El colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar

Erasmo de Rotterdam, 1466-1536

tertulia17Desde hace tiempo me llama la atención la figura del tertuliano tan en boga en los medios audiovisuales. Me sorprende que se atrevan a opinar sobre cualquier hecho.

En el mejor de los casos se trata de especialistas en alguna disciplina concreta. Afortunadamente muchos de ellos o de ellas por el bagaje que tienen, por su experiencia y por la capacidad intelectual que les caracteriza, son capaces de actuar de forma que el resultado no sea demasiado estridente. Sin embargo, a menudo no puedo evitar la sensación de estar escuchando el bla, bla, bla de un charlatán.

Casi cualquiera puede opinar sobre casi cualquier cosa con mayor o menor conocimiento de causa. Es decir, la opinión más o menos consistente, no me sorprende. Lo que me sorprende es el formato y, de forma más general, las nuevas modalidades de dar noticias, de explicar la actualidad.

La espoleta que me llevó a escribir este post se produjo hace unos días cuando, mientras estaba cenando, creía estar escuchando las noticias de la radio. Digo creía fruto de la traición del subconsciente puesto que en realidad hace años que el espacio de noticias ocupa una parte reducida de tiempo, mientras que el grueso del programa lo protagonizan unos tertulianos que comentan la actualidad de acuerdo con el formato descrito.

Me llamó la atención el esfuerzo ostensiblemente exagerado del conductor del programa tratando, sí o sí, de poder explicar algo a propósito de las negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP. El esfuerzo resultó estéril dado que el hermetismo autoimpuesto por los negociadores hacía que no hubiese noticia alguna a dar. Por cierto, destaco lo positivo de la actitud de protegerse de los medios. Más allá de lo beneficioso que resulta para la negociación, contribuye a la paz mental colectiva.

Bien, volviendo a la situación comentada, dado que no había noticia, los allí presentes algo tenían que decir. Y cada uno fue metiendo baza hasta provocar una situación que me resultó francamente grotesca. Yo imaginaba a unos personajes (economistas, profesores de universidad, responsables de política de medios de comunicación…), obligados a cumplir su contrato y por lo tanto a opinar, sin disponer del material necesario para poder hacerlo. Era como realizar una intervención quirúrgica sin anestesia o simplemente como bailar sin música.

Confieso que no he perdido la esperanza de escuchar a uno de estos comentaristas un día diciendo: “Perdone pero sobre esta cuestión que me plantea no tengo opinión formada”. O bien: “La respuesta que me pide requiere de una formación de la que no dispongo por no formar parte de mi disciplina ni de los temas propios de mi ámbito de experiencia”. Es probable que algún tertuliano se haya expresado en alguna ocasión en estos términos, pero no he tenido la oportunidad de poder escucharlo y la verdad es que me gustaría.

La situación es coherente con el “amarillismo” que en mi opinión impregna cada vez más a los medios de comunicación, con la falta de profesionalidad creciente que permite publicar sin contrastar, sin documentar suficientemente lo que se afirma, mostrando solamente una parte de “la película”, explicando medias verdades o simple y llanamente mintiendo de forma tendenciosa sin escrúpulos de ninguna clase. La velocidad de vértigo que caracteriza a la difusión de noticias -y a la vida en general- contribuyen decisivamente a esta manera de proceder.

Vivimos en un mundo hiperacelerado, que parece meticulosamente diseñado para evitar tener tiempo de reflexionar sobre uno mismo ni tenerlo para pensar en los demás, en el que la generación ingente de noticias se convierte en un alud que nos atropella a su paso. Sin tener ni siquiera tiempo de iniciar la digestión de una novedad, nos vemos inundados por trescientas nuevas noticias presentadas en formatos diversos cuya fiabilidad y rigor resultan dudosos.

Mientras esto ocurre los WhatsApp que se suceden y muchas llamadas y correos pendientes de contestar (sin olvidar la gestión de las cuentas de Twitter y de Facebook), se convierten en indicadores de un estilo de vida concebido para no pensar, para acabar desconectado de la vida y ante todo de uno mismo. La sola posibilidad de que puedan darse las condiciones para realizar un “examen de conciencia” resulta aterradora. ¿Cómo no van  a aumentar los casos de depresión en una sociedad que, si nunca ha sido capaz de dar una definición clara de que es la salud mental, cada vez lo es menos?

Imagino que muchos diréis: “Muy bien, evidente. ¿Y qué quieres que haga yo?”.

Aún a riesgo de ser tildado de egocéntrico, egoísta, poco empático y calificativos similares, sugiero verificar que la conexión con uno mismo no se vea alterada por un exceso de interferencias. Siento que lo primero que debiera conseguirse es desacelerar la vida cotidiana.

Si me despierto con las noticias de la radio, las sigo escuchando mientras me ducho, desayuno con la TV y leyendo el periódico a la vez que intento contestar algún WhatsApp y/o correo electrónico antes de llegar a las 8 de la mañana a la sesión clínica del hospital… Si mientras me dirijo al trabajo en coche unos tertulianos suplantan mi capacidad de reflexión y al mismo tiempo mantengo alguna conversación telefónica gracias al “manos libres”…. Si, en definitiva, no tomo distancia de esta realidad y no hallo el tiempo para recogerme y tener una idea de quién soy yo en realidad, ¿qué es lo que puedo aportar de positivo a los demás? Ya sé que si soy médico, a pesar de todo lo que acabo de dibujar, no va a ser imposible que logre diagnosticar y tratar de forma aceptable, incluso satisfactoria, a mis pacientes. Sin embargo… no es necesario añadir mucho más, ¿no?

Me encantaría un día escuchar a un tertuliano diciendo: “Mire, sobre el tema que me plantea, ahora mismo no le puedo responder nada. Se trata sin duda de una cuestión relevante que merece ser reflexionada a fondo. Ya le diré algo al respecto”. Sería deseable que esta persona tuviese la oportunidad de revisar la obra de Platón o de Kierkegaard o leer la Biblia o si lo precisase, darse la oportunidad de reconectar consigo mismo para poder contestar en conciencia. Y si la pregunta en cuestión fuese, por ejemplo: “¿Qué opina usted de los agujeros negros del universo?, sería fantástico que pudiese telefonear a Stephen Hawking y caso de ser difícil -o bien consiguiéndolo no entendiera nada de lo que el sabio le contase-, acabase respondiendo: “Mire, me va a perdonar, pero no sé nada de nada de los agujeros negros del universo”. Estaría francamente bien.

No se me escapa que esta postura de tertuliano, digamos heterodoxo, solo tendría éxito si por algún motivo consiguiese incrementar la audiencia.

Hablando de desacelerar el alocado ritmo de vida que llevamos, de disponer de tiempo suficiente para dotar a la vida de sentido, recomiendo visitar la exposición “+HUMANS” en el Centro de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). Incita a especular sobre el futuro de los humanos en un mundo de robots, de manipulaciones genéticas y de relaciones sexuales con interacción sensorial mantenidas a miles de km de distancia. ¡¡¡Incluso encontraréis un casco que si os lo ponéis, viviréis vuestra vida a cámara lenta!!! Visité la exposición ayer. Da que pensar.

Saliendo de la exposición fui a la Rambla del Raval. Comí en una terraza, algo inquieto por lo que acababa de ver a la vez que fascinado por la diversidad del paisaje humano que me ofrecía mi ciudad.

La persona que me acompañó a la exposición, mientras comíamos me hizo darme cuenta de que estaba “en las nubes”, que vivía tan dentro de mí mismo que le resultaba poco empático con sus inquietudes y con la cotidianeidad que nos rodea. Lo cierto es que unos días antes, resultado de que la misma persona consideró que yo estaba “ensimismado”, discutimos sobre si el término “ensimismat” existía en catalán. He comprobado que parece tratarse de un barbarismo aceptable.

Es posible que esté ensimismado… Lo cierto es que, sin proponérmelo, sabía que Ada Colau había decidido conectar las luces de Navidad en las calles de Barcelona antes de lo que tenía previsto y que parece que todo está a punto para suspender la autonomía (¿qué autonomía?) de Cataluña y/o inhabilitar a Artur Mas. ¿Cómo lo sabía? El caso es que sin ver la TV, ni escuchar noticias en la radio, ni como quien dice leer periódicos y estando según parece adentrado en lo más profundo de mi mismo, me enteré de que las luces navideñas en Barcelona van a iluminarse antes de lo previsto. ¿No será que “el ruido es tan ensordecedor” que incluso los que vivimos reconcentrados en nosotros mismos acabamos por enterarnos de cosas que no nos interesan o incluso de cosas que preferiríamos no saber? En principio no preveo que mi vida vaya a cambiar mucho si la iluminación navideña se estrena tal o cual semana de qué sé yo que mes. Ya sé que a los comerciantes sí les importa. Bien, empatía con los comerciantes entonces. Pero… ¿va a costarnos más dinero a todos? ¿Tampoco mucho más, no? No tengo ni idea. Deberé seguir meditando sobre cómo repartir mi empatía. Tal vez algún tertuliano pueda reflexionar al respecto, pueda hacer la función por mi…

ERASMO DE ROTTERDAM

ERASMO DE ROTTERDAM

Ayer por la mañana hice más cosas. Dado que un amigo nos había recordado a los miembros de un chat -sí, sí, he dicho chat, me confieso pecador y reconozco formar parte de algunos chats- la obra de Erasmo de Rotterdam “Elogio de la locura”, me entraron ganas de releerlo, cosa que había hecho hacía años. Lo busqué por casa sin éxito y decidí ir a comprarlo aprovechando la ocasión para comprar una obra del mismo autor: “La enseñanza firme pero amable de los niños”.

No sé si Erasmo, en el caso de vivir hoy en día, sería periodista o tertuliano. Lo que sí que puedo afirmar es que, por ahora, asumiendo incluso el riesgo de no enterarme del día en el que las luces navideñas van a iluminar Barcelona, Madrid o New York, siento mucho más interés por lo que escribió Erasmo de Rotterdam hace más de 500 años y por su labor de recuperación de los clásicos para el humanismo, que por leer prensa o escuchar tertulias en los medios. Creo que este acto tan personal y egocéntrico, si me sirve para mejorar como persona, será también en beneficio de los que me rodean.

Pensaréis que no se trata de actividades mutuamente excluyentes. Seguramente no. Pero dejémoslo en “seguramente” puesto que tengo la sensación que el debate podría prolongarse bastante. Dado que no he tenido ocasión de comprarme el casco que ralentiza la vida y que muy a pesar mío no logro disponer de todo el tiempo que desearía para mí, prefiero no desperdiciarlo consumiendo porquería mediática. ¡¡¡Y es que no está el horno para bollos!!!

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6 comentarios sobre “ERASMO DE ROTTERDAM, LOS MEDIA Y LOS TERTULIANOS

  1. Veig que compartim alguns neguits Josep Maria. El mes de març també vaig penjar un post en el meu blog (http://mont-serratga.blogspot.com.es/) reflexionant sobre les tertúlies i els tertulians.
    Crec sincerament que ens falta molta cultura i formació per gestionar (moderar) els debats i per participar-hi com a ponents i més ara quan els media els han convertit en una mena d’espectacle, a veure qui la diu més grossa.
    Francament com dius tu sovint són molt tòxics i més que informar, tergiversen i distorsionen la realitat, en funció del propietari del media (8TV, Antena 3, Sexta, Cuatro, etc…)

    1. josepmariavia dice:

      Estem completament d’acord Montse.

  2. Completament d’acord. De fet, és curiós, he tingut de fa uns mesos aquest mateix desig de “desconnectar” dels Media i refugiar-me en el meu cas, perdoneu la pedanteria, en Montaigne. I també curiosament no cabo de “deixar de saber” més del que voldria de tot el complicat i quasi absurd entorn polític actual.
    Brillant com sempre Josep Mª.

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies Ferran. La cultura reforça la capacitat de reflexió i l’esperit crític. Parlo de crítica positiva, de debat que aporta. L’anomenada “informació” amb les excepcions que confirmen la regla, s’està transformant en una sobredosi de producte tòxic i adulterat. Millor Montaigne que alguns que es fan dir “periodistes”

  3. Molt de soroll a l’exterior, però també en els nostres pensaments i sentiments automatitzats que, de vegades, ofeguen la nostra veu més interior.

    1. josepmariavia dice:

      És cert. De tota manera jo crec que el primer determinant del soroll interior és el que ve de fora.

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