¡¡Cuántas cosas hay que no necesito!!

Sócrates (470 aC – 399 aC)

FullSizeRenderPienso en personas que he conocido de las que, a pesar de haber coincidido horas, conversado largamente, debatido sobre muchos temas, sé muy poco de cómo son en realidad. No les conozco la esencia. Pensando en alguna de ellas, tengo la sensación de conocer al personaje pero no a la persona.

Schopenhauer afirmaba que lo que diferencia la suerte de los mortales puede reducirse a tres determinaciones: lo que uno es, lo que uno tiene y lo que uno representa, de manera que la felicidad vendría determinada por aquello que uno es y no por los bienes materiales y/o por la imagen externa que proyecta.

El filósofo alemán (nacido en Danzig, Alemania, ahora parte de Polonia y rebautizado como Gdanskraona) subraya que los placeres más elevados, variados y estables son los espirituales y que estos provienen fundamentalmente de una capacidad innata. Que tanto la satisfacción como la insatisfacción más profundas son, en primera instancia, el resultado de los sentimientos, de la voluntad y de los pensamientos, en definitiva, del interior de uno mismo. Esto explicaría que los mismos hechos y circunstancias externas, pudieran afectar de forma muy distinta a las diferentes personas, incluso a las que conviven en un mismo entorno: “(…) Más de una persona envidia a los demás por las cosas interesantes que le han pasado en la vida, cuando en realidad debería envidiarla por su forma de concebir la realidad (…)”.

Concluye: “(…) Nuestra felicidad depende de lo que somos, de nuestra individualidad y en cambio sólo se considera nuestro destino, es decir, lo que tenemos o lo que representamos. Para empezar, el propio destino es algo que se puede mejorar; y, en segundo lugar, si se dispone de riqueza interior no será necesario pedirle demasiado al destino (…)”.

Es curioso que siendo tan primordial como es la felicidad de las personas cueste tanto saber dónde buscarla, o incluso cueste encontrarla cuando se sabe perfectamente dónde reside. A menudo comento que la teoría “me la sé toda”. Obviamente no es verdad, nunca se sabe todo. Se entiende que me refiero a que la dificultad está en la práctica. Y cuando me miro a mí mismo y a mí alrededor, más bien siento que la felicidad, el ser feliz, se confunde con otras cosas, las que menciona Schopenhauer: los bienes materiales -el consumo- o la apariencia.

En 2009, tras resistirme, acepté escribir y publicar un libro sobre sanidad. La sanidad ha sido y todavía es en gran medida mi profesión, pero en cierto sentido forma parte de mi pasado y por esta razón no me sentía muy motivado por la gran tarea que supone -al menos para mí- concebir y escribir un libro. De hecho la sanidad, en tanto que ha sido mi ámbito de desarrollo profesional durante muchos años, es un elemento determinante de mi apariencia. Mucha gente tiene una imagen de mí a partir de mi perfil profesional sanitario. Lo cierto es que, con menos éxito de lo que desearía, hoy en día (y ya en 2009), me interesa más la esencia de las personas que los respectivos juegos de rol profesionales. Tanto es así, que sigo trabajando en gran parte (no del todo) en sanidad, pero he ido desarrollando cada vez más una labor de acompañamiento a las personas que trabajan en ese sector. En la sanidad o en el campo que sea. Sólo acepto trabajar con un directivo, un empresario, un profesional, si tengo la oportunidad de abordarlo integralmente. También como persona. Y me interesa especialmente cómo percibe su relación con los bienes materiales y cómo se proyecta en el entorno, bajo qué apariencia. Me dediqué muchos años a la parte técnica (y lo tengo que seguir haciendo), pero me interesa mucho más la personal. Huyo tanto como puedo de la palabra coaching, ya que bajo este nombre se perpetran todo tipo de prácticas. Pero lo cierto es que me formé en esta disciplina, coincidiendo con una reorientación de mi actividad profesional y de mi desarrollo personal.

Finalmente acepté escribir el libro por dos razones. La primera es porque no hay actividad que me guste más en este mundo que escribir. En segundo lugar, a partir de la relación entre la salud y la felicidad, vi la oportunidad de escribir sobre la felicidad de las personas. El libro se tituló (¡exigencias del marketing!) “La sanidad catalana desde otra perspectiva”. Pero le pude poner el subtítulo “La salud y la felicidad de las personas”, que para mí era lo realmente importante y en definitiva el porqué acepté escribir acerca de un tema sobre el que de otra manera no hubiera escrito. El libro lo dedicaba a personas que sé cómo son y que quiero mucho, entre las que figuran “tres médicos sabios“, uno de los cuales tuvo la amabilidad de prologar el trabajo. En la introducción decía con toda claridad que:

“(…) La relación precisa entre la salud y el sistema sanitario no está clara. Pero personalmente, tengo más clara la relación que tiene con la felicidad de las personas. Y en este tiempo que nos toca vivir, hay pocos objetivos más nobles que contribuir a la felicidad, la verdadera felicidad, de las personas. En el fondo, confieso que lo que me ha llevado a escribir este libro ha sido la oportunidad de reflexionar en voz alta sobre la verdadera felicidad, así como su relación con la salud y con el sistema sanitario (…)”.

Y para dar la razón a los que me critican por ser demasiado autorreferencial como manifestación de una personalidad egocéntrica, reproduzco por penúltima vez en este post un fragmento que dice así:

“(…) La denominada ‘crisis’ podría interpretarse como una crisis de éxito, entendiendo por éxito una serie de confusiones llevadas al límite. Hemos confundido ser con tener, vivir con consumir, la existencia con una estrategia para crecer cuantitativamente, la esencia con la apariencia. Todo ello hasta el punto de perder todo contacto con lo que de verdad es esencial (…)”.

Termino retomando la relación entre salud y felicidad, citando de nuevo a Schopenhauer que -circunstancialmente se licenció en medicina en Alemania- propone que la salud forma parte de lo que uno es. Por tanto, de la dimensión que, según este autor, es la única fuente que puede proporcionar la felicidad: la esencia, el interior de uno mismo.

Para Schopenhauer la salud supera tanto en importancia a todos los bienes externos, que según él “(…) Hay que considerar más feliz a un mendigo sano que a un rey enfermo (…)” y añade algo que, personalmente me recuerda remotamente a lo que bastantes años más tarde definiría como salud la Organización Mundial de la Salud:

“Un temperamento sereno y alegre basado en una salud perfecta y en un buen régimen de vida, un entendimiento claro, animado, penetrante y acertado en sus juicios, una voluntad templada y pausada que conlleva una tranquilidad de conciencia, son cualidades no sustituibles por ningún rango o riqueza. Ya que lo que cada uno es para sí mismo, lo que le acompaña en su soledad y nadie le puede proporcionar ni arrebatar, es obviamente mucho más importante para él que el resto de sus cualidades o que aquello que otros puedan pensar de él”.

No comparto en demasía la afirmación que hace el autor cuando dice que nueve décimas partes de nuestra felicidad se basan exclusivamente en nuestra salud, en especial cuando dice que con salud todo se convierte en fuente de placer, mientras que en su ausencia “ningún bien resulta agradable, hasta el punto que incluso el resto de bienes subjetivos, es decir, los atributos del espíritu, del ánimo y del temperamento, son menoscabados y reducidos a su mínima expresión por la enfermedad”.

En mi libro afirmo que “a pesar de que algunos seres admirables me han demostrado con hechos que se puede ser feliz con mala salud -incluso con muy mala salud-, no hay duda de que la salud constituye un pilar fundamental de la felicidad”. Releyéndolo pienso que estas personas que he conocido y conozco, deben ser la excepción que confirma la regla. Y tengo un recuerdo para mi padre que claramente dejó de ser un hombre muy feliz cuando los problemas de salud lo empezaron a limitar considerablemente, afortunadamente para él, pocos meses antes de su muerte.

Hay que considerar, sin embargo, que (1) ha valido la pena trabajar para el sistema sanitario que, a pesar de ser eficaz para controlar síntomas y cronificar -algunas veces, pocas, para sanar-, contribuye relativamente poco a mejorar la salud, (2) que vale la pena acompañar a la gente en el esfuerzo por vivir y trabajar desde el ser -empezando por uno mismo ya que desde lo material y la apariencia, poco se puede ayudar- y sobre todo, (3) que vale la pena escribir aunque sólo sea para ayudar a reflexionar -desde las propias limitaciones y dificultades- acerca de lo que supone vivir desde la esencia. No hay que escatimar esfuerzos y superar muchas dificultades para intentar mantener tanto como sea posible la coherencia entre lo que se piensa y se siente, lo que se dice y se hace. Es decir, para no distanciarse demasiado de la felicidad.

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2 thoughts on “SER, TENER, REPRESENTAR

  1. El tema de la felicitat m’interessa des de que vaig improvisar un curs de l’assignatura d’”ètica” en els meus inicis com a professor. Recordo que una de les conclusions a les que vaig arribar és que no és tant exacte dir que “d’il•lusió també es viu”, com que “únicament es viu d’il•lusió”, és a dir d’aquella força, energia, llum interna, (“el que som” del teu escrit) que ens permet posar color a una realitat massa sovint dominada pel gris. L’actual psicologia cognitiva ho confirmaria afirmant que el nostre estat d’ànim no depèn tant de la realitat objectiva, com de la interpretació que en fem d’aquesta.
    Desconeixia el llibre, Josep Maria, el llegiré.

    G.R.G.

    1. josepmariavia dice:

      Interessant el comentari Guillermo. Schopenhauer era un pessimista, el que s’adiu -fins a cert punt- amb la idea de “d’il.lusió també es viu”. En canvi, la referència que cito és de la única part de la seva obra en la que es distancia del seu pessimisme habitual. En la introducció que vaig llegir qui la feia, fins i tot explicava com articular, comprendre, en el seu pensament, aquesta excepció al pessimisme. El cert és que encaixa més amb la idea de “únicament es viu d’il.lusió”. Sento que és així!!

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