“Estás escribiendo menos”, me dijo un amigo judío la penúltima vez que lo vi. Como yo le contesté que “si no escribo, mala señal”, la última vez que nos vimos se despidió de mí con un “¡escribe, por favor!”.

En realidad no escribo menos. Publico menos. Algún día los textos que escribo y por ahora no hago públicos, quizás verán la luz. Admito que últimamente he practicado la autocensura, convencido de que en el Estado español no hay suficiente seguridad jurídica para expresarse libremente. No es por azar que hace tiempo que, sobre determinados temas, no escribo… Pero esta no es la única razón, ni la principal.

Por ejemplo, dejé de ser secretario del Gobierno de la Generalitat de Catalunya el día 31 de diciembre de 1999. Durante aquellos años escribí mucho. Escritos con inevitable contenido político involuntario como valor residual, pero sin que este fuera en absoluto el propósito. Se centraban en asuntos, situaciones, personas y personajes que por una razón u otra me resultaban curiosos, singulares o simplemente ridículos. Pienso sobre todo en situaciones generadoras de profunda vergüenza ajena -¡según cómo cómicas o trágicas o tragicómicas, !yo que sé!- ligadas al “vasallaje” que rodea el poder. Los “numeritos” que había visto hacer a algunos consejeros de diferentes gobiernos -y también a ministros con los que teníamos trato, como por ejemplo un tal Mariano Rajoy Brey, registrador de la propiedad, que por aquel entonces ejercía de ministro de Administraciones Públicas- para no ser expulsados ​​del poder y pasar a aquella terrible situación que se describía como que de repente, el teléfono deja de sonar. ¡Nadie quiere ya hablar contigo! ¡¡¡No eres nadie!!! ¡¡¡Madre de Dios, qué drama!!! Lo guardo en libretas. Son manuscritos.

Pero después continué escribiendo a mano y antes también. Actualmente sigo escribiendo mucho en papel. Sí, quizá sí que algún día, alguno de estos escritos lo publicaré en el blog o donde sea… Por ahora, mejor que no…

En efecto, como decía, si no escribo, mala señal. Pero por las razones expuestas la actividad del blog no sirve muy bien como “termómetro”…

Durante el mes de julio pasaron cosas para mí bastante importantes. Seguro que mucho menos interesantes para muchos que las aludidas anteriormente que tienen que ver más con la miseria de las almas que con la parte más bonita del ser humano.

Para empezar cumplí 60 años y coincidió con un período de muertes prematuras e inesperadas, y de problemas de salud en personas jóvenes, cercanas por personas interpuestas. No hay duda de que tal coincidencia me ha hecho valorar más el hecho de cumplir años y de hacerlo con suficiente calidad de vida. Ya lo sabemos, ¿verdad?: “Añadir años a la vida y añadir vida a los años”. Formo parte de una mayoría -diría que mayoritaria- a la que determinadas noticias nos llevan a revisar si de verdad estamos viviendo como quisiéramos, como de verdad entendemos que tiene sentido vivir o… demasiado a menudo la “vorágine” del día a día nos sitúa fuera de donde quisiéramos estar.

Tengo que confesar que durante las semanas previas a mi 60 cumpleaños sentí un cierto vértigo. Pero una vez cumplidos… la vida sigue. Por ahora el mejor recuerdo que tengo desde que cumplí 60 años es la celebración de los mismos. En 60 años, más allá de posibles celebraciones infantiles que no recuerdo, todas han sido restringidas a la familia más cercana, excepto las correspondientes a los años 49 y 50. Tenía razones muy personales para hacer las celebraciones que hice, originales -en especial la de los 49- y bien diferentes la una de la otra.

La de los 60 ha sido realmente en la línea mencionada de intentar vivir como uno quiere vivir. Lo más importante son las personas que asistieron, pero no quiero obviar dos detalles menores comparados con las personas, pero no despreciables y a los que me referiré antes de entrar a lo que es más sustancial. El lugar elegido y el cocinero. Hay que decir que la celebración consistió en una comida con una larga y agradable sobremesa.

Si os queréis hacer una idea del lugar, tendréis que buscar en el blog el post “Allí donde vive Steve” del 17 de marzo de 2017. Mis 60 años los celebré, precisamente, allí donde vive Steve. Me acompañaron mis familiares directos y un reducidísimo grupo de amigos. Reducidísimo porque amigos, lo que se dice amigos, amigos, los de verdad, en ocasiones más importantes que la familia, hay pocos. Aparte, allí donde vive Steve no cabrían todos los pocos buenos amigos que tengo. Los poquísimos que había representaban un -de todos modos reducido- grupo de amigos a los que no podía invitar porque el espacio donde vive Steve, da para lo que da. Me faltaban al menos cuatro con sus respectivas parejas. Debo decir, sin embargo, que he llegado a los 60 triste por el distanciamiento que se ha producido con amigos de aquellos que llamamos de toda la vida. Estamos instalados en realidades demasiado alejadas. Confío en que en el futuro nos encontraremos…

Vamos al cocinero que, de forma indirecta me permitirá entrar en la magia que llenó la celebración de los 60, muy ligada a mis hijos. No creo que sea capaz a los 60 de referirme a nada ni a nadie más íntimamente importante para mí que mis hijos. Sobre todo si tenemos en cuenta que, por ahora, de los dos que tengo, uno vive en Chile y otro en Alemania.

El cocinero era Edu. Él, mi hijo pequeño y la pareja de este iban juntos a la escuela desde que eran niños. Un apasionado de la cocina que desde los 16 años se ha pasado horas y horas en cocinas de diferentes tipos de restaurantes, algunas de ellas con alguna “estrella Michelin”, sin que ahora haya que debatir el significado que pueda tener o dejar de tener esto. No era fácil combinar la exquisitez culinaria que es capaz de conseguir este chico con las condiciones que ofrece una pequeña cocina de una casa con utensilios e instalaciones más que rudimentarios. Y conseguir un buen resultado teniendo en cuenta que el material (¡alguno de él medio precocinado, qué remedio!) vino desde Barcelona en un día en que la temperatura sobrepasó los 40 grados y la humedad era la propia de cuando con estos calores estás no muy lejos del mar. ¡¡¡A mí, sin embargo, que me gustan los contrastes, ver servir aquella comida con una vajilla escasa y servilletas de papel, me conectaba con la idea mencionada de lo esencial y lo accesorio!!! Y que el cocinero fuera un amigo de mi hijo, persona que otorga gran valor a la amistad y conserva a los amigos durante años… ¡¡¡Qué queréis que os diga: todo quedaba en familia!!!

Si os hablo de regalos me temo que será difícil que me creáis sobre lo que decía de lo que cuenta y lo que es secundario. Quizás si me refiero a los regalos como símbolos, símbolos de sentimientos y de vínculos estrechos, me aproximaré más a las personas: a mis hijos y a sus parejas, a mi madre, que ha podido celebrar los 60 años de su hijo, a mi hermana y a mi cuñado, a los amigos y a una persona muy importante en una etapa de mi vida que también estaba presente: mejor composición imposible. Como lo fueron las correspondientes en los cumpleaños 49 y 50. Solo diré que nadie de los presentes ha estado en las tres y que el único que habría podido estar, estaba también invitado en esta ocasión pero estaba de vacaciones muy lejos de donde vive Steve…

No me reunía con mis dos hijos a la vez desde Navidad de 2016. Por separado sí, en varias ocasiones. Pero juntos no. La felicidad que me provocó este hecho, que se produjera ese día y en ese lugar… me faltan palabras para describirla. El regalo que me hicieron tiene la particularidad de que lo puedes llevar puesto las 24 horas del día los 365 días del año y lleva grabado los nombres de los dos. Se trata de un símbolo perfecto de la realidad, que no es otra que los llevo dentro de mi corazón desde el día que nacieron y por lo tanto, fue como una manera de decir: “Ya lo sabemos, nos llena de alegría y nosotros también te queremos mucho”. Estos sentimientos asociados y no el objeto, son lo que realmente cuenta.

Los amigos quieren que escriba. Los amigos de verdad suelen leerme porque saben que, contando con la ventaja con la que juegan por el hecho de conocerme, leerme es una de las mejores maneras, si no la mejor, de conectar de verdad conmigo. El regalo que me hicieron, los volúmenes que me faltaban para completar -valga la redundancia- la obra completa de Josep Pla fueron una indirecta muy directa. Pero si el contenido estaba pleno de la humanidad de Pla, el continente, una caja cuidadosamente decorada, manual y artesanalmente, con iconos representativos de etapas o realidades que han marcado mi vida, simbolizaba con mucho amor la amistad que nos une y el valor de la misma.

En momentos diferentes de mi vida asumí que -y diría que lo asumí por este orden- nacemos solos, morimos solos y… ¡vivimos solos! Normalmente unas cuantas personas nos acompañan en estos tránsitos. Aunque no siempre. Cada vez es más aterradora la cifra de personas mayores que mueren solas y al cabo de días alguien descubre que han dejado de existir. ¡Sea como sea, nadie puede nacer, morir ni vivir en nuestro lugar! Esta idea con los años ha ido ganando peso para mí y me ha llevado a ir huyendo de la ciudad, del ruido, de determinados círculos sociales y ambientes, y de la locura en que se ha convertido -a mi modo de ver- la “vida moderna”. Uno de los regalos que me hicieron simboliza a las personas que te han acompañado durante algunos tramos de tu vida y luego han desaparecido. Mi impresión –seguro que inexacta- es que durante años el número de acompañantes fue bastante estable y numeroso. Unos se iban, otros venían. Muchos pasaban temporadas largas… Desde hace unos pocos años el círculo se ha ido estrechando y ha sido positivo que sea así.

Mi amigo Francesc Torralba diferencia la soledad deseada de la no querida, que a menudo es terrible y puede conllevar el aislamiento social. Encontrarse un poco con uno mismo, requiere cierta paz y soledad benefactora. Una persona muy querida con la que compartí un tramo importante de la vida, me hizo el regalo que simboliza esta situación, como la simboliza mi amigo Steve: una playa solitaria, sin nadie, con un mar inmenso y un cielo azul infinito. Se trata de un cuadro que quedará colgado para siempre allí donde vive Steve y que siempre que visite ese lugar, me ayudará a conectar con lo más íntimo y poco accesible de mí mismo para los demás, pero según como incluso para mí.

La vida te regala momentos mágicos y la celebración de mis 60 años será uno inolvidable. Al menos ese momento fue uno de esos en los que vives la vida como la quieres vivir. ¡¡¡Gracias a todos los que lo hicisteis posible y gracias al Cielo!!!

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6 comentarios sobre “CELEBRAR LOS 60 EN CASA DE STEVE

  1. León dice:

    Querido amigo, has escrito y publicado. la coincidencia es pues apreciada por los que participamos contigo en este espacio. Que hayas cumplido los sesenta años de edad en un entorno como el que nos describes es, ciertamente, muy afortunado. La intimidad es una condición que ha de valorarse y no está disociada de esa soledad de la que escribes y que lejos de ser temida puede ser una ventaja, sobre todo cuando se combina con la felicidad de estar con tus hijos y la gente que te quiere. No es lo mismo ser solitario que estar en soledad.
    Pienso que hay una edad que constituye una marca en la vida, es la de los 50 y que tiende asociarse con la mitad de la vida, aunque eso sea no solo optimista sino casi irreal. Pero la marca de los 60 es decisiva pues entraña cambios físicos que llegan para instalarse y con los que se tiene que aprender a convivir. Tu eres médico y conoces esto desde otra perspectiva, pero me temo que es de poco servicio. Todo esto no es más que natural y se contrarresta con la actividad física y el ejercicio constante de las neuronas. Así que a disfrutarla y a querer y dejarse querer.
    Espero que El orden del día te haya interesado. No debe olvidarse cómo se gestó la historia del del siglo XX: las dos grandes guerras y el periodo intermedio. Son apenas 73 años del fin de la segunda guerra mundial y el mundo vuelve al péndulo del nacionalismo, el racismo, el populismo de cualquier signo, la desigualdad, el autoritarismo y la violencia. No es alentador. Así que pensar, escribir, publicar, reflexionar y urdir la intimidad es una exigencia personal. Y los amigos, pocos pero entrañables. Espero que me cuentes entre ellos.
    Un abrazo y felicidades.
    ¡Ten salud!
    León
    Condesa, Cd de México

  2. “Non, je ne vis jamais seul avec ma solitude…” (G. Moustaki).
    La importància de saber-se fer “companyia” a un mateix, d’ajudar-se, escoltar-se i discernir el que realment ens convé…. Els altres i les circumstàncies poden ajudar o no, però cada un és l’únic protagonista de la seva vida, capaç d’aprofitar-la o menystenir-la. Segueix viu, Josep Maria, segueix compartint la teva vida. Gràcies.

    1. josepmariavia dice:

      Almenys intentar-ho! Gracies

      1. josepmariavia dice:

        Muchas gracias por tus palabras y reflexiones León.
        Te reproduzco cuando dices: “No es lo mismo ser solitario que estar en soledad.” Das en el clavo de una de las ideas centrales que quería expresar.
        Pensar, escribir, disfrutar de espacios de soledad deseada y de buenos amigos como tu, permite sobrevivir a la visión del mundo que sintetizas y que compartimos. Un abrazo

  3. Alejandro dice:

    No dejes nunca de escribir!!!! siempre me emocionan tus escritos. Un abrazo!

    1. josepmariavia dice:

      Muchas gracias Alex! Abrazo fuerte

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