desdelasegarra

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El verano está a punto de terminar y ayer el Espanyol perdió en casa contra el Real Madrid… ¡Business as usual!

España sigue sin presidente, lo que como ya ocurre habitualmente con las derrotas del Espanyol contra el Madrid, puede dejar de ser noticia.

En Cataluña no estaba claro si la gente saldría a la calle el 11 de septiembre y, una vez más, la gente salió, de forma masiva, por quinto año consecutivo. La tía María, Guifré de Gracia y otros tantos siguen enfadados. Incluso el venerable señor Masblanch, hombre de orden, austeramente elegante y contenido no puede disimular que ya tiene más que suficiente…

Mes de septiembre para descartar grandes problemas de salud y resolver algunos menores. El contacto con el hospital me permite revivir ciertas dificultades que deben afrontar los profesionales en su día a día en el sistema sanitario público. Y me conecta de nuevo con mis interrogantes en torno al balance beneficios/riesgos para la salud, de la hiperespecialización médica.

Ya lo viví cuando hacía el doctorado, la base teórica del cual era la teoría de la organización. La pretensión en ese caso era la de dividir para integrar. El todo organizativo era el resultado de diferentes formas de división del trabajo para hacer funcionar la organización como un todo. Comparable hasta cierto punto con el cuerpo humano…

El hombre y su circunstancia, su medio, es la suma de varias dimensiones. Si nos referimos a la psíquica, la física y la social, hasta aquí suelen ser aceptadas teóricamente hablando. Incluso aquellos profesionales de la salud que se han especializado en fragmentos de ADN que examinan durante años y años, suelen aceptar que el hombre es un ser bio-psico-social y que su salud depende de estas dimensiones. Tampoco hay mucho problema para aceptar la dimensión espiritual como constitutiva del hombre. Ahora bien, relacionarla con la salud… Como mucho se hace a través de la dimensión psíquica. Hasta aquí la teoría.

La práctica… Esto ya es otra cosa. El volumen de nuevos conocimientos que obliga a la superespecialización y a la creencia de que fuera del método científico no hay nada, conlleva que el hombre en el preciso momento que interacciona con el traumatólogo por ejemplo, no sea mucho más que un menisco por ejemplo. Ni siquiera es una cadera ya que para eso está el traumatólogo que solo hace caderas, diferente del que solo hace rodillas…

Prevenir la enfermedad, mejorar la salud y con mucha suerte curar algo, es una actividad que me cuesta entender desde la pérdida de la visión integral, multidimensional y compleja del hombre. Admito que tengo un problema mal resuelto ya que entiendo las ventajas de la superespecialización. Pero en este rompecabezas me faltan varias piezas. Mucho más allá del romanticismo reclamo la figura del médico que escucha, dialoga, explora con las manos al enfermo y se interesa por el conjunto de su vida. Sí, ya sé que en la pública no hay tiempo… Ni en la privada casi tampoco, porque de hecho no hay tiempo ni para vivir. Hay tantas y tantas cosas que hacer que no se puede pensar, ni vivir en conciencia. Ni visitar a un enfermo con los cinco sentidos, el cerebro y el alma.

En efecto hay muchas cosas por hacer y afortunadamente muchos hechos, conocimientos, situaciones que estimulan la curiosidad. Algunos lectores os habéis referido en ocasiones a mi afición por interrelacionar cosas. Es que creo que todo está relacionado, y consciente de mi limitación para comprender el todo, no me conformo con especializarme en una parte. Quizás hubiera sido más feliz viviendo en la época de Leonardo da Vinci a pesar de la limitación del conocimiento en relación a nuestro tiempo. Pero juntar conocimiento, arte y progreso bajo ideales humanistas tras una Edad Media decadente, me parece más estimulante que buscar desesperadamente -como hacemos ahora- un nuevo paradigma para vivir y hacerlo sin demasiadas pistas, más allá de saber que lo que durante años hemos dado por más o menos bueno, ahora es obsoleto. De hecho en la Edad Media no todo fue oscuridad y decadencia. La filosofía globalista de Ramon Llull en el siglo XIII, propugnaba la máxima visión de conjunto, holística, universal. Si entonces el “saber poco de mucho” tenía sentido, ahora -aunque pueda parecer insensato por el volumen de conocimiento existente- aún tiene más si lo que se persigue es no perder de vista la “naturaleza humana del hombre”, valga la redundancia -desgraciadamente- más aparente que real.

Es duro tener que vivir con un marco de referencia -globalmente hablando- obsoleto y no tener ni idea de cuál puede ser la alternativa. Estos días he leído una entrevista al filósofo John Gray. Destaco lo siguiente: “(…) La estabilización que parecía haberse alcanzado tras la crisis financiera era un camelo. El tipo de capitalismo desigual que existe hoy en día es intrínsecamente inestable, y no puede legitimarse democráticamente. El error de los pensadores progresistas de todos los grandes partidos ha consistido en imaginar que era posible aplacar el descontento de grandes sectores de la población ofreciéndoles lo que en el fondo era una continuación del statu quo”.

En las últimas semanas me he encontrado algunos altos cargos y directivos de empresas públicas de la Generalitat que si bien en público alaban la Ley de Transparencia, en privado consideran que no tendrá ningún efecto sobre la corrupción y sí lo tendrá en cambio en detrimento la gestión pública eficiente. Uno de ellos se quejaba de que no sé en qué formulario o pantalla, lo primero que aparecía era el salario, los regalos recibidos y los viajes hechos. Se quejaba en el sentido de: “¿Pero qué imagen estamos dando cuando inducimos que lo primero que hay que pedir es esto? ¿Regalos? ¿Viajes? ¿Pero de qué van?”. En efecto, si lo que más interesa es eso, parece que se parta de la presunción de culpabilidad…

Comprendo estos comentarios. Y sé que la única utilidad que tendrá hacer públicos los salarios, además de ser un estímulo más a la expulsión de talento del sector público -sí, sí, he dicho talento, no he dicho corrupción-, será chismorrear y hacer demagogia barata en la prensa. Se ha asociado cobrar poco a ser honesto, hasta el punto de que hoy he escuchado por la radio que incluso políticos de Podemos, han señalado la dificultad de trabajar a dedicación plena y exclusiva, sin horarios ni descanso, con una remuneración progresivamente decreciente adoptada como símbolo de integridad.

Dicho esto, pienso que Gray tiene razón en gran parte. ¡¡¡Nunca nadie tiene toda la razón!!! Pero tiene razón en el sentido de que determinados hechos parecen inverosímiles o irracionales porque a quien se lo parece le cuesta creer que el futuro pueda ser diferente del pasado reciente… Es decir, se empeñan en continuar con las mismas recetas de siempre -no conciben otras- e ignoran el daño que han hecho a tanta y tanta gente que reacciona visceralmente con todo tipo de propuestas hechas desde la desesperación, la rabia, la impotencia.

Yo creo que el futuro será paradigmáticamente diferente. Pero también pienso que cuando se está lejos de imaginar el nuevo marco de referencia y lo único que se sabe es que el actual está rebasado y provoca daños colectivos inadmisibles desde la perspectiva del respeto al hombre; en esta situación desconfiar de algunas “novedades” no significa pretender seguir viviendo con modelos caducos.

Para mí la Ley de Transparencia tiene valor como respuesta, como síntoma de agotamiento de un sistema, como trecho de un camino que a saber cómo acabará y si acabará con medidas de este tipo o de otros que no nos podemos ni imaginar. No tiene valor de solución en sí misma, pero detenerse aquí es insuficiente.

El establishment no se ha esforzado mucho en querer entender en profundidad los motivos del descontento, y por eso pasan cosas “sorprendentes” expresión de la más o menos revolución, que según el lugar y el momento se expresa de formas diversas. Desde apostar por Trump, a hacerlo por Le Pen o los neofascistas alemanes, pasando por Podemos y, por qué no, en algunos casos, optar por el independentismo catalán cuando nunca antes se había considerado esta opción de forma consistente.

Gray, como ciertos militantes de la izquierda manifiestan que el término populismo usado por el establishment de siempre, por los conservadores, es un insulto que lo único que hace es poner de manifiesto el desconocimiento de la realidad de la gente común y corriente y/o el menosprecio hacia estas personas. Desconocimiento o menosprecio de los votantes potenciales en el caso de los políticos. Algo parecido dicen de los que criticamos la prensa sensacionalista…

Bueno, vamos por partes. Yo creo que tan cierto es que muchos de los que critican el populismo son incapaces de entender las razones reales que mueven a la gente de la calle, como que muchos populistas conocen perfectamente la dureza de las circunstancias personales que rodean a mucha gente que sufre y no tienen ningún escrúpulo a la hora de manipularlas. No deja de ser sintomático que los partidos de “la nueva política” hayan caído tan rápidamente en los tics de la política de siempre.

Lo mismo ocurre con la actualidad informativa. Más allá de la prensa reconocida como sensacionalista, el sensacionalismo, el amarillismo, ha ido impregnando todos los Media.

Tengo un amigo que a menudo me reprocha que me desentienda de la actualidad y cuando le digo que si lo hago es porque soy menos feliz después de leer el periódico que antes, me insiste en que no puedo desentenderme. Yo matizo diciendo que, efectivamente, me desentiendo de la actualidad tal y como la explican (manipulan, ensucian, utilizan perversamente) demasiados Media. Pero no me desentiendo de muchos de los problemas reales que esconde, distorsiona, ignora, la actualidad informativa.

Más allá de la patética incapacidad del establishment por -querer- enterarse de lo que de verdad pasa, más allá de la falta de sensibilidad hacia los que sufren desgracias de las de verdad, inhumanas, en esta transición entre lo que es conocido y ya no sirve y lo que deberá servir pero todavía no ha llegado -ni siquiera se intuye-, el populismo y una concepción perversa de la actualidad existen y sus intenciones no son mejores que las de los del establishment, entre otras cosas, porque muchos de estos forman parte del mismo o se esfuerzan por acceder a él.

Si tuviera que escoger, sin embargo, qué ha marcado más este inicio de curso, no hay duda de que ha sido el hecho de tener a los dos hijos viviendo fuera del país, lo que implica adaptarse a un ecosistema vital nuevo en un mar de pensamientos y sobre todo de sentimientos ricos e intensos. Sigo pensando que es muy recomendable y positivo vivir una parte de la propia vida en el extranjero. Yo tuve la suerte de poder hacerlo y considero que marcó mi tránsito terrenal positivamente. Con todo, y más allá de aquella preocupación de muchos padres de ahora -y creo que de antes y quizás de siempre- sobre qué mundo dejaremos a nuestros hijos, lo que ha llevado a mis hijos lejos de casa tiene mucho más ver con la globalización y las dinámicas de este sistema obsoleto al que me refería antes, que no lo que me llevó a mí.

Algunas celebraciones entrañables de cumpleaños de amigos y de parejas de amigos, han marcado ysetembre2 marcarán aún este mes de septiembre. Sensaciones positivas y sentimientos bonitos y agradables. Los cumpleaños sirven para hacer balance y -si queréis contando con la ventaja de que con el tiempo los malos recuerdos quedan mitigados- poner en valor el amor, la capacidad de superación de pruebas duras, los valores sólidos, el derecho a volver a empezar, la lucha por la felicidad, la renovación del espíritu familiar cuando la vida ha llevado a romper la familia tradicional… Todo esto ha caracterizado estas celebraciones y también la sensación de que los años ponen las cosas y las personas en su lugar, que hacer las cosas bien tiene premio y que si no lo tiene, la madurez ayuda a comprender y aceptar que la falta de reconocimiento también forma parte de la vida…

¿Y qué más? Pues que el Barça metió siete goles al Celtic de Glasgow y que un buen amigo que se fue de vacaciones a finales de julio, aún no ha vuelto ni falta que le hace… Yo tampoco habría vuelto pero aquí estoy. Ya os iré contando más cosas…

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4 comentarios sobre “COSAS DE LA VIDA CUANDO EL VERANO ACABA

  1. Alejandro dice:

    Como…..casi siempre, muy acertado y sugerente! un abrazo y continúa así!

    1. josepmariavia dice:

      Muchas gracias Alex!!!

  2. Com diu en Alejandro “sugerente” de moltes coses, no sabria avui per on començar. Segur que tornaràs a escriure sobre algun dels temes …

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies pel comentari¡

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