Mis compañeros del Cercle de Salut me han pedido un artículo en un momento en el que, a mi modo de ver, el sistema de salud catalán está en caída libre. Una situación sin precedentes que no augura nada bueno. Lo que voy a escribir no tiene por qué representar la opinión del Cercle de Salut ni de nadie, más allá de la mía propia.

No hay nada peor que no saber que no sabes y querer suplir tu desconocimiento con decisiones sin ningún fundamento técnico, derivadas de supuestas “ideologías” que que no son más que formas de populismo y/o irresponsabilidad en estado puro. Todo ello hecho desde un Govern que parece haber olvidado que cuenta con el apoyo parlamentario más débil de la historia desde que se restituyó la Generalitat. En las manos de Junts per Catalunya y del Partit dels Socialistes estaría acabar con esta exhibición de mediocridad, con este desastre, tan indigno y vergonzoso. Y quizás sea el momento de ponerse manos a la obra…

Todo el mundo se echa las manos a la cabeza ante los resultados del informe PISA, que compara nuestro sistema educativo con el de los demás, centrándose en las capacidades lectoras, las matemáticas, la cultura científica y las habilidades para enfrentarse a los desafíos de la vida real. Pero lo que hay detrás de este informe en concreto va mucho más allá de la enseñanza y del sistema educativo.

Mi amigo Xavier Roig acierta de pleno en su post “Un sistema públic en descomposició” (un sistema público en descomposición), en el blog ParlemClar.cat. Reproduzco un fragmento:

“(…) El sistema educativo catalán se degrada porque forma parte de un sistema público que hace años que se está degradando. Lo que podríamos llamar «sistema social» (…), tan necesario, se creó en los inicios de la Generalitat restaurada, en los primeros años Pujol. (…).

Al final de la era Pujol tocaba realizar algunas acciones por reposición: renovar métodos y procedimientos, también materiales, que habían quedado gastados por los años y porque el sistema que los había creado estaba orientado a la creación desde la nada cosas que no existían antes. Pero atención, el presidente Pujol se retiró y empezaron a aparecer gobiernos que no lo eran propiamente. Bajo la apariencia de un gobierno, había tantos como partidos lo componían. No hubo acción de gobierno con visión de país. Cada uno iba a lo suyo. Posteriormente, vino la Gran Recesión, que condicionó todas las acciones de gobierno hasta bien entrado el 2014. Luego ya sabemos lo que ha pasado. Pero en los últimos años, meses, la cosa se ha degradado aún más. El Govern es un ‘poti-poti’ de consellers y depende de un PSOE que, pese a lo que pacte y diga, quiere ver fracasar al Govern. Además, cabe añadir la ideologización de los servicios que comporta el apoyo de Comuns y CUP. Su influencia está resultando dramática para desmontar el sistema creado por los gobiernos Pujol y de cuya moma se iba tirando. Ahora, se están dando nuevos pasos orientados a destruir cualquier colaboración público-privada tanto en la enseñanza como en la sanidad el conseller de Sanidad ha reconocido que debe complacer a los Comuns y a los toca narices de la CUP.

No conviene engañarse, el toque de atención del informe PISA no es más que uno de los termómetros que nos señala una enfermedad: el mal gobierno. Hace veinte años que Catalunya no tiene quien la gobierne. La Generalitat es una gestoría caduca que administra unos bienes desgastados, que heredó de una época anterior. Ninguna acción de gobierno meritoria, ningún hecho. Nada. Un simple ir pasando tiempo. Madrid gobierna mal y la Generalitat administra mal”.

La alta capacidad política y conocimiento de consellers como Carles Campuzano, Joaquim Nadal, Natàlia Mas o Anna Simó (fue una buena consellera de Bienestar Social y Familia, y el desaguisado absoluto de Educación no la ha provocado ella), no son suficientes para conseguir que Catalunya ―como decía Xavier Roig― deje de ser el Alabama que es, para volver a ser el Massachusetts que fue.

En Salut, ahora mismo, sucede, exactamente, lo que describe Xavier Roig:

1) “Desmantelamiento del sistema creado por los gobiernos Pujol”.

Ya me imagino a los “pijoprogres oficiales”, desde su “indiscutible superioridad moral”, diciendo: “Cómo osa este convergente a poner de ejemplo al corrupto de Pujol”.

Pues bien, durante los años de mandato del “corrupto de Pujol”, siendo conseller de Sanidad Xavier Trias (el de las “cuentas en Suiza”) ―y dicho desde el orgullo de haber podido colaborar con estos dos grandes políticos, que lo eran, por contraste con los figurantes que tenemos ahora― el Parlament de Catalunya aprobó, el día 9 de julio de 1990, la LOSC, con los votos favorables de Convergència i Unió, Iniciativa per Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya, Partido Popular y Grupo Mixto, y con la abstención del Partit dels Socialistes de Catalunya. Rara vez una ley había generado tanto consenso. Incluso el Partit dels Socialistes habría votado a favor. La abstención fue fruto más de aspectos muy coyunturales del momento que del desacuerdo con el contenido.

Cabe remarcar que el destrozo de ese modelo sanitario catalán hace años que se inició tímidamente. Pero nunca con la desfachatez con la que lo está haciendo el conseller Balcells y su equipo. Lo hacen “a escondidas”. Intentando disimular. Pretenden hacer creer que se mantienen en el marco del modelo, cuando lo que está haciendo este Departamento es aplicar las políticas populistas de la CUP y de los Comuns y quizás de algún sector de ERC.

Lo cierto es que el pasado 9 de noviembre, a través de una moción subsiguiente a una interpelación al Govern de la Generalitat sobre el sistema sanitario, el Parlament de Catalunya instó al Govern a emprender una serie de acciones, que van en la dirección contraria de lo que está siguiendo el equipo Balcells. Y el Grupo parlamentario de ERC votó a favor de la moción (!!!), es decir, “contra” la política del conseller. Del mismo modo en que lo hicieron JxC, PSC, Ciutadans, PP, curiosamente los Comuns y el diputado no adscrito. ¡Prácticamente todos, excepto la CUP y VOX! Casi como ocurrió con la LOSC en 1990. ¡Ahora bien, en este caso, a diferencia de lo que sucedió en aquel momento ―y dado que las mociones no vinculan al Govern― el conseller Balcells y su equipo han seguido, como si nada! Y es que a este Govern le basta con que le aprueben el presupuesto. Por lo demás, sin llevar casi ninguna nueva ley al Parlament y gobernando como si la cámara de diputados no existiera, se quedan tan anchos.

¿Qué, en concreto, permite decir que Salut está consumando el destrozo del modelo sanitario propio de Catalunya? Pues el desmantelamiento de los principales objetivos, principios de actuación e instrumentos innovadores introducidos por la LOSC. A modo de ejemplo:

  1. Acabar con la ya bastante deteriorada separación de funciones de financiación y compra de servicios de la de provisión. Repito, esta pifia no es patrimonio de este gobierno. En 1996 ya encontramos tímidos pasos en la dirección contraria. Y, posteriormente, decisiones tan desafortunadas como nombrar al director del CatSalut presidente del ICS o la de nombrarlo presidente del SEM. La progresiva sustitución de personas relevantes de la sociedad civil en órganos de gobierno de instituciones sanitarias, por cargos políticos o funcionarios de la Generalitat, ha liquidado lo que era un buen modelo de gobernanza, para dar paso al control político de las instituciones sanitarias. Hoy no puede hablarse ni de autonomía de los órganos de gobierno de las instituciones sanitarias, ni de autonomía de gestión. El intervencionismo actual, sin precedentes, llega al control de posiciones de gerentes de centros y establecimientos sanitarios e incluso directores asistenciales y cargos de rango inferior. El objetivo final de disponer del control político centralizado del sistema, proporciona beneficios marginales en términos de “colocar” a militantes y simpatizantes en puestos de trabajo remunerados con fondos públicos. Se justifica hablando de la necesidad de (sic) “cierta ordenación” (!).
  • Terminar con la diversidad de proveedores. La integración de servicios en una red de utilización pública constituida por entidades de diversa titularidad jurídica ―sistema sanitario integral de utilización pública de Catalunya (SISCAT)―, que incluye la red de centros de internamiento y de centros y servicios sanitarios de ámbito comunitario de utilización pública de Catalunya, fue un gran avance. Era lo que llamamos el “aprovechamiento de todos los recursos existentes”, independientemente de su personalidad jurídica, con criterios de eficiencia y calidad y no ideológicos, como ocurre en este preciso momento.
  • Sustitución de cierta competencia planificada y regulada, por el control centralizado. Con la LOSC se pretendía cierta competencia que resultara estimulante, para obtener los mejores resultados posibles de salud, dentro del SISCAT. Pero esto exigía dar autonomía real a los centros. Sin autonomía, la profesionalización de la gestión es imposible. Ahora tenemos dirección política central. A pesar de que el Departament de Salut tiene todos los instrumentos y más para poder garantizar el servicio público (capacidad de planificar, regular, autorizar, acreditar, inspeccionar, sancionar…), los contratos con los proveedores se han convertido en una mera formalidad. “Papel mojado”. Lo que hay es una asignación presupuestaria discrecional bastante finalista, que no es ajena a que los centros sanitarios “se comporten como se espera de ellos”. No hablo de cláusulas contractuales razonables y transparentes. Hablo de criterios políticos de asignación.
  • Extinguir la diversidad de fórmulas de gestión. Esta diversidad y la riqueza que comportaba también se ha perdido. Se tiende a controlar cualquier entidad, independientemente de su fórmula jurídica, poniendo cargos políticos o funcionarios de la Generalitat en los órganos de gobierno. Se llega a sugerir a los proveedores privados que, para disfrazar las ganancias que creen que tienen (el 95% lo que tienen es cero ganancias y dificultades a final de mes para pagar las nóminas), maquillen el resultado transformándose en fundaciones sin ánimo de lucro. En una segunda fase, se les presiona para poner a dedo a personas de confianza de la Generalitat en los patronatos de las fundaciones.
  • Descentralización de servicios. Lo que hay es todo lo contrario: un control central creciente.
  • Desconcentración de la organización. Regiones sanitarias y sectores sanitarios. Desconcentración, sí que la hay. Descentralización, no.
  • Participación comunitaria. Consejos de dirección, consejos de salud, participación de órganos de gobierno de las instituciones sanitarias. Basta con ver los nombres de los miembros para tener una idea de la representatividad real (no la formal) de la comunidad.

2) Dar nuevos pasos orientados a destruir cualquier colaboración público-privada.

Sirva el ejemplo de actualidad de la llamada “internalización” de servicios de rehabilitación, para mostrar el grado de irracionalidad al que se puede llegar cuando lo que prevalece es el populismo disfrazado de ideología.

En este caso, el eslogan “no vamos a contribuir con dinero público al EBITDA de las empresas con ánimo de lucro”, se proclama a diestro y siniestro con un tono y una intención de equiparar la legítima retribución a los accionistas dispuestos a arriesgar para prestar un servicio público, a una especie de ladronzuelos caracterizados por prácticas “casi corruptas”. Si esta es la consigna, imagino que los cerebros privilegiados de los “apparátchiks” de la Generalitat ya sabrán de dónde sacarán los recursos para fabricar medicamentos, vacunas, equipamientos médicos ―y coches oficiales para los altos cargos―, para evitar que los “maléficos capitalistas” se lucren con el dinero público” (!).

Yendo al caso concreto de la internalización de la rehabilitación, en primer lugar, debe quedar claro que se irá exactamente en la dirección contraria del apartado 6 de la moción aprobada el 9 de noviembre por el Parlament de Catalunya, antes citada. No pasó ni una semana antes de que el Departament de Salut filtrara al periódico ARA la noticia de la internalización. Una burla en toda regla a la mayoría parlamentaria que recomendó otra forma de proceder. Todo esto sin tener en cuenta que se está trabajando en un Pacto Nacional de Salud. ¿No sería bueno que una alteración de algo tan importante como es el SISCAT formara parte de este pacto? ¿O es que se trata solo de un “bienquedar” de cara a la galería?

¿Quién debe asumir esta prestación? ¿La red de atención primaria, que, si antes de la COVID estaba con síndrome de burnout, después de la pandemia, lejos de levantar cabeza, plantea cada día más dificultades para realizar las tareas que le son propias? ¿La misma que debemos creer que, de forma generalizada, tendrá que asumir la atención sanitaria en las residencias de personas mayores? ¿Sí? ¿De verdad? Si lo creen, no saben de qué hablan. Si saben de lo que hablan, nos están tratando de imbéciles.

¿Lo harán los hospitales del SISCAT? ¿Los gerentes quieren hacerlo? Según dicen, no. Ciertamente, la presión ejercida por algunos gerentes territoriales del CatSalut sobre algunos hospitales que, en definitiva, saben que dependen de la asignación presupuestaria del CatSalut, puede explicar que, temerosos de sufrir sus consecuencias en el presupuesto asignado, digan en público que quieren internalizar el servicio. Exactamente lo contrario de lo que expresan en privado.

Todo esto sin entrar en consideraciones técnicas sobre la dificultad de cálculo de la tarifa de una prestación que tampoco es lógico que forme parte de una cartera de servicios hospitalaria, en especial la atención domiciliaria.

¿Lo harán los centros sociosanitarios, con recursos insuficientes para atender la demanda, como demuestran las elevadas tasas de hospitalizaciones inadecuadas de personas mayores en hospitales de agudos? Quizá alguno ―Pere Virgili, por ejemplo. Tampoco le quedaría otro remedio si le obligan―, pero…

Internalizar este servicio, contrariamente a lo que dijo el conseller Balcells en el Parlament, no será más barato. Calculamos que, de entrada, el sobrecoste puede estar en torno al 50%, básicamente por la obligada subrogación del personal, con una recurrencia anual aproximada del 30%. Todo ello en un contexto en el que, en una reciente reunión de la Comisión de Sistemas de Pago del CatSalut, se expuso la situación dramática del cierre de ejercicio, sin poder garantizar que los pagos a los proveedores del SISCAT, se pudieran realizar en tiempo y forma. ¿Cómo se explica que, en esta situación, por razones supuestamente ideológicas, se opte por incrementar el déficit sanitario, en definitiva, el déficit público de la Generalitat? Sería interesante saber qué piensa la consellera de Economía. Yo lo he intentado, pero no he obtenido respuesta.

Como lo sería saber qué opina el conseller de Empresa y Trabajo que, pese a que su carrera profesional se limita a haber sido técnico de la administración local y a dedicarse a la política desde muy joven, debemos suponer que debería poder valorar qué significa que una decisión frívola y caprichosa de Salut, lleve a la ruina a una serie de PYMES. Los proveedores que ahora el Govern quiere expulsar del SISCAT, son empresas prestadoras de servicios públicos de calidad, muchas de ellas desde hace treinta o más años, que han invertido en infraestructuras, conocimiento, investigación e innovación, para ofrecer estos servicios con la máxima solvencia, trabajando en red y con sinergias con todos los proveedores del SISCAT y, ojo, proporcionando un servicio de proximidad que no está al alcance de los hospitales (ni de los CAP, ni de los sociosanitarios): no disponen de tantos puntos de atención. ¿Ahora las destruirán, para que los mismos trabajadores atiendan a los mismos pacientes con más incomodidades para estos, y a un precio considerablemente mayor?

¿Y después qué? ¿Seguirán destruyendo tejido empresarial con la internalización de los servicios de hemodiálisis, los sociosanitarios o los que convenga, emulando, en el campo sanitario, el Complejo Militar Industrial de la Unión Soviética, para tener contentos a los anticapitalistas del Parlament y que no le saquen los colores al conseller Balcells en los medios de comunicación?

¡El despropósito es tan monumental, que no hace falta ni “informe PISA sanitario” para echarnos las manos a la cabeza cuando vemos en manos de quién estamos! Señores de Junts per Catalunya y del Partit dels Socialistes de Catalunya: ¿Os habéis preguntado por qué el conseller Balcells está tan ocupado en contentar a la CUP y a los Comuns y le da igual lo que le indicáis a través de mociones parlamentarias? ¿No creéis que, si esta gente continúa con ese destrozo, tocaría hacer una moción de censura?

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