imagesI3X2OJ6KHace unas semanas asistí a la presentación de unos productos financieros hecha por dos profesionales, prototipo “gomina y traje y corbata de marca”, que anunciaron pomposamente que la crisis había acabado, pronosticando un escenario económico de crecimiento moderado al inicio, 2’5% el 2015, pero sostenido. Y con un optimismo desbordante, insinuaron que comprar sus productos era hacerse rico. Uno de ellos aclaró: “No soy primo de Rajoy” (sic).

En su análisis, las variables Podemos e independentismo catalán, eran inexistentes y el paro un “pequeño detalle” sin importancia. Preveían una recuperación lenta de empleo señalando que siempre habrá un porcentaje de paro estructural, sin que ello tuviera que preocupar a nadie (está claro que entre los asistentes, nadie parecía estar en paro; nadie presentaba un look que hiciera pensar en votantes de Podemos, y soberanistas… escasamente debíamos ser 3 o 4 ).

Uno de los asistentes, quizás sin atreverse a preguntar directamente por Podemos, se interesó por Syriza, coalición de izquierdas radical que parece alcanzar la mayoría absoluta en Grecia en las próximas legislativas (veo que hoy es portada en prensa). La respuesta fue despectiva y prepotente, insinuando que, si algún día llegaran al poder, no les quedaría más remedio que pasar por el tubo.

Bien, yo no diría tanto y ante todo evitaría el tono de desprecio utilizado por estas “eminencias” de la ingeniería financiera. Pero sí que es cierto que Podemos -estructurado como movimiento popular aglutinador de energía negativa multicausal, generada por la casta- se basa en identidades populares, pero no en una ideología como tal.

Por este motivo concurrió a las elecciones europeas con una serie de principios generales anticasta, pero no con un programa. Hace pocos días, Vicenç Navarro y Juan Torres, economistas que por su perfil ideológico cercano fueron llamados por Podemos para concretar el que sería un programa económico asumible para los populistas, apostaron -contrariamente a lo que propuso Pablo Iglesias con el objetivo de ocupar la poltrona europea- por una restructuración lo más ordenada posible de la deuda española. No veían ninguna otra forma de romper el círculo vicioso del tipo: “Sin reactivación económica no puede disminuir la deuda y sin disminuir la deuda no puede haber reactivación económica”. Así, los “lobos de Wall Street” en versión ibérica que escuché, quizás no estaban tan equivocados al no tener en cuenta la existencia de Podemos, como factor de riesgo real para el establishment económico, corazón y mente de la casta por no decir, simplemente, la casta.

Los que dudo que puedan ignorar a Podemos el 2015 son los partidos políticos tradicionales. Puede ser el año en que el Partido Popular, resultado de las diferentes contiendas electorales, implosione y no queden de él ni diminutos fragmentos. Incluso, no es descartable -seguramente poco probable, pero no imposible- que el Rey y su corte, al fin y al cabo casta en estado puro, reciban las consecuencias de un modo u otro. Simplemente, pretendo señalar que no pondría la mano en el fuego que, durante  2015, no se establezcan las bases para un cambio de proporciones remarcables.

Veo a Podemos como la goma 2 que hará saltar por los aires el futuro del régimen -como ETA lo hizo con Carrero Blanco el 1973 en el régimen anterior-, el edificio deteriorado, corroído y lleno de aluminosis que es la transición española postfranquista. El Rey, la Constitución de 1978, el bipartidismo español, el Estado de las autonomías con la asimetría vasco-navarra, el “más vale pájaro en mano…” de CiU y la propia CiU, el PNB y por supuesto el PP y el PSOE, como les hemos conocido hasta hoy, son reliquias espectrales de la película en tecnicolor  que sustituyó gloriosamente el blanco y negro del NODO, pero que en la actualidad huele a rancio y transforma el ambiente en irrespirable.

Sigo pensando que el camino que hará Podemos tendrá muchos paralelismos, en formato siglo XXI, con la ruta seguida por el PSOE durante el pasado siglo, desde Suresnes hasta la creación de la banda asesina del GAL por parte del Estado, y sin que todavía se haya dicho, abiertamente, quién era el Sr. X, el máximo responsable, aunque todos lo sospechemos. No presupongo que Pablo Iglesias vaya a cometer crímenes de Estado. Ni tan siquiera creo que se arrime a la silla durante 37 años como lo hizo Alfonso Guerra (tiene 74 años, y la mitad de ellos los ha vivido cínicamente del “momio”). Aún así, sí que le imagino plenamente integrado en un sistema resultado de la segunda transición y, probablemente, formando parte de la nueva castadirigente de este sistema.

En un futuro inmediato, Podemos puede dificultar, al independentismo catalán, la consecución de la mayoría necesaria para crear un nuevo Estado. Ello es debido a dos razones.

Primera, Podemos, tan alternativo como se desee, en su esencia íntima es español hasta la médula. Paradojas de la política, que como dice el dicho “hace extraños a los compañeros de alcoba”, el problema español, que en Madrid se tiene la manía de denominar “problema catalán”, puede hacer converger en el unionismo a la casta patriótica y casposa del PP y del PSOE con sus enemigos de Podemos, que no por ello dejan de tener un ADN carpetovetónico que les llena de orgullo.

Las críticas de Iglesias a la CUP no son porque considere a los militantes de esta formación miembros de la casta. Éstas son porque la CUP, tan crítica como Podemos respecto a cierto establishment -según mi valoración con valores mucho más sólidos y nobles que Podemos-,  incorpora la voluntad de ejecutar su revolución social en un Estado Catalán.

Segunda razón, Iglesias, Errejón y compañía, al utilizar el populismo como motor de cambio, pueden interferir en el proceso catalán hacia la independencia. En el fondo no han inventado nada. Han detectado que existe un tsunami popular de dimensiones enormes, han cogido la tabla de surf y se han puesto a surfear, en sincronización con la macro oleada de furia y malestar impulsada por la energía negativa que desprende el pueblo vejado por la casta.

Siguiendo el concepto de revolución pasiva de Gramsci (que empaqueta el american devil y el capitalismo, la planificación soviética y el fascismo en un mismo fardo), o al también profesor universitario argentino, Ernesto Laclau, entre otros, Podemos ha catalizado el entierro del eje derecha-izquierda como binomio para dar salida al interés general, y lo ha sustituido por el eje poderosos-desgraciados, casta-pueblo. Esto les ha permitido unir y aglutinar el descontento y malestar de gente bastante diversa.

Como profesores que son, su actividad de agitación se fundamenta en los citados modelos teóricos. Me es difícil imaginarlos arremangados, afrontando los problemas reales con acciones concretas y útiles. Es probable que su capacidad revolucionaria sea directamente proporcional a sus limitaciones para canalizar una hipotética revolución a través de una acción de gobierno. Pero ello no se manifestará hasta que eventualmente se encuentren en este -para ellos- callejón sin salida. Mientras tanto, tienen suficiente con una masa crítica creciente y crecientemente indignada con todos los poderes formales para experimentar sus modelos académicos y, al mismo tiempo, prestarse a ser los iconos visibles de la compleja amalgama que es Podemos. Al fin y al cabo, los que eliminaron a Carrero Blanco empezaron a hacer posible la transición a la democracia, pero no gobernaron nunca.

Desde esta perspectiva, para Podemos, España no es ningún elemento distorsionador que les impida vivir en la libertad que desean. La única que se lo impide es la casta y es ella -y no España- la que merece el castigo y la revancha perpetrados desde la revolución popular. Para Podemos, el sufrimiento de los catalanes no está causado por España, está causado por los poderosos del mundo, entre los que hay castellanos, catalanes y todos aquellos que consideran indeseables, que son los que les hacen sufrir.

Deben aceptar -por ahora- el derecho a decidir por principio. Unos hiperprogres versión n.0 no pueden negar ninguna libertad. ¡Sólo faltaría! Pero esta no es su guerra. Son españoles y muy españoles.

Al independentismo catalán le ha surgido un problema. Los soberanistas de raíz seguirán apostando por la independencia. Pero a aquellos votantes, que en la arqueología pre Podemos se les denomina izquierda (desde el PSC hasta ICV-EUiA  y otros) y que habían abrazado la causa independentista desengañados por el autonomismo, el federalismo y terceras vías, que entonces y ahora únicamente tienen cuatro adeptos en Cataluña y uno y medio en España, Podemos les puede ofrecer la liberación que buscan sin tener que forzar la máquina y situarse en posiciones soberanistas que, en el fondo, siempre les han resultado incómodas.

Bien, ya veremos… Se debe jugar la partida y a ver quién la gana. La partida, como dijo Pablo Iglesias, es de ajedrez. Aún así, un pequeño detalle. Dijo que en realidad era un combate de boxeo. Agresivo como es, cargado si no de odio, de rabia infinita, y listo, se afanó a decir que, aunque el cuerpo le pedía un combate de boxeo (en otras palabras: “ir a hostias”),  transformaría el ring en un tablero de ajedrez para acabar imponiendo su revolución.

Considero más recomendables las formas pacíficas exhibidas en Cataluña por los soberanistas de derechas, por los de izquierdas, por los de arriba y por los de abajo, a los que, por cierto, les molesta la casta tanto como a aquellos que apuestan por Podemos. Una revolución inclusiva frente a una revolución excluyente. Y es que esta casta de profes universitarios transmite sentimientos de odio. No creo que nada de lo que se defienda -ni ellos ni nadie-, por más razón que se tenga,  deba vehicularse a través de la rabia y del espíritu de revancha.

En el año 2015 en España, pueden cambiar muchas cosas y se puede acabar enterrando de una vez la transición, que hoy únicamente sirve para dar amparo a la corrupción y a las malas prácticas. Podemos puede jugar un papel decisivo en este funeral, pero para representar una opción de futuro deberá virar y mucho, si no quiere pasar a la historia como mero catalizador efímero del malestar popular.

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