Este año he ido de vacaciones de Navidad a Barcelona. A la vuelta, me he encontrado unas Terres de l’Ebre más alpinas que mediterráneas. Frío, intensificado algunos días por el mistral, nieve casi a ras de mar, y espesores considerables en el camino que va desde el mar a la Terra Alta y en el Parc Natural dels Ports. He visto las cumbres de este parque nevadas desde la costa del Delta. Los flamencos, sin embargo, seguían en su sitio, imperturbables, conversando animadamente unos con otros. Una bella estampa. Cansancio. Fatiga COVID-19. La pandemia ha afectado a la salud mental de los profesionales sanitarios. Todo parece indicar que afectará a la de muchos. Todos o muchos lo intuimos. Muchos lo comentamos. Otros callan. Algunos hacen un esfuerzo para mantener el discurso positivo y, a una parte de estos, les sale espontáneamente, sin esfuerzo. Parece que los flamencos han pasado la Navidad aquí, ajenos a las penas y las alegrías de los humanos. Mientras los observo, pienso que ya solo falta que la COVID-19 nos deje más tarados de lo que ya estamos. Mucha gente está más irritada de lo que ya es habitual. Normalmente no veo a nadie. Teletrabajo, y las pocas relaciones sociales que mantengo son telemáticas. A algunos, noto que los saco de quicio. Los hay que me quieren censurar. No suelo hacerles caso. Bueno, a veces sí. Depende. No tengo ningún método ni instrumento de planificación específico para ello. Mis amigos del Barça que forman parte de la candidatura de Víctor Font o que lo apoyan, se enfadan porque les digo que su proyecto es para un Barça de Matrix. No para el Barça. No lo conocen. Creen que es una empresa. Ayer, en un restaurante, vi a ocho o diez jóvenes alrededor de una mesa que no tenía que admitir a más de cuatro. Iban borrachos y cantaban sin mascarilla. Si alguno de ellos estaba infectado, ya podemos echar a correr. Informé de ello al propietario. Pero él necesitaba facturar. Dudé si aconsejarles que no fueran a ver sus abuelas. No lo hice. Me fui. En el pueblo es Fiesta Mayor. Sant Antoni. Están cabreados porque no pueden hacer celebraciones colectivas. Pero los jóvenes lo celebran en los bares y restaurantes. Algunos adultos, también. Mis amigos que tienen restaurantes, como los conocidos de los restaurantes que frecuento, están entre enfadados y al borde de la desesperación. Durante la pandemia, me cansé de pasar noventa días seguidos haciéndome el desayuno, la comida y la cena. Sobre todo, de tener que comerme lo que yo mismo cocinaba. Comí 270 veces seguidas solo, batiendo mi propio récord. Los que después del 1-O dicen que creen que lo mejor es aparcar todo aquello e intentar negociar con España, cuando antes del 1-O decían lo contrario, se enfadan cuando les digo que no veo ninguna negociación satisfactoria posible con España. Igual que los que creen que, si somos más, nos acabarán haciendo caso. España no dialoga. Impone. Hay países que, con el 50% de la población a favor, han conseguido la independencia. Como Finlandia. Pero no únicamente. Los cangrejos azules cada día son más numerosos en el Delta. Estos sí que cada día son más. Las noticias siguen siendo una avalancha de desgracias y eventos preocupantes. Es tan difícil escuchar una buena noticia, que hay noticiarios que han creado un espacio para la buena noticia del día. Como cada invierno, en Lleida, muchos días la niebla es espesa. Dentro de la cabeza de muchos bípedos, la niebla es más espesa que en Lleida. Los tertulianos continúan opinando sobre cualquier cosa que les preguntan. Los economistas, por una vez, coinciden todos en que hay que hacer más déficit público. Los liberales, también. Muchos “progres” están contentos. Los economistas, cuando hacen de tertulianos, también hablan de todo. Los abogados, también. Y los filólogos, también. Carlota Pi se ha hecho socia del Barça. Pero no puede ir con los suyos, los que confunden el Barça con una empresa, porque no tiene suficiente antigüedad. Eso es lo que dicen las noticias. Las noticias también dicen que el Grupo Balañá financió las campañas de Ciudadanos contra el catalán. El precio de la electricidad se calcula con una fórmula que los que definen la normalidad, es decir, la mayoría, no entienden. Holaluz ya no es tan barato. En la Monumental, ya no hacen corridas de toros. El Grupo Balañá es el propietario. No está contento con la ley antitaurina del Parlament de Catalunya. En las Terres de l’Ebre, sin embargo, hacen correbous. No los matan. En Matrix, el Barça no es más que un club. Según las noticias, María José Balañá quiere ser directiva del Barça. No sabemos si, ahora mismo, ya hemos entrado en la “nueva normalidad”. La mayoría, que es quien define lo que es normal y lo que no lo es, aún no se ha pronunciado. Pero si hace tiempo que la salud mental de la media de habitantes del planeta no superaría un examen psiquiátrico objetivo, después de la pandemia, menos. Muchos psiquiatras tampoco pasarían el test y Trump, tampoco. Para inhabilitarlos, sería necesario una nueva “nueva normalidad”. Alfons Quintà formó parte de la normalidad característica del planeta, hasta que se suicidó después de matar a Victòria. Un día fui a comer con Alfons Quintà. Aún no había muerto. Su mirada era normal. Era de loco. También conocí a María José Balañá. Cuando la conocí, la llamaban Teté. El Borbón que va cojo, ha pasado la Navidad en Oriente (parece ser). Los Reyes Magos de Oriente, en Navidad, no se quedan en Oriente. El Borbón que no va cojo hace discursos y disimula. Todo es normal. Nuestros impuestos también sirven para pagar el servicio del Borbón que va cojo. Normal. Hoy, el hombre del tiempo ha dicho que hasta la semana pasada era invierno, pero que hoy el tiempo ya es primaveral. Según Descartes, pensar demuestra existencia. Existir, sin embargo, no implica pensar. No todos los ecologistas aceptan los molinos de viento. Pero sí la energía eólica marina. Pero no todos. No sé si, mientras escribo, el precio de la electricidad sube o baja. Tampoco sé qué hace Carlota Pi. Ni Woody Allen. Hasta aquí todo sigue siendo normal. Corina Larsen dijo que el CNI la aterrorizó. El director del CNI correspondiente dijo que no. El comisario Villarejo dijo que sí lo hizo. El “pequeño Nicolás”, en principio, no se ha pronunciado. Felipe González y José María Aznar parecen compañeros de partido. Todo sigue teniendo una apariencia normal. A nadie le pueden pinchar el teléfono sin una orden judicial. La policía nos pega. La Guardia Civil, también. Daniel de Alfonso le dijo a Fernández Díaz que se habían cargado la sanidad catalana. Ahora imparte justicia en Santander. En el Polo Norte, aún hace frío. Pero el hielo se deshace. La Fiscalía afina las cosas. Normal. En Navidad, monté el árbol de Navidad y puse luces de Navidad en el balcón. Contemplar relajadamente cómo se encienden y se apagan las luces de Navidad me relaja. Las noticias del mundo normal me inquietan. Setenta millones de americanos votaron a Trump. Algunos llevan cuernos. No sé cuántos rusos han votado a Putin, pero manda en Rusia. A Xi Jinping no le ha votado nadie, pero también manda. Como le pasaba a Franco. Pero Franco no mandaba en China. Erdogan manda en Turquía, Viktor Orbán en Hungría y Andrzej Duda (apellido impropio de político) en Polonia. En el Polonia, la realidad supera la ficción. Porque el Polonia es normal. A Kim Jong-un tampoco lo ha votado nadie, pero manda en Corea del Norte. Normal. A su padre no lo votó nadie, pero también mandaba. A los Borbones, tampoco, y a Jesulín de Ubrique, tampoco. A los palestinos de los territorios ocupados de Israel no los vacunan contra la COVID-19. La prensa internacional ha tachado de escándalo del Estado del bienestar lo que ha provocado la dimisión en bloque del gobierno holandés. “Le Monde” lo ha hecho. La prensa española y la catalana lo ha tachado de escándalo racista. ¿Quizás porque los afectados “son moros”? Todo sigue siendo normal. En Holanda, como en Estados Unidos, los ciudadanos pueden votar si quieren. En Holanda, van en bicicleta. En Cataluña, según cómo, hay que pedir permiso para votar. Normal. Rajoy ya dijo que “los catalanes hacen cosas”. Puigdemont no puede ir a Amer. El comisario Villarejo tiene muchas grabaciones de conversaciones telefónicas. Los jueces no hacen horas extras. Cebrián dice que es de izquierdas.

ANIMAL RACIONAL NORMAL

Normal. José Bono, también. Y Alfonso Guerra, también. Los jueces y el Ejército forman parte del sistema constitucional y democrático del régimen del 78. La monarquía, también. Muchos militares escriben cartas al Borbón que no va cojo. El hijo del Borbón que va cojo no dice nada. Normal. El principio de transparencia caracteriza a las sociedades modernas. Así, cuando hablas con otros bípedos o hablas solo y lo haces cerca del teléfono, puede que recibas ofertas relacionadas con lo que necesitas. En España, no se puede pinchar un teléfono sin orden judicial. La Fundación Francisco Franco recordó al Borbón que no va cojo que es rey gracias al caudillo que, a su vez, lo era por la gracia de Dios. La Wikipedia dice que la línea entre regímenes dictatoriales y no dictatoriales es muy fina. No dice nada del régimen del 78. Al Espanyol lo ha eliminado de la Copa del Rey de España el Osasuna. El Bilbao eliminó al Real Madrid de la Supercopa de España. Es la excepción que confirma la regla de la normalidad. También ha eliminado al Barça. Normal. Dicen que todos los Estados tienen cloacas. Otras excepciones que confirman la regla son los humanos que aún consideran humanos a los otros humanos. Son los que detectan los sentimientos de los demás, expresan los suyos y son empáticos. Parece que hay, sin embargo, una mutación en marcha. Los mecanismos de relación de los mutantes son algoritmos matemáticos que aportan mucha información de cómo son las vidas humanas y los comportamientos de los bípedos. Los pueden predecir. Tampoco se necesitan órdenes judiciales en estos casos. Estamos muy controlados porque es lo normal. Incluso lo están los que conservan la libertad interior. Pero, a estos, les afecta poco porque no acaban de ser normales. La libertad, si no es interior, es una palabra vacía de contenido. La normalidad actual, aún no sabemos si es la nueva, o bien la nueva “nueva normalidad”. Es normal que Pedro Sánchez impida que se investigue al Borbón que va cojo y que López Obrador sea presidente de México. Hay alcaldes que tienen que dimitir porque van borrachos. La mayoría, sin embargo, no lo van. Pero hacen muchísimas otras cosas normales. El de la coleta hace muchos aspavientos cuando denuncia al Borbón que va cojo. Pero sigue apoyando al que apoya al Borbón que va cojo y también al que no va cojo. El de la coleta vive en un chalet en la Navata. Se está mejor que acampado en la Puerta del Sol. Los camaradas del 15-M no dicen gran cosa. El resto de los antisistema, tampoco. También es normal. Como lo es ensanchar la base, mientras se apoya al que protege el Borbón que va cojo. Es normal que la gente que es normal, se queje de que nada es normal, sin dejar de contribuir a la normalidad. El Papa Francisco es un antisistema no suficientemente valorado por el resto de los antisistema. No todos los antisistema han leído la encíclica “Laudato si’”. Es un homenaje a San Francisco de Asís, que no era “sub-normal”, pero sí anormal, de acuerdo con la normalidad vigente. El Papa Francisco dice que es urgente cuidar el planeta si queremos que nos dure. Pero el mar está lleno de plásticos, y la gente se harta de carne. El Papa Francisco correlaciona la degradación ambiental con la degradación humana. La degradación ambiental es normal, porque la degradación humana forma parte de la normalidad. La carne lleva antibióticos y hormonas. El pescado del mar, mercurio, y los de piscifactoría, pienso de composición no siempre atóxica, pero siempre normal. Las frutas, legumbres y verduras, llevan pesticidas, y las de cultivo biológico se remojan con lluvia ácida. No obstante, es lo que come la gente normal. La mayoría de anormales tampoco tienen alternativa. Los médicos dicen que se debe comer un poco de todo. Los jueces son aficionados a las corridas de toros. Las canciones de Albert Pla no le gustan a Abascal. Tampoco las de Antònia Font. Pero sí que le gustan las corridas de toros. Y montar a caballo. No sabemos a quién le gusta Raphael, pero miles de personas desafían el virus de la corona para ir a verlo. Es normal. Para que los ricos puedan ser más ricos, y los pobres más pobres, hay que consumir mucho combustible fósil. También es normal. Brufau es de Mollerussa pero no es el motivo de que sea aficionado al fracking. Los quesos de gruyère no son típicos de Mollerussa. El Papa Francisco advierte que el big data satura y obnubila. Es un tipo de contaminante mental. Mark Zuckerberg no es católico. Tampoco de Mollerussa. La Caixa tiene su sede en Valencia. El Banco de Sabadell, también. El de Santander, no. Todos son normales, sin embargo. Vivir sabiamente está fuera de la “nueva normalidad” y también de la nueva “nueva normalidad”. En el Delta, no hay mucho ruido. El bombardeo informativo se caracteriza por ser muy ruidoso, pero es normal. Como lo es que Colau sea alcaldesa gracias a un francés del barrio de Horta. Es normal que los teléfonos de atención al usuario te dejen horas escuchando musiquilla. El usuario es un consumidor normal. No solo de pan vive el hombre. Vive del consumismo. En nombre del consumo, los plátanos pueden tener sabor de ColaCao. El consumo compulsivo también es normal. Lo más importante para el hombre es lo que es material y que ayuda a no pensar. La producción genera riqueza y contamina. Los programas electorales no se los lee nadie. Sin Amazon, la vida no sería normal. No tendría sentido vivir. Es normal quejarse de todo y también quejarse de los que se quejan. Es normal que los Estados Unidos provoquen golpes de Estado. Ahora también, autogolpes de Estado. Es normal que Bartomeu haya destrozado el Barça y nadie le reclame nada. Es normal que los presos políticos sigan en prisión, y será normal que les vuelvan a denegar el tercer grado. Por ahora, al parecer, la Tierra sigue siendo redonda. El sol y la luna, también. En Madrid, hablan castellano. Algunos de los que hablan castellano en Madrid quieren meter en la cárcel a los funcionarios de Justicia que proponen el tercer grado a los represaliados políticos. Algunos de estos funcionarios también hablan castellano. Hablar idiomas enriquece. Es normal que Colau pinte rayas amarillas, verdes, lilas, rosas y fucsia en las calles y en las aceras. En los árboles, aún no. Como lo es -de normal- que instale todo tipo de obstáculos urbanos. Afortunadamente, los motoristas llevan casco. Es normal que los ancianos mueran en las residencias, y que los militares que acompañan a Fernando Simón lleven medallas. Josep Maria Argimon no lleva medallas. Valtònyc se tiene que quedar en Bélgica. Es normal. Dijo que el Borbón que va cojo, roba. Es normal que las grandes fortunas no paguen impuestos. Las fakes son normales, y que las relaciones amorosas, sexuales, violentas, dulces, agresivas, patológicas, perversas, mercantiles, comerciales, vecinales y de todo tipo, tengan lugar en las redes. La pandemia ayuda a que así sea. Quizás en la “nueva normalidad” se normalizarán las pandemias. Hay muchos chinos y también muchos animales normales en los mercados chinos. Sergio Ramos no sabe resolver ecuaciones de segundo grado, y Belén Esteban no sabe cómo piensa Tocqueville. El ministro Illa solo tiene una sola expresión del rostro para cualquier emoción. Es una expresión de normalidad. Ayuso también es normal. Cayetana, también. Rajoy camina rápido. Es normal que nadie conozca a nadie que le haya tocado el “cuponazo de la ONCE”. Los ciegos no ven. Todo esto es tan normal como que los perros hagan pipí en las farolas, los árboles aún tengan hojas, que el 51,6% de las noticias sobre los jóvenes sean negativas o que las arañas se reproduzcan, y los caracoles y cargols poma (pomacea) también. Afortunadamente, cada día todo es más normal. Hace tiempo que nos hicieron darnos cuenta de que empezaba a ser normal tomar Prozac y no leer a Platón. Ahora ya es completamente normal. A pesar de que Jesucristo resucitó, Lola Flores, por ahora, no. Normal. Y la bisabuela fuma y la abuela fuma porros. Todo es normal. Podemos estar bien tranquilos. Creedme, todo es del todo normal.

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14 comentarios sobre “TODO AQUELLO QUE ES NORMAL

  1. Montse Grau dice:

    Un exercici d’escriptura automàtica excel·lent.

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies per llegir-lo i pel teu comentari. Gràcies!

  2. Xavier Ranera dice:

    Molt ben escrit: d’una tirada, inspirada i sentida. Amb ritme i solida percussió. Un magnific Rap sobre l’actual normalitat exenta de valors, siguin morals (del cor) o ètics (esperit). Realment, la pluja d’injusticies manifestes i diaries, sense temps ni recursos per combatre-les, ens està reduint la vida a la mera supervivencia.
    No li posis musica ni la cantis, ad cautelam

    1. josepmariavia dice:

      Felicitats per la qualitat del teu comentari, Xavier. I moltes gràcies!

  3. Roser Ribalta Xicota dice:

    Tanta normalitat és anormalment normal?

    És trist pensar que si i costa tenir fe en que sapiguem recuperar el nostre costat anormal!

    1. josepmariavia dice:

      En aquest món cada vegada ens estimem menys i som més indiferents als altres. En el fons, sovint sense saber-ho, ni ens estimem a nosaltres mateixos. El
      Nostre estil de vida egoista és autodestructiu i destructiu del planeta.

  4. josep capdevila vila dice:

    Els teus escrits i en general la teva manera de ser m’han ajudat sempre, sobretot e pensar, compartir la carrera de medicina amb tu va ser un privilegi, encara que no fessim el mateix curs. El pare Batllori sj. (epd) diria que vas aprofitar el batxillerat, quanta raó tindria, Ets un home complet i sempre ets motiu de sorpresa; per exemple el present escrit titolat ” Allò que és normal “, un fantastic exercici de lo que es pot donar i alhora no donar-se, i hi han moltes coses que haurien de ser diferents , jo un segarreta de naixement com sempre es va considerar el meu pare (acs), per nosaltres persones se secà, lo que era normal, ho tenia clar fins un noi de 10 anys, normal era fer l’amistat als padrins quan sortiem del col.legi, perquè els pares eren al tros, lo normal era berenar pa amb vi i sucre o pa amb oli i sucre, no teniem res més, la xocolata va arribar molt més tard, lo normal era anar a peu d’un poble a l’altre o ja un luxe anar amb bicileta que ben mirat molt poca gent en tenia, lo normal era els diumenges al sortir de missa anar a la serra (bosc) a fullar nius, lo normal era posar-se els ous dins la camisa perquè no es trenquessin i puiguessis luïr amb els amics , que al baixar del pi els pantalons s’anissin carrgant de resina i que anessins sortin alguns sets, lo normal era que a l’arribar a casa et caigués una admonició de la mare : quina entremeliadura has fet ?, lo normal era caminar pels carrers del poble que servien de park temàtic per a infinitats de jocs tots manuals i preparats per nosaltres, si hom trobava una oreneta al terra o un moixó era posar-lo en una capsa amb draps vells i al costat de la llar de foc fins que s’aixiribia. Si la mare no tenia el dinar a punt lo normal era anar a esvalotar les gallines al corral, sempre em va cridar l’atenció els ponedors a mitja alçada del tera i tinguent la entrada mig tapada, lo normal era que les gallines tinguessin intimitat per a pondre els ous, també per les tardes dels diumenges, perquè els dissabtes teniem escola, lo normal era anar als trossos a robar els pressecs, les prunes claudies, les pomes reineta, els raïms de moscatell, fins deixar els horts sense fruita, lo normal era escoltar els renecs en castellà, lo normal quan acabava un partir de butbol d’un poble contra l’altre poble veí, era apedregar al perdedor i acompanyar-lo fins a les portes del seu a cops de pedra, lo normal era anar a fer el mes de Maria a la parròquia acompanyats per la senyoreta, lo normal era cantar el cara al sol abans de començar l’estudi, lo normal era anar els dijous amb el sinyor mestre a una era del poble a llegir història sagrada, lo niormal es que quan es radiava un partit de futbol al cafè tothom callés, la tele va tardar molt en arribar, lo normal es que fins i tot les partides de l’escambrilla s’aturessin fins a saber qui havia guanyat, al veure els homes que de Maldà pujava un cel amb núvuls espessos, negre i de lluny se sentia la tronada, lo normal era que els homes que guaitaven el cel discutissin si seria o no seria una calamarçada i molts pagesos feien el senyal de la creu tot dient ( Sant Lluc, Sant Marc, Santa Creu, Santa Barbara no ens deixeu, lo normal era que que al moment de cop un tro i un llampec i unes gotes com cigrons, lo normal es que tothom corregués cap a l’era per si de càs, tots sabien que era una tempesta d’istiu i lo normal es que baixés rovina i baiixava, era normal que si el sinyor rector, el sinyor metge, el sinyor mestre et renyaven o be et clavaven un clatellot, a casa donaven dos més, sens preguntar, no era normal demanar explicacions a la canalla, era normal guaitar al cementiri com els homes cavaven la fossa del difunt, també era normal fer companyia al forense mentre feia l’autopsia, era normal vigilar als nuvis en el dia dia del seuy noviatge, era normal acompanyar el pregoner pels carrers, sempre es feien per ordre del sinyor alcalde, també era normal que la canalla veiés matar els bens (xais), era normal escoltar als homes grans als vespres mentre prenien la fresca els mesos del segar i batre, i era normal estrenar el pernill quan berenavem a l’era, era normal sentir el galls com es comunicaven d’un corral a l’altre abans d’ajorcar-se, si volies ser algú entre les noies era normal que llegissis ” Cien años de soledad “, El lobo estepario de Herman Hesse, Salvador Espriu, era normal anar a les 6 hores de canço de Canet de Mar, a les trobades de joves de Santa Cecilia a Montserrat, era normal els diumenges dels primers del setanta anar a escoltar els sermons del Pare Jordi Llimona al caputxins de Sarrià, ho deixo, Fins i tot era normal capgirar la manera de pensar dels militars fent la mili, que s’enteressin que el voluntariat i la objecciója era una opció entre els soldats i s’acabava anar a passar les tardes en locals de dones de moral distreta, tot estava canviant , amics meus van fer objecció de conciencia en no fer el servei militar acceptant una llarga presó. Era normal començar a estudiar català en la clandestinitat i era normal que molta gent preparada deixes les empreses privades per anar a pujar la Generalitat de Catalunya que tot just treia el nas, normal anar a cobrar menys, però orgullosos de formar part de la Generalitat. També orgullosos de papa Juan XXIII i le seves encicliques tant fraternals i plenes de tendresa, com les del papa Francisco que menciona en Josep Maria Via, Laudato si, es normal fer nostra i cuidar la terra comú que tots em crescut, ja per nota llegir Fratel.li Tutii, ben segur que ens canviarà la vida. A pesar tantes coses anormals que vivim, fem el possible i capgirem la nostra manera de viure i siguem fraternals pels pobres, sense sostre, els més vulnerables, en una paraula els invissibles, que sigui normal escoltar-.los i acompanyar-los , i que si tenim la sort de menjar tres cops al dia, de tenir els fills amb els estudis acabats, i treballant i que no tinguem cap hipoteca, pensem una mica amb tots ells, Poc és molt !!!! Interessant article doctor. Gràcies per fer-nos pensar i adonar que no anem pel bon camí. Deixo a part lo del Barça perquè en la meva vida no he tingut temps d’afecionar-me al futbol, la medicina s’ho ha endut tot que potser no es normal. Una abraçada.

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies estimat Pep. Ja saps que sempre he pensat que ets un home bo i savi. Els virtuosos viviu i lluiteu al mig de la selva que és avui en dia la societat. Ara et cuides dels mes desafavorits a Càritas. Abans et cuidaves de tothom fent aquella medicina que el Dr. Ciril Rozman sintetitzava dient que només un bon home pot ser un bon metge. La medicina d’abans dels protocols clínics. Aquella en la que al malalt se’l mirava als ulls (ara has de mirar el teclat de l’ordinador i la pantalla)i se li tocava la panxa (ara li prescrius 300 exploracions i anàlisis) Els que no som tan valents ni virtuosos, amaguem el cap sota l’ala. Jo he decidit marxar al Delta, on hi ha poca gent i la majoria viuen amb més pau que a ciutat. La decisió humana de practicar el suïcidi col.lectiu i destruir el planeta (aquests dies es parla de la possibilitat que el Delta no existeixi abans que acabi aquest segle), allà també hi és present. Però esmorteida i la convivència encara no és tan tòxica com a ciutat. La malaltia mental es més fàcil encara de contrarrestar.

  5. Guillermo Ruiz Gomar dice:

    Josep Maria,
    No arribo, però sobretot no vull analitzar l’estil del teu escrit. Potser seria “normal” fer-ho: esterilitzar-lo per contemplar-lo vençut. Simplement m’atreu, m’agrada, m’inquieta…. En tinc més que prou. No puc destriar el fons de la forma. És un conjunt harmònic. Simplemente em percuteix el missatge amb una barreja encissadora de joia i tristor, de sentiments i reflexió. Felicitats!

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies Guillermo! Fons i forma són indestriables. Per reflectir una societat psicopàtica, cal un estil “demencial”.
      Reprodueixo alguns fragments d’un article que acabo de llegir fa 10 minuts (“El fin de la inteligencia” de Juan Villoro a “Reforma”) i facilment es poden relacionar amb el missatge del post:
      “ En 2018, Peter Dockrill informó en Science Alert que un estudio de 730 mil tests de IQ, realizado en Noruega, reveló que la humanidad alcanzó su pináculo intelectual a mediados de los años setenta. A partir de entonces vamos cuesta abajo. Otra investigación, citada por David Robson en BBC Future, señala que desde los noventa el IQ desciende 0.2 puntos al año en Finlandia, Noruega y Dinamarca, siete puntos por generación.

      ¿A qué se debe esto? La hipótesis de Robson, autor de The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes, es que la inteligencia humana depende de condicionantes sociales que han cambiado en forma radical. En tiempos remotos, ponerse de acuerdo para ir de cacería era un asunto de supervivencia. Desde entonces los sentimientos jugaban un papel fundamental en una especie donde unos se ofenden, otros se desesperan y otros desconfían. Hoy en día, llegar a acuerdos es un reto para cualquier equipo de trabajo. Ante un mamut, eso era de vida o muerte. La socialización salva a la manada y justifica al think tank”
      “ Antes de la revolución digital, ir de un lugar a otro requería de orientarse en el espacio y retener informaciones. Ahora el GPS hace la tarea y la telefonía celular elimina destrezas memoriosas. Hace décadas, una persona podía tener diez números de teléfonos en la cabeza. Sin representar un gran virtuosismo, eso ejercitaba la retentiva. La dependencia de las máquinas ha rebajado ciertas facultades.

      A esto se agrega la menor frecuentación de los demás. El sujeto contemporáneo se relaciona con el entorno a través de las pantallas. Aunque desempeña numerosas tareas en línea, puede llegar a padecer una suerte de asperger electrónico que lo aísla de los otros y reduce al máximo sus intereses.

      Durante milenios el cerebro se perfeccionó gracias a la necesidad de poner de acuerdo a personas complicadas. Si el Australopithecus incrementó su habilidad cognitiva gracias a la vida social, nosotros la perdemos por su ausencia.

      En el artículo “La tecnología aumenta mientras el IQ declina”, publicado en Forbes, Will Conaway señala que los nuevos aparatos “están cambiando nuestro uso del tiempo”. El usuario exige satisfacción instantánea y no se asigna un plazo para superar obstáculos por su cuenta: si no halla una respuesta exprés, busca otra aplicación.

      El panorama empeora al hacer otra comparación: el IQ decae al tiempo que la Inteligencia Artificial mejora. Conaway informa que en un lapso de 45 a 120 años los robots se harán cargo de la mayor parte de las tareas humanas. Un electrodoméstico será más sabio que mi vecino.”
      Certament inteligència i salut mental no són el mateix, però variables com la socialització, l’impacte de la tecnologia, penso que contribueixen -a banda de a l’imbecilitat- a la deshumanització i a la psicopatia
      La pandèmia, obviament, no ens ajuda gens…

  6. León Bendesky dice:

    Josep Maria, luego de habernos encontrado recientemente en Barcelona, lo que celebro, este escrito tuyo parece una continuación de lo que conversamos. Tiene un eco del tono de ese par de ocaciones en la que afinamos puntos de vista que, finalmente, eran convergentes. Has logrado expresar tus pareceres y sentimientos de una manera puntillosa. Me recuerda a los ironistas ingleses, Swift, sobre todo. El catálogo de los normalidades que expones tiene rasgos manifiestos de la disfunción que caracteriza ésta época y con un acento aun mayor asociado con la pandemia y sus consecuencias. Y nada de esto es intrascendente, sino que está dejando una huella en todos y que cada uno procesa a su manera, pero que en conjunto está definiendo algo que aun no entendemos. ni asimilamos. Procesarlo cada noche exige un esfuerzo al que en ocasiones renunciamos para simplemente ocupar algunas horas en un sueño denso y poco reparador. Encontrar un lugar en la normalidad, sea a escala local, nacional o mundial es toda una batalla cotidiana. Dices bien estar cansado de comer lo que nos preparamos solos día tras día, he ahí una pincelada muy afortunada en tu escrito. Hay algunos refugios (o trampas) para engañar lo normal, pequeños placeres que ahora experimentamos en soledad. Algo ineludible es seguir aprendiendo hasta el último aliento. Huyo de las tonterías como de la pandemia misma. Este me parece , sin duda, uno de los mejores blogs que te he leído. Te envío un abrazo y mucho afecto desde la Gran Tenochtitlán.

    1. josepmariavia dice:

      Muchas gracias por tu comentario Leon. Me quedo con lo ineludible de seguir aprendiendo hasta el último aliento. También con evitar la elusión de la realidad. Con la necesidad de afrontarla por duro que resulte y a pesar de los pesares, evitando decaer o, por lo menos, guardando una reserva de fuerza mínima para volver a empezar desde muy abajo, cuando todo resulta demasiado agobiante.
      Al final, este mundo de locos, es el nuestro y el de nuestros hijos y nietos aunque actuemos como si nos fueran indiferentes cuando son lo más importante que tenemos.
      Por cierto, mejor la Gran Tenochtitlán que la capital del Virreinato de la Nueva España. No sé si mejor o peor que la capital de los Estados Unidos Mexicanos. Ese dilema, te lo dejo para ti, amigo.

  7. Helena Ris dice:

    Sí que sembla un rap! Divertit però una mica depriment. T’has ficat inclús amb els Borbons…!
    Saps? el Pau Riba en lloc de fer cançons ha fet un llibre sobre l’Univers. Normal.
    Tots els comentaris són per nota. Normal.

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies Helena pel comentari.

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