VISTA DE LA CONCA DE BARBERÀ DES DEL SANTUARI D'EL TALLAT

VISTA DE LA CONCA DE BARBERÀ DES DEL SANTUARI D’EL TALLAT

El Watergate, la Casa Blanca y el atentado yihadista de París, ahora y aquí, quedan lejos. Tengo más cercano el Monasterio de Vallbona de les Monges, el santuario del Tallat y pueblos de viejos amigos como Llorenç de Vallbona y Belianes. Como decía en el último post, la caída del muro de Berlín está lejana a pesar de que aún no la hayamos digerido. Más lejos queda, no obstante, la desaparición de la baronía de Vallbona, aunque ahora me parece más cercana. Estoy en Montblanquet, en el Urgell, en la Vall del Corb.

Volviendo al post anterior, un amigo comentaba que los problemas de la humanidad parecen ser los mismos al largo de la historia y concluía que es necesario transformar al hombre en el sentido de mejora de la humanidad. La paz y el silencio (por supuesto el interior, pero también el exterior), los asocio a mejora…

Cae en mis manos el libro “Historia de Montblanquet” de Jancinto Bonales Cortés, en el que se puede leer:

“El silencio, en el ámbito rural, no existe. Es un concepto urbano. Y precisamente este silencio es el que ha vivido el pueblo a partir de la década de 1980: su recuperación bajo el nuevo modelo de segunda residencia de aquellos que buscan la paz y el silencio del entorno natural (…)

La emigración de los jóvenes profundizó en la incapacidad de innovación y de especialización productiva, y el proceso de urbanización y la construcción del estado del bienestar reforzaron la pauta migratoria. Esto culminará en la dificultad de retorno al pueblo –como instalación definitiva en la jubilación- a causa de la sociedad de consumo urbana y de las carencias en sanidad y servicios asistenciales del mundo rural.

En el año 1965 sólo había tres casas abiertas en el pueblo, y tan solo había dos jóvenes en una de ellas, jóvenes que aunque empadronadas en el pueblo, en 1970 ya trabajaban en Barcelona. En 1981 el censo declaraba el lugar como abandonado, aunque el matrimonio formado por Ramón Fabregat (ya jubilado) y Carme Miró continuarían empadronados aquí (…) En el padrón municipal de 1986 se recogen los dos habitantes indicados como los únicos del pueblo, pero se indica la existencia de dieciocho casa como segundas residencias…”.

¡Qué paradoja! Las personas necesitamos la paz y el silencio. Pero el modelo productivo y “el estado del bienestar” atraen a la gente hacia el ruido. La adicción al consumo y a la multiplicidad de servicios en la puerta de casa hacen que, en el mejor de los casos, se pueda disfrutar de la naturaleza y el silencio en formato segunda residencia. Hasta el punto de que ni los jubilados –al menos en el caso que nos ocupa- vuelven al pueblo. Queda el recuerdo, la memoria, la nostalgia, la idealización vivida desde la contradicción de anhelar el silencio y no ser capaz de abandonar el ruido. El recuerdo y la memoria, como la inteligencia, son emocionales.

Mirad sino que dice mi querido amigo Josep Capdevila i Vila, el Dr. Capdevila, en su blog –que os recomiendo-, The Ladies of Vallbona:

Aquí escribiré, vivencias, (¿tal vez memorias?) sobre mi pequeña patria el Urgell y mi pueblo de Llorens y comarca, historias de toda clase, además de recuerdos acumulados durante 65 años; de mi vida nómada. Tendré presente a mi familia, el ejercicio de la medicina, la vida campesina muy rica para todos nosotros y la relación con los buenos amigos. Es posible que todas estas historias que escribo no tengan ningún otro interés que para mí y mi familia. Ustedes mismos”.

Si no fuera por Pep Capdevila no estaría ahora escribiendo desde la Vall del Corb y recordando tantas cosas vividas, evocando vivencias –como él hace en su blog-, reviviendo emociones del pasado. En definitiva, tejiendo biografía. Construimos el hoy recordando el ayer, selectivamente tal vez, sesgadamente seguro, idealizando probablemente. Pero revivir algunos recuerdos alimenta el alma.

En el post de 1 de noviembre de este blog decía: “(…) De la misma forma que cuando menos lo pretendes algo de ti queda en lo que escribes, cuando ve a saber qué o quién te impulsa hacia el género biográfico, en especial autobiográfico, lo que relatas puede reflejar mucho, bastante o muy poco el personaje –tú mismo u otro- sobre quién relatas.

DR. JOSEP CAPDEVILA I VILA

DR. JOSEP CAPDEVILA I VILA

Conocí a Pep Capdevila en el periodo comprendido entre la muerte de Francisco Franco y la del Papa Pablo VI.

Empezaba mis estudios de medicina y él cursaba el segundo año de la misma disciplina. Enseguida me habló del Urgell, de Llorens (o Llorenç), de Rocafort (o de Vallbona), del aceite con DO Garrigues, de la Vall del Corb y, hombre de Fe como es, del Monasterio de Vallbona de les Monges que no sé si conoce tanto como el de Montserrat, que lo conoce muy bien. También me habló de Girona y de las peregrinaciones a Lourdes, y con los años he disfrutado escuchando sus vivencias como médico humanista rural. Por encima de todo, no obstante, debo destaca la grandeza de su alma, la sencillez que le caracteriza y la entrega al prójimo.

Me impresionaba cómo me hablaba del profundo agradecimiento hacia sus maestros, que para él fueron “maestros de vida”. Desde el Sr. Ramon Capell y Solsona (maestro de la humilde escuela de Malda, que lo fue también -según explica el Dr. Capdevila en su bloc- del periodista Lluís Foix, natural de Rocafort de Vallbona), hasta el catedrático de anatomía humana de la UAB y eminente embriólogo Josep Ma Domènech i Mateu, pasando por el que pudo aprender de jesuitas tan diversos como Miquel Batllori o el controvertido padre Guasch (un buen amigo de mi padre que tuvo que abandonar la Compañía de Jesús) o el monje de Montserrat Lluís Duch. Recomiendo el post de Capdevila de 2 de marzo de 2001 en theladiesofvallbona.blogspot.com.es, titulado: Sobre cómo se educaba en la Baixa Segarra, ahora el Urgell, en los años 60. Así lo recuerdo yo. Capdevila, por humildad no lo reconocerá nunca, pero para mí, aparte de un gran amigo, es un maestro. Y juntamente con otro amigo de la Vall del Corb, mi proveedor de aceite de calidad y saludable, durante años, mientras las circunstancias lo han permitido. Ahora soy adicto.

El día 29 de junio de 2013 yendo en dirección Lleida, en vez de salir en Cervera como suelo hacer, continué hasta Tàrrega, de allí fui hacia Sant Martí de Maldà i Maldà, hasta llegar a Llorens de Rocafort. Nunca antes había estado allí. Me gustó mucho lo que sentía, a pesar del calor que hace en verano en estas tierras y a pesar del motivo del viaje: asistir al entierro de la madre del Dr. Capdevila en la pequeña iglesia de Llorens, construida entre los siglos XIII y XIV. La gente la llenó rápidamente y la mayoría seguimos la ceremonia desde la plaza donde había instalados unos altavoces. Todas las muertes son difíciles de afrontar. Cuando son inesperadas y fruto de un accidente, como fue el caso, la emotividad tiene unas características propias. El abrazo de pésame al amigo en esta tierra grande, pero dura, provoca ahora el revivir del recuerdo al que me refería antes. Con la emoción que supone salir a la calle en Montblanquet, escuchar el silencio y sentir el frío y sentir cerca aquel momento, cuando menos por la proximidad física del ambiente.

Decía antes que el mundo ruidoso, la sociedad de consumo y “bienestar” en la que vivimos ha expulsado a la gente joven de los pueblos. El significado del amor ha cambiado. El culto al Yo, el pretender “amar” como experiencia individual sin pasar por “el otro”, el hecho de que la lógica del consumo parezca infiltrarse en el mundo de la pareja (todo caduca cada vez antes y se tiene que reponer, sustituir lo que es viejo por la novedad), hace que algunos recorran a los principios clásicos sintetizados en la tesis de San Agustín, según la cual el amor no es consumo del otro, sino un don de uno mismo que engrandece a quién se le entrega. El mundo no es de uno. Es de dos.

Tan claro tenía este sentimiento Sisquet Capdevila, padre de mi amigo, que gravemente herido en el mismo accidente que provocó la muerte a su esposa –mientras la enterraban a ella, él estaba en cuidados intensivos-, como le pasa a mucha gente mayor –él tenía 91, murió al cabo de un año y medio. No quería seguir viviendo, así lo expresaba serenamente y murió en paz.

El 9 de enero de 2015 volví a Llorens de Rocafort, a la misma iglesia, para asistir a la ceremonia religiosa y al entierro de Sisquet. Hacía frío. Mucho y mucho frío. Día gélido de niebla lluviosa en el que sí pude entrar en la iglesia y vivir el sentimiento que ahora revivo. Tal vez edulcoro el recuerdo pero el sentimiento, a pesar de ser el mismo, tenía matices diferentes. La muerte no fue imprevista. Era esperada y deseada por el difunto. Todos estábamos más reconfortados.

Del cementerio recuerdo el trabajo minucioso del albañil que fue construyendo allí mismo, con mucho oficio, la lápida artesanal que sellaba la tumba. Mientras duró el trabajo y se rezó, todos teníamos los pies helados y, a pesar de la ropa de abrigo, esa niebla húmeda –como si de un espíritu se tratara- penetró hasta lo más profundo de nuestro interior. Como dice el Dr. Capdevila: “Un clima muy familiar para mi padre. Estos días los había vivido como lo más natural del mundo”. Nosotros no éramos tan fuertes. En ningún sentido… El calor de la casa y de la comida que no ofrecieron en su hogar la familia Capdevila, y sobre todo su calidez, permitieron que nos rehiciéramos.

Aquel día me prometí a mí mismo que volvería a visitar y gozar de esta tierra dura y amable. Y aquí estoy. Viviendo como vivo habitualmente en el ruido, agradezco este silencio. En Montblanquet no se oye ningún ruido. En el Santuari de Tallat tampoco. Ni en El Vilet. Ni en Llorens, donde hoy he vuelto y me he aproximado a la iglesia pero estaba cerrada. En Vallbona y en Rocafort de Vallbona alguna alma se dejaba oír. También algún ladrido de perro. Pero aún así… mucho silencio. He entrado a la cooperativa y un chico joven me ha explicado espontánea y amablemente el funcionamiento del que aún llaman “molino de aceite”, a pesar de tratarse de máquinas motorizadas.

ESGLÉSIA DE LLORENS DE ROCAFORT, S. XIII-XIV

ESGLÉSIA DE LLORENS DE ROCAFORT, S. XIII-XIV

En Belianes había mercado y por tanto más animación. Ya había comprado aceite allí en el primer viaje que hice a esta tierra. También lo hice en la cooperativa Maldà. Hoy, un payés amable, como toda la poca gente que he encontrado por ahí, me explicaba detalles de su trabajo con el catalán de poniente. En algunos balcones unos rótulos indicaban que “la aceituna tiene que ser prensada en cuanto es recogida” y que “el payés cree que el olivo es inmortal, por más que se arruine, siempre vuelve a rebrotar”. Me hace pensar en otras cuestiones de actualidad… En el interior de la iglesia del pueblo, una señora, también muy amable, me ha hecho notar la existencia de unos frescos restaurados hace relativamente poco tiempo.

Si el bullicio del mundo os agobia, os recomiendo una estancia en la Vall del Corb. Y aunque el estallido de decibelios y el ruido constante no consigan haceros perder ni tan solo perturbar vuestra paz interior, también os lo recomiendo. Tal vez sentiréis el cielo más cerca de lo que ya lo sentís habitualmente.

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5 comentarios sobre “DE WASHINGTON A LA VALL DEL CORB

  1. Gràcies, Josep Maria, per compartir no únicament les teves vivències, sinó també sensacions i emocions que podem experimentar mitjançant la màgia de l’escriptura.

    1. josepmariavia dice:

      La màgia de l’escriptura. Un vehicle extraordinari per compartir!

      1. josepmariavia dice:

        Després de contestar-te Guillermo, una lectura de Francesc Torralba, citant Jaume Balmes a propòsit del talent, em porta a una reflexió addicional. El talent és un do, no un mèrit ni el resultat d’un esforç individual. Entenguis talent com allò per el que s’està més naturalment dotat. Tots sabem fer unes coses millor que unes altres. No es tracta necessàriament d’ésser superdotat ni tant sols molt bo en allò que saps fer millor. Simplement és el que millor et surt i potser ets molt mediocre.

        Balmes associa descobrir el propi talent amb la felicitat i el benefici col.lectiu. Si aprofundeixes en allò que millor saps fer i ho ofereixes a la societat, et sents útil i això et fa feliç.

        Sóc tant conscient de ser mediocre escrivint, com que sempre m’ha apassionat fer-ho i per això m’hi dedico. Poder compartir, no només opinions, també vivències i sentiments, em fa feliç.

  2. yolanda dice:

    Josep M.

    Gràcies per compartir amb els teus posts una part tant teva que ens permet coneixe’t una miqueta més , i alhora gràcies per compartir les teves vivències amb el nostre amic Dr. Capdevila, com tu dius un home amb una ànima enorme, un ésser senzill i proper que fan d’ell una de les millors persones que he conegut.

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies a tu pel comentari Yolanda!

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