“Habría que generar en los hombres el desprecio del oro y de la seda, como cosas vanas e inútiles; y nosotros les aumentamos el honor y el precio, que es una manera poco acertada para que los hombres se aparten”

Michel Montaigne (1553-1592)

M0275_01¿Que contribuye a hacer más humana la humanidad?

Hace tiempo que evito sacar el tema sobre si pesan más las ventajas o los inconvenientes de la digitalización creciente de la vida cotidiana. Seguro que hay opiniones para todos los gustos y que la respuesta no es blanco o negro. Yo ya adelanto que, reconociéndome usuario de alguna red social y de la comunicación vehiculada por Internet (este blog es un ejemplo), me preocupa claramente un aspecto de estas tecnologías: que la vida digital pueda acabar sustituyendo “la vida”.

En la red hay conocimiento. Y hasta nutrientes para la sabiduría. Pero en un mundo gobernado por el consumismo, tengo la sensación de que se utiliza fundamentalmente para el consumo de información. Información, información y más información. Información fungible, volátil. Consumo rápido, avidez. La novedad, la última noticia sustituye a la información de hace unos segundos. No hay tiempo para pensar, para reflexionar, para confrontarse con uno mismo. Antes la radio y la TV ya servían para “distraerse” y no tener que concentrarse en nada esencial, ni personal, ni sobre el mundo y la comunicación rica y generosa con los demás. Ahora ya…

Incluso la forma de amar se ha visto alterada por estas tecnologías. La relación interpersonal -si se le puede llamar así- adquiere unas características, según cómo, poco humanas que a la vez contribuyen al aislamiento. La avalancha de información y de estímulos lanzados a altísima velocidad, dificultan, asimismo, la reflexión y la relación profunda, el tiempo para amar y evidentemente, quitan espacio para el conocimiento y en la medida de que no hay reflexión ni diálogo de calidad, alejan de la sabiduría.

La sociedad de la información “clonifica” el colectivo humano inundándolo de mensajes y datos, sin tiempo para el análisis, hasta obnubilar y perturbar la psique y el alma de las personas.

Todo el mundo quiere saberlo todo, tener información de todo. No importa si no se tiene la capacidad mínima y/o el tiempo de interpretarla. La manera en que la mayor parte de políticos interpretan el concepto de “transparencia” y la valoración sesgada que hacen, tiene que ver con este círculo infernal.

Yo político en la oposición, para justificarme ante los que me han votado, debo poner en evidencia al Gobierno. Solución: forzar la máquina de pedir información hasta el infinito, sin tener el tiempo o la capacidad de interpretarla adecuadamente y hacer un uso racional de la misma. O peor, un uso noble. Los políticos que gobiernan, por su parte, saben que una manera de ahogar a la oposición es inundarla de datos complejos en formatos incomprensibles dado el nivel de formación -o el tiempo disponible- de la mayoría de políticos. Lo que pasa con los medios no es muy diferente.

Un paquete de datos puede ser perfectamente un alud de información ininteligible por falta de elaboración. Si a esto le añadimos falta de pericia técnica para interpretarla -y no digamos ya mala fe en el uso de la información-, los errores o las conclusiones malintencionadas que a menudo leemos o escuchamos, pueden hacer sonrojar a quien tenga formación y conocimiento sobre el tema específico del que se trate.

No hace falta que nadie ponga en práctica lo que estoy diciendo y concluya que cuestiono la exigencia de transparencia. De ninguna manera. La falta de transparencia es indefendible. Pero cuidado con la transparencia malentendida, que aparte de no respetar el derecho a la intimidad y a la vida privada, cuando no a la dignidad de las personas, puede acelerar un ciclo infernal tendente a la robotización y deshumanización de las mismas.

Pasamos de la información al conocimiento experto. El utilitarismo provoca que sólo se valore la experiencia capaz de producir ganancias inmediatas o beneficios prácticos. Los modelos actuales -y obsoletos- de producción y de consumo, derivados del desarrollo tecnológico al servicio del crecimiento económico, ignoran la esencia humana. Este círculo sólo se puede mantener estimulando el consumo y el consumismo (el oro y la seda de Montaigne), hasta la pérdida del sentido ético, social y de la propia capacidad del planeta que no es infinita.

Se trata de formar especialistas en materias dichas aplicadas y aplicables. Profesionales (según cómo) brillantes, conocedores magistrales de su campo de especialización, programados para estar al servicio del modelo de desarrollo predominante. Aquí no hay tiempo que perder en “preocupaciones”. Según cómo ni tiempo para seguir la información instantánea que no esté directamente relacionada con el propio dominio de experiencia.

No es una casualidad que desde hace unas décadas y cada vez más, las disciplinas humanísticas se consideren inútiles, se marginen en los programas escolares, en los presupuestos públicos (como ha vuelto a pasar no hace mucho en nuestro entorno gracias al ex-ministro Wert), así como en las entidades privadas y fundaciones. ¿Para qué gastar dinero en un ámbito que no produce beneficios, destinarlo a saberes que no se traducen en un rendimiento económico rápido y palpable?

Lo cierto es que sólo la sabiduría que proporcionan la filosofía, las humanidades, la espiritualidad (la fe en el caso de los creyentes), puede permitir reorientar y limitar la idea del poder humano infinito, inherente al paradigma económico, productivo y de consumo de nuestro mundo. No será fácil, pero no hay alternativa para que el bien común sea algo más que un concepto vacío y el desarrollo humano sea real, integral y sostenible. Lo contrario sólo contribuirá al deterioro de la sociedad y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad.

Decía Pierre Hadot que el papel de la filosofía es el de revelar a los hombres la utilidad de lo inútil. De lo que parece inútil diría yo. O, si se quiere, de enseñarles a distinguir entre dos sentidos de la palabra “útil”. Cuando se dice que ser informático, economista o ingeniero es útil, a menudo se piensa en dicho paradigma tecnológico y económico. Ahora bien, si se trata de cultivar el espíritu y el desarrollo cívico y cultural de la humanidad, útil es todo lo que nos ayuda a ser mejores personas.

Dicho así, alguien puede pensar que la reflexión filosófica sobre la situación de la humanidad, además de ser un concepto abstracto e inútil, es repetitivo y anticuado. Se trata, no hace falta decirlo, de actualizarla, de confrontarla con la realidad del homo economicus.

Volviendo a la información y a la experiencia, está claro que cuando incorporamos todo lo que nos aproxima a la sabiduría, no hablamos de ámbitos mutuamente excluyentes. Se puede ser por ejemplo médico -y no hay que recurrir al médico humanista, que los hay, podemos pensar en el médico científico-, trabajar en genética y terapias individualizadas sofisticadas y no perder la esencia de la naturaleza humana. Y al mismo tiempo se puede estar conectado al mundo de la información digital hiperacelerada, sin perder la conciencia de “quién soy yo en realidad” o al menos la capacidad de preguntárselo. El problema es cuando no se va más allá del conocimiento y/o del consumismo de paquetes de información.

Os invito a releer el post de 31 de julio de 2014 “Escrito -aparente o realmente- caótico“. Citando a Martha Nussbaum exponía el hecho de que los países donde la riqueza se mide fundamentalmente por el crecimiento del PIB -ignorando la redistribución y la equidad, y olvidando cuáles son las condiciones básicas para una democracia estable-, suelen tener sistemas educativos centrados en el fomento de habilidades útiles y altamente aplicables, capaces de generar ganancias a corto plazo. Se prioriza la formación instrumental descartando, irresponsablemente, el fomento de aptitudes básicas para la convivencia, el equilibrio y la propia democracia, ligado a las humanidades y al fomento del espíritu crítico, totalmente ausente en el formato destinado a educar “robots clónicos especializados”.

Ya me he referido en otras ocasiones a que compartir este tipo de reflexiones, no tiene nada que ver con aleccionar. Ni inducir la idea de que quien escribe alcanza tanto como quisiera estos objetivos. No es eso. ¡Ya me gustaría!

Lo digo antes de señalar algo que me parece fundamental para estar en condiciones de contribuir a la reorientación reclamada: la necesidad de estar en paz con uno mismo para poder desarrollar cierta sobriedad y humildad. Virtudes indispensables para no tener como objetivo vital el consumo irracional que “idiotiza” (incluido el consumo irracional de información) y para tomar conciencia de que una sociedad dominada por el hommo economicus, termina transformando el mundo en el que vivimos todos en un lugar peligroso e inhumano. Un medio en el que la obsesión por acumular dinero y poder con la ayuda de la tecnología y los avances científicos provoca el espejismo, la creencia, de que se puede dominar el mundo, cuando el peligro es de deshumanizar la especie y poner en riesgo el propio planeta. A todos los que lo habitamos.

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4 comentarios sobre “INFORMACIÓN, CONOCIMIENTO EXPERTO, SABIDURIA

  1. ROSANA dice:

    És ben cert que és necessària una reorientació en molts àmbits de la nostra formació i actuació com a persones. Totalment d’acord.
    Del que em dono compte quan llegeixo els teus escrits és de que també necessitem gent que, com tu, expressin aquests pensaments. Moltes gràcies.

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies Rosana!!

  2. Josep Maria,
    Un cop més, felicitats! He gaudit llegint-te. No, evidentment, pel plaer de repassar problemes de difícil solució, sinó per la coincidència de perspectiva. A més, parles de temes cabdals en l’actualitat: tecnologia, transparència política, consumisme, economia, ecologia … Però no oblides qüestions menys actuals que podrien ser factors equilibrants de les derives assenyalades: evitar la marginació de les humanitats abandonant l’objectiu estrictament “productiu” de l’ensenyament, lligat a això fomentar l’esperit crític per analitzar i destriar la informació, i aquest “plus” de l’ésser humà tan descuidat, anomenem-li saviesa, consciència o espiritualitat: “ la consciència de “qui sóc jo en realitat” o almenys la capacitat de preguntar-s’ho”, una “inutilitat” que podria esdevenir increïblement útil en els nostres temps.

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies pel comentari Guillermo. Es tracta de reflexions escrites. De nou sento la necessitat de deixar clar que el fet d’escriure no pressuposa que un aconsegueixi assolir el que propugna¡¡¡ Sempre tinc recança que ningú pensi que es pretén alliçonar…Simplement compartir reflexions per intentar millorar tots.

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