jovesEs domingo. Es primavera, aunque estos últimos días han sido más frescos que algunos del invierno que, oficialmente, nos dejó pasado mediados de marzo.

Hoy el sol calienta, y hace que la sensación se aproxime un poco más a las que recuerdo de cuando las primaveras eran primaveras. Basta, sin embargo, con ponerte a la sombra, para recuperar la extrañeza que provoca este fresco en un primero de mayo.

Un amigo me envía fotografías de este fin de semana haciendo esquí de montaña, ¡con unos espesores de nieve que ya los hubiéramos querido tener en invierno! ¡En una de las fotos un termómetro marca -10ºC!

Mientras me hago el remolón por casa y pienso qué haré esta mañana de domingo, escucho en un podcast de noticias de la semana, que España es el país con el porcentaje de “ninis” -jóvenes que ni estudian ni trabajan- más alto de la UE. Dicen que es del 20%. No especifican hasta qué edad consideran que una persona es joven, pero el dato me parece preocupante.

Pero como a algunos os parecerá pesimista, pongamos unas gotas de optimismo. Es cierto que nuestros hijos, los jóvenes que tienen, por ejemplo, entre 16 y 35 años, tienen muchos factores en contra: trabajo escaso, paro juvenil elevado, salarios bajos, trabajo precario, unas generaciones “tapón” por delante, entre ellas la mía…

A menudo he hablado del mundo que estamos dejando a los más jóvenes: calentamiento del planeta, cambio climático, desertificación, contaminación. Niveles de endeudamiento que pueden heredar los hijos de nuestros hijos… Desechos de un modelo capitalista desatado que, aparte de los efectos mencionados como ejemplo, determina formas de vida -a mi modo de ver- poco sanas y autodestructivas. Patrones de consumo que a su vez alimentan el modelo, y de rebote todos sus efectos indeseables, en lo que es un verdadero círculo vicioso. Hasta aquí, como decía en el penúltimo post, una visión del mundo actual, a mi modo de ver realista.

También oímos hablar a menudo de la mala calidad de la educación y, por tanto, de la mala preparación de los jóvenes. Quizás sí, pero también he leído o escuchado que están más preparados que nunca. Hay jóvenes muy bien formados. Como mínimo en el sentido utilitarista del término. Las mermadas oportunidades de encontrar trabajo hacen que la gente joven siga estudiando y formándose. Confío en que la formación menos utilitarista, la que parece que no sirve para nada y que desgraciadamente va desapareciendo del currículum, la formación en Humanidades, simplemente la formación en valores sólidos, permita una reacción y un cambio.

Parece que en 10 o 15 años, en muchos países, estas generaciones jóvenes supondrán entre el 60% y el 75% del mercado laboral. Llegará un momento en el que, aunque tengan razón al decir que no les hemos dejado una herencia presentable, entenderán que no se pueden limitar a lamentarse y que, inevitablemente, tendrán que pensar en qué pueden hacer ellos y qué responsabilidad tendrán -o están teniendo ya- si no se ponen en marcha en defensa propia.

Podrán decidir si quieren votar a partidos como los que hemos votado sus padres, o propiciar la transformación del actual sistema político, totalmente decrépito y vergonzoso. Confiamos en que podrán elegir los propios modelos de consumo, o al menos influir para modificarlos. A mi modo de ver, será determinante el uso que decidan hacer de las redes sociales y de las tecnologías que las hacen posibles. Confiamos en que habrá una capacidad de reacción hacia la construcción de un mundo mejor.

Formo parte de la generación del babyboom y soy consciente de que -hablando en general y asumiendo los riesgos que ello conlleva- hemos tenido la vida más fácil que nuestros padres y abuelos, y que nuestros hijos, para los que no hemos sido -ni somos- ejemplo de solidaridad intergeneracional…

Mientras le doy vueltas a estas cosas, dudo entre coger un anorak delgado de verano o ropa de entretiempo. Opto por el más grueso. Salgo a la calle, dejo atrás l’Eixample, para adentrarme por el barrio de La Ribera y acabar en la Barceloneta. El sol calienta, pero el anorak no me molesta.

Aunque ya no me tendría que extrañar, hoy, por lo que sea, me he quedado asombrado con la cantidad de turistas que he llegado a ver durante mi paseo. Muchos de ellos jóvenes, con mochilas y/o maletas de cabina de avión con ruedas que, al rodar sobre las baldosas características de las aceras de Barcelona, ​​hacen un ruido que para mí ha pasado a formar parte del ruido urbano habitual. Cada día lo escucho en cuanto salgo de casa, por lo que ya se ha convertido en un sonido familiar.

También veo a muchos turistas de mi edad y más mayores, jubilados probablemente. Veo a visitantes con aspecto de tener desde 20 o 25 años, hasta 65 y más.

Antes y después de detenerme en una terraza para tomar algo y hojear un dominical, veo imágenes contrastadas. Santa Maria del Mar llena de gente sentada en los bancos, aparentemente esperando que comience la misa, y los pasillos laterales y la entrada principal llenos de turistas y algún autóctono. El mismo fenómeno, pero más exagerado, lo he observado en la iglesia de los Sants Màrtirs Just i Pastor. Más exagerado porque había un cura muy viejecito dando misa y la iglesia es relativamente pequeña, con lo que los turistas se hacían ver más.

Turistas, turistas y más turistas. A muchos de ellos el clima les ha pillado con el paso cambiado, por lo que las chanclas y los shorts, no se adecuan mucho con el clima real. Un chico de aspecto magrebí dormía en el suelo con el cuerpo al sol y la cabeza protegida bajo un tiesto que, con forma de media esfera, hacía sombra. Dos metros atrás unas japonesas elegantes fotografiaban una torre de Santa Maria del Mar. Las mesas de muchas terrazas, a las 12, ya estaban preparadas para comer. Una joven ofrecía bicicletas para alquilar, en un inglés inequívocamente americano. De vuelta atravieso la Via Laietana y veo lo poco que queda de la manifestación sindical del 1º de mayo. Tengo la sensación de antigualla anacrónica: si los partidos políticos se deben “requeteinventar”, los sindicatos… ¡Ufff!

Cuando subo por las Ramblas pienso que, tal vez sí, Beth Galí tiene razón cuando dice que habría que revisar el tipo de licencias de actividades que se dan a los que montan negocios en los bajos de los edificios. Veo muchas tiendas abiertas. Desconozco cómo ha terminado la eterna polémica sobre los horarios comerciales y la política de los festivos. Imagino que debe ir por zonas y que por la zona que paso debe estar permitido, ya que la mayoría están abiertos… Un ciclista autóctono y castizo, que circula por las Ramblas, por la calzada, grita a dos jóvenes turistas que cruzan por un paso de peatones, con el semáforo en rojo, a toda prisa, para esquivarlo… Mientras seguía caminando, a pesar de sentir que quizás estamos llegando al límite de asimilación de turistas, que nuestra forma de vivir se puede ver afectada (quizás mejorada en algunos aspectos, no digo que no, pero…) por este alud babilónico, no he sentido rechazo hacia el fenómeno, pero todo ello me ha parecido un poco cargante.

turistesEn un momento dado del paseo, me he sentado en una terraza, ubicada ya prácticamente en la Barceloneta, y un camarero me ha preguntado, de nuevo en inglés, qué quería. Le he pedido un zumo de naranja en catalán y me ha entendido. Eso sí, después de verificar en castellano latinoamericano: “Un zumo de naranja me dijo, ¿no?“.

En la mesa de la esquina un par de hombres conversaban, también en inglés. Uno debía aproximarse a los 60 y el otro más bien a los 70. La proximidad de las mesas y el tono de voz, hacía inevitable que se escuchara lo que decían. Coincidían en que mientras el cuerpo resista y la cartera también, hay que viajar y hacer todo lo que te gusta, ya que el día menos pensado… ¡puede ser tarde!

Pienso que tienen razón y que yo me encuentro en esa franja de edad en que, si la salud no hace una mala pasada, es el momento de empezar a hacer aquellas cosas que cuando eras más joven no podías hacer por obligaciones laborales y familiares, y que de aquí a saber cuántos años, no podrás hacer por pérdida de autonomía o… extinción.

Así pues, el hecho de empezar el día centrado en los más jóvenes y continuar haciéndolo con los de mi generación, me hace pensar en los más mayores. Cierro los ojos, me apalanco en la silla cómodamente y en mi cabeza resuenan unas voces. Son personas mayores, de entre 80 y 90 y muchos años o más, que deben ser dadas de alta en un centro sociosanitario y no saben dónde irán o, sabiéndolo, no está claro que puedan valerse sin ayuda que, tendrán o no tendrán… La gente que envejece mucho, debe ser bastante rica para no pasar apuros. Por otra parte, los servicios sociales llegan hasta donde llegan.

-Hola Luis, ¿cómo estás? Una cosa. ¿Cuántos años me has dicho que tenías?

-98, señorita. ¿Por qué me lo pregunta?

-Bueno… Nos gusta charlar un rato con ustedes y saber cómo se encuentran. ¿Qué podemos mejorar en el centro para hacerles la estancia aquí más agradable?

-Yo estoy muy bien aquí, señorita. ¡Sólo por verlas a ustedes tan jóvenes y tan guapas, ya vale la pena!

-¡Ay, Luis, Luis! Me parece que es un poco pillo usted. Ya me han dicho que siempre se le ve rodeado de señoras…

-La verdad es que siempre he estado rodeado de mujeres. ¡Piense que yo era encargado de una fábrica de manufactura y tenía 150 empleadas a mi cargo! Y siempre miré por el bien de la empresa y también por los trabajadores. ¡Piense que cuando me jubilé me ​​hicieron un homenaje y todo!

-Y ahora que pronto tendrá que volver a casa, ¿cómo lo hará?

-Mire, joven, con mi mujer cogimos a Expectación, una chica ecuatoriana, que nos cuidaba de maravilla. Tanto es así que la mujer poco antes de morir me dijo: “Luis, si te quedas solo tienes que estar bien cuidado. Vigila que no se vaya esta chica que vale un imperio”. Ya comprendí que me tenía que casar, pero se ve que no tenía los papeles “conformes”, pero es igual. Como si me hubiera casado.

Ahora estoy aquí, porque Expectación se ha roto la pierna y no me puede cuidar. Y ya estoy bien aquí, ya. Pero sólo pienso en el tiempo que viene a verme ella cada día. Piense que aunque con muletas, viene día sí y día también, y cuando se va me entristezco un poco…

El caso de Pere es diferente. Tiene 90 años y vive solo. Está terminando el proceso de convalecencia y no sabe dónde se irá a vivir cuando le den el alta ya que ha alquilado la casa.

-Pero Pere, ¿cómo es que ha alquilado la casa?

-¡Oh! ¿Qué quieres que haga, nena? Cobro una pensión de 600€ y no puedo pagar los gastos. Imagínate, he dado el cuerpo a la ciencia porque ya veo que nadie pagará mi entierro… ¿Y sabes qué? No lo quieren porque dicen que soy demasiado viejo, jajaja…

-¡Vaya! ¿No tiene familia, Pere?

-Sí, un hijo. Pero nos peleamos hace años y no he sabido nada más. No sabría ni cómo encontrarlo…

-Bueno, ya hablaremos con los servicios sociales y…

Pere interrumpe con buen humor y dice:

-Me buscáis un banco y dormiré allí tapado con una lona, jajaja… Piense que yo fui a la II Guerra Mundial y allí dormía en el suelo. Puedo dormir donde sea. Por cierto, nena, esta cama de aquí de la residencia, es muy cómodo. Pero mucho, ¿eh? Y mira, cuando me muera, los servicios estos que dices o quien sea, ya me pondrán en algún sitio, jajaja…

A Gertrudis le dan el alta la próxima semana ya, y sólo está preocupada por la dentadura que le han hecho mientras ha estado en el centro y que no se puede poner. Ella quiere irse con la dentadura puesta y desde la silla de ruedas explica:

-Señorita, es que pagué los dientes por adelantado a estos dentistas del piso de abajo, y ahora no me entran, no me los puedo poner y nadie me hace caso.

-Ya lo arreglaremos, Gertrudis. Pero escúcheme. Ahora tiene que volver a casa y ¿dice que no quiere a nadie que le ayude?

-No, no. No quiero a nadie a mi casa. No.

-Pero mujer, si va en silla de ruedas. ¿Cómo lo hará? Aún caerá y se hará daño. Piense que también puede hacer daño a los vecinos sin querer. Un fuego encendido, cualquier cosa que provoque daños…

-No, No. Mira, cuando acabe, suficiente. Ya he vivido demasiados años.

Bartolo está enfadado. Se queja de la comida.

-¡Me dan unos garbanzos más duros que las canicas con las que jugábamos de pequeños! Y las patatas… Buenooooo, ¡las patatas! No se parten ni con sierra eléctrica…

Amelia está triste y llora todo el día. La encuestadora trata de iniciar una conversación amable y apacible. Le dice cosas con dulzura, pero Amelia no contesta. La mira con ojos tristes y de pronto estalla a llorar y sollozando dice:

-¡Yo no quiero estar más aquí!

gent granAbro los ojos, salgo del recuerdo y me sitúo de nuevo en el bar donde estoy, con los dos anglófonos de la esquina a punto de irse. Yo decido volver a casa a comer. Pienso en Pere haciendo la guerra y durmiendo en el suelo y no me parece que lo tuviera más fácil que nuestros hijos. Por el contrario, nuestros hijos -que no sé a qué edad tendrán un salario digno- no tendrán pensión pública. Ni de 600€ ni de menos probablemente. No sé si los dos extranjeros que tenía sentados en la mesa de la esquina acabarán mordisqueando garbanzos duros en una residencia. ¡Claro que no lo sé! ¡El futuro! ¡A saber!

Subo por las Ramblas y observo aquella multitud de turistas que he mencionado antes. Vidas, vidas y más vidas en países y épocas diferentes… ¡A saber cuántas historias de todo tipo viajan encima de estas espaldas!

Tengo ganas de llegar a casa. Tengo hambre y no es broma, ¡¡¡hoy comeré garbanzos!!!

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4 comentarios sobre “ES DOMINGO

  1. Aina dice:

    Estimat JM, gràcies per fer-los importants, per dedicar-los part del teu post. Sovint la nostra gent gran fan “nosa” i tendim a deixar-los per l’últim. Però tot i que minven, es fan més poqueta cosa, amb el pas del anys carreguen una part molt important de vida. Molts anys d’experiència i d’experiències, molta humiltat i saviesa. T’omplen perque si, i amb poc, un somriure, una caricia els fas inmensament feliços

    1. josepmariavia dice:

      Felicitats a tots els que us hi dediqueu. Feu una gran feina!

  2. Gràcies Josep Maria,
    conmovedores històries …
    Comparteixo també la intensa preocupació per la situació que deixarem als nostres joves. Perllongar el sistema actual sembla insostenible …

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies pel comentari Guillermo. La clau per, dit modestament, tractar de fer un món millor par a tots, joves i grans, està en el teu últim comentari. Deis, entre altres coses:

      “(…)L’optimisme realista es fonamenta en la convicció constatada de no estar sol en el món intentant fer el bé. En saber que, col·lectivament som un desastre, però que existeixen moltes individualitats constructives que sumen. Només tenim a l’abast la nostra existència personal, és amb l’únic que podem comptar. L’important, doncs, és fer el que creiem que hem de fer, perquè és el nostre camí cap a la felicitat, independentment de la seva eficàcia visible o del sentiment més o menys positiu o negatiu que experimentem. Tot i així, estic convençut de l’eficàcia del bé que fa cada persona, més enllà de veure el fruit de la llavor plantada, més enllà de la minúscula importància que pugui tenir una sóla individualitat en la complexitat i abast de l’esdevenir humà.(…)”

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