“Reclamo más verdad a los medios. Y sobre todo menos mentira, y menos ficción y menos sobreactuación y menos cinismo”.

Carles Capdevila. Discurso de recepción del Premio Nacional de Comunicación.

En un momento de la historia de la comunicación en el que se utiliza el eufemismo “posverdad” para referirse a la mentira, luchar para recibir un trato justo por parte de los Media, puede convertirse en una tarea tanto titánica como estéril, como contraproducente.

No es necesario mentir para hacer daño. Desinformando, contando unos hechos determinados de forma tendenciosa, relacionando hechos reales, pero absolutamente desconectados entre sí, o simplemente no situando correctamente los hechos en el tiempo cronológico, se puede desfigurar completamente la realidad sin, en sentido estricto, decir una mentira. Por este motivo el ya añorado Carles Capdevila hablaba en términos que, de no tener en cuenta esto, podrían parecer extraños. Reclamaba “más verdad”. Y “menos mentira”. Parecería que un hecho es verdad o es mentira, pero que no admitiría un “más” o un “menos”. Él sabía mucho mejor que yo que se puede dar una noticia que no refleje para nada la realidad sin que ninguna frase cogida de manera aislada sea una mentira. La desinformación puede ser, sin embargo, absoluta, y quien quiera saber qué es lo que pasó en realidad, nunca lo sabrá leyendo, escuchando, viendo una noticia paradigmática de la era de la “posverdad”.

Hace pocos días apareció en prensa una noticia relativa a la indemnización que recibí el año 2008, hace por tanto 9 años, de la empresa MC Mutual (Mutua de Accidentes de Trabajo). De la noticia se desprende que yo ingresé 610.000 euros por la citada indemnización, lo que no es cierto y es fácilmente comprobable que no lo es. Nunca ninguna de las empresas para las que he trabajado me ha ingresado dicha cantidad en concepto de indemnización, ni por ningún otro concepto.

La indemnización que recibí correspondía a dos anualidades de salario y era la prevista en el contrato de alta dirección si la empresa desistía del mismo, como sucedió; contrato que estaba dentro de los estándares de los contratos de alta dirección de la época y que seguía con todo detalle las condiciones y parámetros económicos previamente fiscalizados y aprobados, en la época de MIDAT Mutua, por parte del Ministerio de Trabajo, y que en ningún caso afectaba ni tenía que afectar a fondos públicos o al presupuesto de la Seguridad Social, como seguidamente explicaré.

Antes, sin embargo, no quiero obviar que en el subtítulo del artículo de prensa en cuestión, se refieren a mí como un “ex alto cargo de Artur Mas” y no es hasta después de 8 líneas que aparece mi nombre. Dado que este supuesto hecho nada tiene que ver con el tema que tratamos, quiero llamar la atención del lector en el sentido de que saque sus propias conclusiones sobre la intencionalidad de utilizar esta denominación para referirse a mí en su manera de dar la noticia.

Aparte, en sentido estricto, nunca he sido ni soy “ex alto cargo de Artur Mas”. Y si lo hubiera sido me parecería muy bien y en nada afectaría a lo que sucedió. Pero lo cierto es que no he sido ni Consejero, ni Secretario General, ni Secretario Sectorial, ni Director General, ni Jefe de Gabinete, ni nada que se corresponda a un puesto de alto cargo con Artur Mas. Merece la pena señalar que mientras estuve en el mundo mutual, entre 2004 y 2009, el Presidente de la Generalitat era Pasqual Maragall primero y José Montilla después, siendo Artur Mas Jefe de la oposición. Adicionalmente la administración tutelar de las Mutuas de Accidentes de Trabajo durante ese período, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, estaba dirigido por el PSOE.

En el artículo hablan de 12 supuestas “salidas irregulares” (de directivos de Mutuas de Accidentes de Trabajo), pero al único que le dan un “protagonismo” que no me parece ni inocente, ni bien intencionado, es a mí por haber tenido relación con Artur Mas. Curiosamente no mencionan que fui nombrado miembro del “Grupo de trabajo para la racionalización y la financiación del gasto sanitario” por el Gobierno Maragall y ratificado por el Gobierno Montilla. Si ser miembro de un Consejo Asesor o presidir el Consejo Rector del Parque de Salud Mar -sin retribución en ninguno de los dos casos- es ser “alto cargo” y de lo que se trata es referirse a mí por mi relación con terceros, también me podrían denominar “ex alto cargo de Pasqual Maragall y José Montilla” o de Julián García Vargas, ya que cuando era Ministro de Sanidad (PSOE) también me designó miembro  de diferentes comisiones ministeriales. Lo mismo que Romay Beccaria o Ana Pastor (PP) cuando fueron titulares de la cartera de Sanidad.

Dicho esto, vamos al hecho, que en la noticia se aborda de forma sesgada, de si la indemnización se abonó con dinero de la Seguridad Social -por tanto, público- o con dinero perteneciente al patrimonio privado de MC Mutual.

Hace escasas semanas, cuando tuve conocimiento del litigio contencioso administrativo entre la Seguridad Social y MC Mutual, a propósito -entre otros temas- del abono de mi indemnización en el año 2008, descubrí que ese dinero, por lo que se dice, parece que había sido contablemente imputado incorrectamente a “la caja” de la Seguridad Social de MC Mutual, en lugar de haberse imputado al patrimonio privado de la Mutua. Pues bien, la realidad es que en el año 2008 MC Mutual disponía en su patrimonio de los fondos privados necesarios para hacer frente a mi indemnización, y desconozco si posteriormente esta entidad lo contabilizó correctamente o no, hecho totalmente ajeno y desconocido para mí y que es posterior al pago.

Por lo tanto -y de momento- solo quiero puntualizar algunos hechos concretos y desde mi punto de vista, relevantes, concretamente los siguientes:

  1. Cuando fui contratado por la Mutua (primero MIDAT Mutua y después MC Mutual), estaba trabajando en mi propia empresa de consultoría internacional. Fui invitado a participar en un proceso de selección llevado a cabo por la firma de headhunting Seeliger y Conde, y fui seleccionado. Las características del proceso fueron las propias que se siguen para la contratación de directivos en el sector empresarial privado. Dado que no buscaba trabajo -ya tenía- nunca hubiera aceptado unas condiciones laborales y salariales inferiores a las que tenía. Las planteé libremente, y libremente fueron aceptadas.
  1. Dado que la Mutua, además del patrimonio privado, gestiona fondos de la Seguridad Social para hacer frente a los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales, mi contrato fue sometido a la aprobación -y fue aprobado- del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. En caso contrario, es decir, si el Ministerio hubiera obligado a cambiar las condiciones, simplemente no hubiera aceptado y me habría quedado trabajando en mi empresa.
  1. El citado Ministerio aprobó, pues, las condiciones, incluidas las salariales y dentro de las mismas, las relativas a dicha indemnización (dos años de salario) en caso de desistimiento del contrato; indicando que en caso de tener que proceder al pago de la indemnización “la parte que excediese los máximos autorizados para la extinción de una relación laboral común (recordemos que el contrato era de alta dirección y por tanto sin topes en cuanto a la indemnización que se acuerde en caso de desistimiento), esta diferencia, iría a cargo del patrimonio privado de la Mutua” y no del patrimonio de la Seguridad Social.
  1. Si en su día MC Mutual incurrió en alguna contabilización incorrecta, es un hecho totalmente ajeno a mí y posterior a mi salida de esta Mutua; del mismo modo que ha sido ajeno a mí el proceso contencioso administrativo que cita la noticia de prensa, en el que no he sido parte y en el que no me han citado nunca, lo que me provoca una clara indefensión.
  1. El cobro de la indemnización que me correspondía como -en este caso sí- alto cargo, al ser cesado en mis funciones, no es incompatible con otras relaciones laborales puntuales y posteriores con la Mutua, de diferente naturaleza y con otras funciones diferentes a las propias de un alto cargo. Cuestionar esta realidad sería tanto como por ejemplo, pretender que un periodista cesado como director de un Media y contratado por esta responsabilidad mediante un contrato de alta dirección, no pudiera volver al trabajo de periodista común y corriente, a través de un contrato laboral (Estatuto de los Trabajadores) o de una relación mercantil u otros.

Hasta aquí mi versión de los hechos a día de hoy. Evidentemente me reservo el derecho de analizar la sentencia de la reclamación de cantidad que me ha hecho MC Mutual que, recordemos, obedece a su vez a una sentencia del litigio seguido, antes mencionado, entre la Seguridad Social y MC Mutual. Litigio del que no tuve conocimiento, ni formé parte, ni por tanto tuve posibilidad de defenderme.

En función, pues, de cómo sea el eventual tratamiento público que se le dé en el momento en que se conozca, me manifestaré o no. Preveo que esta sentencia será recurrida y por tanto, tardaremos aún meses en conocer el veredicto final. Hablar de ello demasiado antes, puede volver a ser hablar por hablar o para perjudicar.

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5 comentarios sobre “MI VERSIÓN DE LOS HECHOS

  1. Josep Maria,
    Un dels problemes és l’actitud acrítica del consumidor, en aquest cas el consumidor d’informacions. Criteris bàsics com haver escoltat les diferents parts implicades, haver verificat la fiabilitat de les fonts informatives, haver controlat la precisió en l’exposició dels fets, … es donen, malauradament, per suposats. Els periodistes tendenciosos, com els polítics, saben perfectament quanta raó tenia Voltaire dient: “mentez, mentez, il en restera toujours quelque chose”.

    1. josepmariavia dice:

      Malauradament molta gent dona crèdit a qualsevol notícia. Les xarxes socials fan la resta replicant viralment “la desinformació”. En aquest cas s’ha pretès -entre altres- tres coses:
      1.- Magnificar le quantitat de diners que vaig cobrar legítima i legalment com a consequència d’una clàusula d’un contracte d’alta direcció
      2.- Induir l’idea que procedien de fons públics, com si jo “m’hagués apropiat de fons públics”, quan en realitat es va pagar de fons privats i el que jo ja no sé és si -això sembla que diu la sentència judicial- l’empresa ho va imputar incorrectament desprès a fons públics i,
      3.- Presentar-me a mi en funció d’Artur Mas -com si jo no tingués entitat pròpia- per, a partir d’aquí, associar-me amb el que molta gent associa avui unes persones, un entorn i uns fets, que res tenen que veure amb la qüestió que ens ocupa. Ara bé, allò de “embolica que fa fort” ja queda desfermat
      Finalment, un fet que ens hauria de preocupar a tots: que sentencies judicials que t’afectin, directa o indirectament es fonamentin en litigis -en aquest cas entre l’empresa i la Seguretat Social- que desconeixes, als que no se t’ha donat part per poder-te defensar, quedant per tant en situació de total indefensió.
      Gràcies pel comentari.

  2. Pedro dice:

    Josep Maria, no puc estar més d’acord amb tu. Sóc dels que creuen que el periodisme és una professió fantàstica, necessària i amb una enorme responsabilitat social, i com a tal no entenc la notícia ni la seva orientació. En aquesta línia, seria bo que el mateix autor, més enllà de qüestionar un contracte de treball, es plantegi en aquesta mateixa notícia les circumstàncies que varen motivar la necessitat de contractar amb caràcter d’urgència i amb l’acceptació de la Seguretat Social, a un professional per reconduir Midat.

    Una abraçada

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies Pedro. Malauradament la periodista, quan va parlar amb mi, ja tenia escrita la crònica i, evidentment, no la va modificar. Se suposa que “ja va contrastar la informació”, quan el que va fer va ser “cobrir l’expedient”!!!
      Fixat però que, si un fet tan senzill i evident com -segons sembla desprendre’s de la sentència- que la Mutua imputés la indemnització als fons públics quan ho havia de fer als seus propis fons privats, no pot ser mai responsabilitat meva, no li va interessar “entendre-ho”; què podem esperar de neutral i asèptic? Qualsevol pot entendre que només qui paga sap a quina caixa comptabilitza el pagament i el que cobra -a menys que li expliquin- no ho sabrà mai, ni és la seva responsabilitat saber-ho.
      Quan no es vol ni reflectir aquesta evidència, imagina que pot significar que entengui les difícils circumstàncies en les que es va produir aquella contractació i que tot es va fer d’acord amb el Ministeri de Treball…
      Es tracta simplement de fer mal i destrossar la reputació de les persones.

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