a tener nietos…

No es fácil conectar explícitamente después de 30 años. Tanteas, no sabes muy bien qué terreno pisas. Con quien hablas. Eso es, ¿con quién estás hablando, de hecho? Quizás con alguien que no conoces y con quien intercambias un recuerdo de hace treinta años.

Él, sin embargo la encontró tan atractiva como siempre. Y tenía en la cabeza aquellas fiestas en las que la mayoría eran mayores. Con los años las diferencias de edad se acortan. Pero entonces él terminaba los estudios y en ese grupo había profesores suyos. Con mucha más experiencia. Y esto le impresionaba y lo alejaba de ella…

Muchos recuerdos, pero especialmente uno que sin mencionarlo explícitamente aparece en la conversación.

-Siempre te encontré muy atractiva. Incluso antes de que nos conociéramos ya me había fijado en ti. Eras muy interesante y decidida. Eras de los del mayo del 68 y eso me hacía mucha gracia. No me identifico con el protagonista de «Últimas Tardes con Teresa». Pero a ti te veía como la Teresa de la novela de Marsé, jajaja.

-¡Qué cara! !Y tú eras un crío repelente y conservador!

-Ya sabes que te lo digo con cariño y ternura, pero me dabas el perfil de los «niños de papá» que jugaban a hacer la revolución con grupos obreros y sindicalistas en la clandestinidad. Pero tu personalidad me fascinaba… Nunca supe qué pensabas en realidad de mí y eso me intrigaba. Quizás preferí ni pensarlo por miedo, ya que alguna aproximación tuya me pareció bastante explícita. ¿Recuerdas aquella fiesta?… Me hiciste subir a esa habitación y… al final de la noche, hacía fresco y tapados bajo aquella manta…¡ Tú seguías casada, pero ya mantenías otra relación y yo por allí en medio! ¡¡¡De hecho allí estábamos todos!!! Ahora lo sé. ¡Pero ese día ni podía imaginar lo que estabas viviendo!

-Uff… Calla, calla.

-Pero me decía a mí mismo: «No puede ser, no puede ser. Me confundo”. Y quizás no me confundía. Tenía mucho miedo.

Tú estabas casada con… lo otro yo no lo sabía.

-Sí… Confusión, sentimientos confrontados… Yo creo que había una atracción que nunca se pudo manifestar… Tú no estabas casado, pero tenías novia, por cierto.

-Sí. Y me terminé casando con aquella novia. Es cierto que tú y yo nunca pudimos tener grandes espacios. O quizás tuvimos miedo de crearlos. Siempre he tenido muchos miedos. Y ahora descubro, porque me lo dices, que tú también. Nunca lo hubiera dicho. ¡Te lo juro!

-Pues sí. Yo también he tenido y tengo todavía muchos miedos. Pero en ese momento, aparte de los miedos, tu miedo y el mío, había… había muchas barreras. Las tuyas y las mías. Los miedos actúan de barrera. Pero sobre todo estaba la barrera que suponía todos los que nos rodeaban… Estábamos marcadísimos. Todo era muy complicado.

-Tienes razón. Había muchísimas barreras. A mí me frustró mucho. La atracción llegó a ser punzante pero… Ostras. ¡¡¡Mierda de entorno!!!

¡¡¡Y luego, de golpe, tanto tú como yo hicimos cambios importantes en nuestras vidas, desaparecimos de ese espacio común -de hecho quizá se deshizo el grupo por todo lo que ocurrió- y el caso es que no nos vimos nunca más!!! No estoy seguro de si fuimos a tomar un café para destensar la situación y constatar que todo aquello no podía ser… No estoy seguro. Quizás son imaginaciones mías o con los años personas y situaciones se cruzan y provocan confusiones.

IMG_1733Bueno, al menos nos hemos reencontrado y me hace ilusión…

-Si… Tú siempre has ido muy a tu rollo y además no te implicabas. Guardabas una gran distancia de… ¿seguridad? Yo también soy muy celosa de mi espacio. Me resguardo de los sentimientos. No quiero compromisos. No quiero depender de nadie…

-Bueno, pues… ¡¡¡Tal vez las barreras continúen estando puestas como hace 30 años!!! Sin embargo, como decíamos, es normal que cueste reconectar. Son muchos años. Y somos como somos. Yo ya hace tiempo que dejo que las cosas vayan por donde tengan que ir…

Hoy hace un sol brillante que reflejado en la nieve provoca una luz maravillosa. Por la noche el cielo será un mar de estrellas. Las miraré y pensaré en la conversación. De hecho desde que la hemos tenido la tengo muy presente. Y por más que digas que la vida es lineal, yo siento que da muchas vueltas. ¿Y si me quedo en estas montañas para siempre y no regreso nunca más?

No sé cómo sería la montaña del personaje de la conversación. Sí puedo decir que esta isla en la que me encuentro es preciosa. Ya lo he dicho, ¿verdad? Paz y tranquilidad. Más allá de las conversaciones telefónicas, no he hablado con nadie de aquí (¡el Papa Francisco me reñiría!).

La vida da vueltas. Nos sorprende…

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