Fin de semana de final de invierno, pero de clima primaveral. Fui a ver a Steve a la aldea que eligió hace ya 10 años para jubilarse. El microclima del lugar hacía que, en este invierno de clima primaveral, el día, por el mediodía, pareciera de principio de verano.

Volviendo hacia Barcelona al atardecer recordaba algo que me dijo: “En la vida hay algunas cosas que nunca podremos cambiar. Pienso en el pasado y en los demás”.

Cuántas veces no habremos pensado, cualquiera de nosotros, aquello tan común de “si volviera a nacer, muchas cosas las haría de forma diferente”. La frase, el pensamiento, es tan absurdo, que si se llega a dar, quiere decir que algunas cosas del pasado pesan mucho. Que algunas heridas fueron muy dolorosas y que han dejado cicatrices profundas. Que el sentimiento de desolación, de rabia, de tristeza según el caso, lleva a la irracionalidad de desear cambiar el pasado.

En cuanto a cambiar a los demás… también sabemos que no se cambia a nadie. Se pueden producir “espejismos”. Hace días que por razones diversas, reflexiono sobre las formas de ejercicio del poder. Se puede llegar a atemorizar a los colaboradores, administrados o súbditos y estos, por miedo, pueden, de forma más o menos transitoria, actuar diferentemente. Incluso contra su propio criterio o contra sí mismos: hay formas durísimas de ejercer el poder. ¡Puede llegar a traducirse en terror! Pero esto nunca es bueno.

Tener claras estas premisas, claras de verdad, implica conocerse muy bien uno mismo, ser uno mismo y actuar desde este ser, evitando verse dominado por los demás y terminar actuando desde el sentimiento de estar amenazado por el mundo, desde el miedo. Esta coherencia, puede conllevar sufrir o disfrutar de la soledad, según el caso. Según sea una soledad no deseada o una soledad querida y apreciada.

Steve me decía que seguir las pautas sociales, culturales, religiosas, políticas, podía ofrecer seguridad porque la pertenencia a un colectivo hace que no estés solo. Pero a la vez conlleva -decía él- sometimiento a autoridades diversas, pérdida de libertad y dependencias más o menos fuertes. Steve no tiene ningún familiar directo vivo, no se mueve por ninguna identidad nacional -me hizo reír cuando me dijo que ni siquiera se identificaba con los autodenominados “ciudadanos del mundo”, porque no dejaban de ser un colectivo unido en muchos casos por el esnobismo “pijoprogre”-, no es seguidor de ningún equipo de fútbol, ​​ni ha tenido nunca ninguna afiliación política, ni ha ejercido el derecho a voto. Vive solo y lejos de todos porque así lo quiere, excepto de unos pocos que ve cuando quiere o cuando alguno de estos necesita ayuda y lo reclama o simplemente le apetece compartir un rato.

En cuanto a la soledad, siempre he pensado que nunca es del todo deseada o indeseada. Depende. Hay momentos para todo. En todo esto que me había dicho Steve venía pensando yo el domingo pasado al atardecer mientras volvía hacia Barcelona…

Pensaba en que nuestro tiempo, lo que nos ha tocado vivir aquí y ahora, combina -entre otras muchas cosas, yo pensaba en estas- un fenómeno global, la deriva desenfrenada del modelo capitalista hacia una máquina trituradora de personas con una situación muy corrosiva para nuestra sociedad, la descomposición del llamado régimen político del 78.

Todo ello da un modelo de sociedad, unas posibilidades de convivencia social, hoy por hoy y esperamos que temporalmente, muy tóxicos. De momento, las alternativas, altamente intoxicadas por los efectos de los detritus del régimen del 78, son revanchistas, “guerra civilistas”. Los efectos de la descomposición del régimen del 78 se han vivido como una forma de violencia. Y la violencia, venga de donde venga, suscita hostilidad, deseo de confrontación, reacciones diversas desde la negatividad y esto solo hace que estas no sean alternativas para resolver nada.

Recordaba también lo que me intentaba transmitir un grupo de jóvenes catalanes hace unos días en Chile, país en el que viven y trabajan. Me decían que una de las cosas que más valoraban de vivir en aquel país, era -reproduciendo las palabras que recuerdo que usaban- no estar sometidos a la tensión y al mal ambiente que habían vivido los últimos años en Cataluña. Hablaban de envidia y de un falso igualitarismo que, queriendo ser una respuesta de legítima protesta a los estragos provocados por la crisis, acababa generando tensión, aspirando a igualar a todos por la parte más baja del rango (de conocimientos, de posibilidades, de remuneraciones…) y lejos de resolver nada, aumentaba el mal ambiente. Pensé que seguro que en Chile muchos de estos elementos también están presentes, pero que, por un lado ellos los viven con la distancia propia del extranjero, del que no se siente aún corresponsable de lo que pasa en esa colectividad y, por otro lado, me parecía obvio que el momento evolutivo de aquella sociedad y las características propias de la misma, sí que explican en parte que la tensión social no se exprese como aquí. ¡Y no porque no haya desigualdades precisamente! Tampoco hay en marcha un proceso independentista como el que vivimos en Cataluña que, con independencia y respeto a todas las posiciones, está comportando, por el choque con el Estado, una tensión creciente que va pasando progresivamente de latente a manifiesta y que, desgraciadamente, por más que quien quiera lo considere delictivo, se acabará demostrando que “para hacer una tortilla hay que romper los huevos”. Y me temo que ambos bandos romperán huevos. ¡Ya han roto unos cuantos y más que romperán!

Como contrapunto a todo esto, revivía las sensaciones agradables experimentadas durante la jornada: los colores del cielo y del mar. La claridad de un sol brillante. La tranquilidad de los espacios vacíos: playas vacías, montañas de olivos, almendros y algarrobos solitarios, casas cerradas y deshabitadas. Mucha tranquilidad. Poco ruido… y la compañía de un solitario feliz que gracias a tomar distancia de la mezquindad que todo lo impregna, conserva una excelente salud mental, que de todos modos ya era buena en origen.

Yo no seré de los que lo criticará por “desentenderse del mundo”. Admiro la fortaleza y la valentía que lo hacen un buen ejemplo del dicho de que “más vale solo que mal acompañado”. Para ser precisos, fundamentalmente solo, disfrutando de una soledad deseada y placentera y ocasionalmente acompañado de personas humildes, con pocas ambiciones materiales y diría que con mucha capacidad de amar.

Comparto en parte -y sobre todo comprendo- la visión que Steve tiene de la vida y del mundo. A menudo me he referido en este blog a que lo que conocemos como “la actualidad” lejos de aquietar el alma, crispa. Una industria periodística en crisis, tiene que competir con la inmediatez de Internet, al mismo tiempo que proporcionar novedades desastrosas, indignantes, escandalosas, terribles, a un público mayoritariamente ávido de consumirlas de forma creciente. Esto redunda en que las noticias -desgraciadamente demasiadas veces no se puede hablar de información y sí de desinformación- que se propagan de forma viral, cada vez se contrasten menos a la vez que aumenta la inmunidad a que puedan no corresponderse con ninguna realidad objetiva: ¡y da igual! ¡¡¡Hay que mantener el nivel de indignación, mal humor, desencanto y agresividad, lo más alto posible, no sea que no sepamos vivir en un ambiente más pacificado!!!

Donde vive Steve, llegar las noticias ya llegan, ya. La globalización es de verdad global y llega a todos los rincones. Otra cosa es que se “consuman” o que se ignoren, o al menos se aprenda a vivir tomando una distancia prudencial de las mismas. No hace falta irse de Barcelona para conseguirlo. Pero muchos de los que lo vemos así, coincidimos en que lejos de Barcelona, ​​los efectos de esta “actualidad” son menos nocivos para la esencia humana. Esta actitud avoca también hacia la soledad. ¡Deseada, por eso! No formar parte del colectivo seguidor de la actualidad, si bien en realidad libera, en una lectura superficial puede parecer que margine.

Seguramente la libertad más amplia que puede alcanzar un ser humano, va ligada a no someterse a ninguna pertenencia que a cambio de mitigar la soledad no buscada, haga entrar en riesgo a la persona de dejar de ser ella misma. A partir de aquí, libertad de elección, combinando espacios de soledad deseada y convivencia deseada.

Imagino que será fácil de entender si digo que para mí, pertenecer a una familia es importante. Quizás habrá quien opine que cualquier pertenencia, implica pérdida de libertad, aceptar una forma u otra de autoridad. Me podría alargar mucho, pero creo que no es necesario. Por otra parte, sin relaciones, sin vínculos, no hay posibilidad de amar y de dar sentido a la vida. Pero se tienen que poder elegir y hacerlo en entornos que lo faciliten, que ayuden a la idea de vivir en paz. El “ruido” no es bueno. Ni para disfrutar de la soledad deseada, ni para concentrarse y estar presente con las personas que quieres.

Seguramente mucha gente ya no entenderá tanto que sea socio y destine tiempo al Barça. Para algunos debe suponer perder demasiados grados de libertad. No tantos como ser miembro de una secta, pero… Personalmente, hoy me merma menos la libertad esta pertenencia que no, por ejemplo, la militancia política, o sindical. ¡Materia para la polémica, seguro!

En el mundo del deporte també hay mucha porquería y seguro que mucha gente está sensibilizada especialmente por los escándalos varios que le rodean. Forman parte del mismo mundo en el que Europa ignora a los refugiados sirios, Trump preside los Estados Unidos, algunos quieren recordarme veinte veces al día que vivimos en una sociedad en la que la pornografía infantil va a más y en la que se le da una paliza a dos homosexuales por darse un beso, o en la que un individuo con solo dos neuronas y mal conectadas, puede ser Secretario General de un partido político, solo por citar algunos ejemplos. Pero personalmente, las primeras me afectan menos que las segundas. Además, el fútbol como juego me interesa y disfruto viéndolo, en especial si es de calidad.

Esta visión del mundo, con espacios de soledad querida -quiero estar lejos de determinadas cosas- y de convivencia también querida -quiero estar cerca de los humanos, de unos más que de otros-

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me aproxima a muchos coetáneos que comparten mucho la percepción y también algunos anhelos. Somos conscientes de que con suerte y si -en términos deportivos- “las lesiones nos respetan”, nos quedan unos años -no sabemos cuántos, claro- para llevar a cabo aquellos proyectos pendientes o nuevos, que no hemos podido o no hemos sido capaces de desarrollar antes. Y elegir el medio, el ambiente, el lugar físico donde llevarlos a cabo, no es una cuestión menor. Ya me he referido en más de una ocasión a que los más virtuosos, pueden vivir en libertad y conectados consigomismos mismos a cualquier lugar. Pero los que no lo somos tanto, necesitamos la ayuda del entorno. Seguramente la paz interior se encuentra más fácilmente en determinados entornos.

El lugar donde vive Steve me gusta. Facilita poder poner distancia con lo que no conviene y permite mantener las relaciones deseadas. Del mismo modo que hay que alejarse de las relaciones individuales tóxicas, hay que tomar distancia mental, pero no solo, del “ruido ensordecedor”. Ya sabemos que esto no hace que este desaparezca. Pero es una opción que me parece interesante…

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3 comentarios sobre “ALLÍ DONDE VIVE STEVE

  1. Present dice:

    Doncs una miqueta de raó sí que té el teu amic Steve, que per cert em recorda la fotografia, a la zona a on he estiuejat tant de temps per l’Ametlla de Mar fins a l’Ampolla.. un racó del paradís…
    Doncs bé es cert que la llibertat està molt lligada a no somettre’s a cap pertinença, però jo realment necessito sentir-me part d’un grup, un grup d’afinitats comuns, entre d’altres serien valors similars.

    Bona opció la del teu amic si està pressa en deliberada llibertat..

    Una abraçada

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies pel comentari Present. Bona localitzacio geográfica i molt d’acord amb el que dius

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