LA VIDA ALS ANYS 90

-Hace dos horas que estamos hablando y no parece interesarte mucho lo que te cuento de mi trabajo. Para mí es importante y tú fuiste todo un referente. No sé… esperaba que me dijeras algo más. ¿Quizás me he generado demasiadas expectativas? ¿Quizás pido demasiado?

-¿Sabes? Me siento reflejado en ti. A medida que he ido envejeciendo he procurado vivir menos centrado en mí mismo, intentar ser más empático. Ponerme en la piel de los demás. ¡Antes ni me lo planteaba! Ni me daba cuenta de que vivía como si los demás no estuvieran…

-¡Ya tienes mucho ganado, entonces, si al menos eres consciente! No te negaré, sin embargo, que estoy incómoda: ¿te ha interesado mínimamente algo de lo que te he explicado? ¿O simplemente tengo que estar contenta de que al menos te des cuenta de que estoy aquí? ¿Entro en el radio de tu nueva empatía?

-¡Siempre me ha hecho gracia eso de que “si eres consciente de tener un problema ya tienes mucho ganado”! Siempre he sido consciente de tener bastantes problemas, muchas cosas a mejorar, ¿por qué no decirlo claro? Defectos y… No digo que no sea importante, ¿eh? Pero pocas cosas he arreglado por el simple hecho de ser consciente de que sería bueno intentarlo. A efectos prácticos, no veo mucha diferencia entre tener o no tener conciencia de un problema. Según cómo peor, porque si no lo consigues, te sientes peor todavía. Ya sabes…“ojos que no ven”

-¿Entonces qué? ¿No me dirás nada?

-Estoy aquí, te he escuchado y… Algunas veces siento como si “mis ojos” fueran como rayos X capaces de penetrar dentro del conjunto formado por lo que me explican y cómo me lo explican y por lo que no me explican. ¡Eh! Muchas veces me he equivocado mucho, ¿eh? No sé, de verdad que te he escuchado muy atentamente. En cambio, no sé si me estás escuchando…

-¡Claro que te estoy escuchando! Francamente, no me parece tan difícil. Tú viviste lo que yo estoy viviendo ahora. ¿De verdad que no tienes nada que decirme que me pueda ayudar?

-Las cosas nunca son iguales. Supongo que podría decir muchas cosas, pero de poco serviría y según cómo, aún te molestarías. Lo creas o no, te miro y me veo a mí mismo con 30 años menos. Y… de entrada, aquel personaje que era yo, ya no existe. Poco tiene que ver con este que tienes sentado delante. Y no me refiero a las canas, al colesterol y a otras cosas que no es necesario detallar… Ni la situación es muy comparable: todo lo que hicimos nosotros ha sido cuidadosa y obsesivamente destrozado por… por dejadez primero y por un tipo de fanatismo muy primario y poco reflexivo a continuación.

-La verdad es que me ha parecido que me escuchabas. Sí, lo reconozco. Incluso me he sentido muy observada e incluso un poco incómoda. ¡Deben ser estos “rayos X” que dices que tienes!

-Sí, sí. Te he escuchado atentamente. Me pareces muy inteligente. Demasiado en un cierto sentido y quizás carente de determinada sensibilidad… Lástima que no hayas tenido suficiente con desahogarte. No debe ser tan grave. La gente que realmente siente que tiene un problema, compartiéndolo ya se siente aliviada. Como decía, no lo resuelves, pero quitas presión. ¿No será que buscas algo más? Reconocimiento, quizás no incondicional, pero…

-¿Reconocimiento? ¿Falta de sensibilidad…? ¿Qué quieres decir?

-¡¡¡Ves, ya te has picado, (jajaja)!!!

-No, no es que me haya picado. Pero claro. Si no me tienes que decir nada más. Muy bien. Inteligente, pero carente de sensibilidad… ¡Pues vaya!

-Mira, sé que hay gente que se ha dedicado a estudiar -también te tengo que decir que no sé si con mucho rigor o poco- los diferentes tipos de inteligencia. Aparte de lo emocional, que si la numérica, la no sé qué. No sé. No me lo sé. Pero sí te puedo decir que hay un tipo de inteligencia que puede ser muy nociva en la medida que ataca a los sentimientos, cuando no los ahoga, y prima la racionalidad, la frialdad y la falta de empatía hacia los demás. Que hace daño a los demás y a ti mismo.

-Pero no es incompatible sentir y ser inteligente, ¿no?

-Mira, ¿sabes aquello de que “sólo sé que no sé nada”? Pues cada día lo tengo más claro. A mí me tocó tener mucha responsabilidad -quizás demasiada- siendo muy joven. Y supongo que como decían y aún dicen algunos debía ser “muy bueno” en mi trabajo. ¡Si no no entiendo cómo me aguantaban! A menudo era descarado e insolente. También es verdad que defendía a muerte a mi gente -bueno, a los que consideraba válidos, esta es otra- y que de los que me conocieron en aquella época, que quisiera olvidar y ahora tú me recuerdas, al final casi todos -incluso los más “anti”- me acabaron respetando. Respetaban lo que veían. Es decir, el personaje. La persona se mostraba poco.

-Hicisteis buen trabajo y no sé por qué ahora, creo que no nos apañamos tan bien… ¿Sabes? Yo, a pesar de haber coincidido contigo en el hospital en el tiempo, no te conocía. Tú estabas “allá arriba”. Empecé a ver que te ponían “a parir” en público y a fijarme en los personajes que lo movían, y me interesé por lo que habíais hecho. Por lo que habías hecho. Pensé aquello de “¿ladran? Luego debían cabalgar”. Y me di cuenta de que sí que cabalgabais. Que todo aquello fue importante y que no se habla de ello. Y si se habla es para practicar la crítica fácil o interesada o para negar soluciones y propuestas, para mí útiles, a base de descalificar a los que las construisteis. Claro, a partir de esta percepción creía que algo me podrías decir.

-Pues mira, no te diré aquella tontería de “si pudiera volver a empezar, no lo repetiría”. Pero sí, como me gusta decir, hasta casi los 50 años no viví. En lugar de vivir trabajé. Solo trabajé. Y ahora sé que para mí, solo trabajar no es vivir. Por interesante que sea lo que hagas. Por fantástica que sea la aportación. Entiéndeme bien, si el precio a pagar fuera el que he pagado, no quisiera repetir la experiencia aunque el resultado fuera descubrir “el remedio contra el cáncer”. ¡Que por cierto, ya está bien de ir alargando la vida más allá de lo que la gente puede disfrutarla mínimamente!

Y claro, no sé por qué me parece que tú… aparte de trabajar… ¿qué? ¿Muchas cosas más? Sí, sí. Ya sé que eres muy brillante, ¿eh? La repera. ¿Y qué?

-La verdad es que a nivel personal no estoy muy bien, no… Pero claro, la vida te va haciendo seguir adelante. Todavía me siento joven…

-¿Qué tal los hijos? ¿La pareja?

-¡Los hijos muy bien! Bueno, tal vez el momento no es el mejor porque con Marc las cosas no acaban de ir bien y… Tú también te separaste, ¿no?

-¿También dices? ¿Te estás separando?

-No, bueno… no sé, no…

-Ya… pero vaya, por lo que dices eso que ahora llamáis conciliación de la vida familiar y laboral chirría, ¿no? En mi época la expresión no existía. Pero yo no conciliaba mucho…

-Es cierto que esto podría mejorar. Pero siempre hay cosas a mejorar, ¿no?

-Sí. Seguro. Todos nos vamos a morir con muchas cosas que quedarán por mejorar.

-Yo viví el inicio de la incorporación de los médicos a la gestión. El proceso de profesionalización médica en gestión era incipiente. Aún éramos pocos los que nos formábamos y hubo de todo, también algunos fracasos estrepitosos. Muchos servicios perdieron muy buenos clínicos para “ganar” malos jefes de servicio, malos gerentes o malos gestores en general. Si a pesar de “triunfar”, el fracaso personal podía ser sonado, imagina si encima la capacidad que tenías como clínico, no se traducía en aptitudes para ser un buen gestor, un buen mando, un buen político incluso… ¿Qué? Un gran fracaso… ¿no? ¡¡¡La ambición malentendida y sobre todo la vanidad provocan muy malas pasadas!!!

-Pero debe ser posible encontrar un equilibrio razonable, ¿no?

-¿Tú qué dirías?

-¡Hombre! Creo que sí.

-¡Pues suerte! O “no suerte” si te parece tener claro lo que quieres. Me explico, o al menos lo intento. Me cuesta acordarme de alguno -de los que ví y viví de cerca- del ámbito político-administrativo-gestor de primera línea que, a criterio mío, claro, lograra mucho este equilibrio del que hablas. Otra cosa es que ya le fuera bien. Sí que he conocido colegas que me han parecido felices dedicando mucho más tiempo a trabajar que al resto de actividades, familia incluida, claro. Sí. Quizás es tu caso. Por eso no digo nada. ¿Qué quieres que diga? Puedo hablar por mí, pero no mucho más.

-Por favor, dime qué piensas.

-¿Qué pienso? Tú lo has querido, ¿eh? Pues mira, algo me dice que estás haciendo una huida hacia delante. Creo que la ambición ya te traicionó cuando te conocí en el hospital. Yo lo veía de lejos. Pero es lo que me pareció. ¡¡¡Aquella locura que os dominaba a los del clan de las “publicaciones en revistas indexadas”!!! No fue suficiente, así que tuviste que trepar hacia posiciones más altas y…

Oye, si eres feliz, si estás segura de que eres feliz, adelante… ¿Lo eres? ¿Qué sientes cuando llegas a casa por la noche y te miras al espejo?

-Que estoy envejeciendo por momentos y que cada día descubro una “pata de gallo” nueva. Joder, tío, qué duro, ¿no?

-No. No lo sé. No me corresponde a mí decirlo.

-Qué mierda, ¿no? ¿Al menos sabes lo que quieres ahora?

LA VIDA EL 2019

-Creo que me doy cuenta más rápidamente de lo que no quiero. ¡Pero aún se me escapan cosas!

-Vaya, que te aproximas al Nirvana: ¡¡¡Ommmmm!!!

-Tú ríete… De Nirvana nada de nada. En primer lugar, todavía arrastro mochilas de aquella época. En segundo lugar sigo siendo perfectamente consciente de muchas cosas que quisiera hacer de forma diferente y no lo consigo. Lo que te decía de “si eres consciente, ya tienes mucho ganado”. ¡Qué va! Para nada. No me lo parece.

-¡Si lo sé no vengo!

-Chica…

-No, supongo que en el fondo me servirá… ¡Ufff!

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