2012041614474607344b[1]Curiosamente (o no) sigo recibiendo comentarios sobre lo que publico en el blog, fuera del espacio previsto para hacerlo.

Una persona que me sigue habitualmente, me dice que se suma a quienes me animan a escribir en la línea de los últimos posts. Y como me conoce, añade un comentario que me provoca una sonrisa, a la vista de alguna de las historias relatadas, plantea el tema clásico de hasta dónde la biografía, hasta dónde la ficción. Una pregunta que todos nos habremos formulado tras leer determinados artículos o novelas… Y claro, si conoces al autor la curiosidad es mayor.

Aparte de aquellos posts en los que opino en primera persona y manifiesto cómo pienso o qué siento, respecto a los relatos ficticios o novelados, si he puesto algo de mí mismo, ha sido de forma inconsciente. Sí que puedo decir que he imaginado historias y diálogos, que he escrito cosas y reproducido -de forma más o menos fiel, o no- fragmentos de conversaciones que he escuchado, de las que no necesariamente he participado. O sí… En cualquier caso, de forma consciente, por si no lo he explicitado, no he escrito nada autobiográfico. Quizás me creéis, quizás no…Pero si alimentar la duda sirve para estimular las ganas de seguir el blog, no creo que esté cometiendo un pecado.

Y hablando de pecar, y para seguir promoviendo la intriga, voy a escribir algo que quizás alguien pensará que es autobiográfico…

Se trata de la historia de una presunta pecadora, sinceramente arrepentida a pesar de no saber si sus pecados lo eran y si en caso de serlos, eran tantos y tan graves. La chica se llamaba Martirio y vivía en la calle de la Misericordia. Creyente como era, había oído muchas voces autorizadas afirmando que el pecado es una característica definitoria de la condición humana. Por este motivo fue necesario que Dios se encarnara en Jesús Redentor del hombre y del mundo. Así se lo habían explicado desde muy pequeña en casa, la escuela y la Iglesia.

-Hola Martirio, te veo emocionada. ¿Qué te ha pasado?

-Ostras Salvador, no te lo creerás… ¡Vengo de confesarme y me siento muy reconfortada! Me he quitado un gran peso de encima…

– ¿Ha pasado algo grave? ¿Puedo ayudarte de alguna forma? ¿Te han citado en alguna comisión de investigación parlamentaria? ¿Has robado? ¿Has matado a alguien? ¿Silbaste en la final de la Copa del Rey? ¿Has hecho un triplete y te han amenazado de muerte por Twitter?

– ¡No, hombre, no! Hace tiempo que tengo sensaciones extrañas. Cuando me separe de Rigobert, bueno, de Miquel -ya sabes que se cambió el nombre por el del patrón de los ecologistas- tuve claro que no podía hacer nada más. Se vendió la torre de la avenida Pearson donde vivíamos con los niños, todos los coches, la casa de Cadaqués, la de Baqueira… todo. Lo donó todo a Cáritas y a diversas asociaciones de personas con problemas y damnificados de toda clase, y nos fuimos a vivir a Cerdanyola del Vallés. Cerró la empresa y yo me tuve que poner a trabajar y cuando los niños tuvieron que dejar el Liceo Francés para ir al Instituto, ya no pude más…

– ¡Mujer, qué menos!

– Primero pensé que había enloquecido, pero después… Piensa que siempre me habían dicho que el dinero no da la felicidad. Que lo que cuenta es el amor al prójimo. Ya sabes qué le contestó Jesús al joven que, cumpliendo todos los mandamientos, le preguntó que más tenía que hacer para obtener la vida eterna.

– No, no lo sé. ¿Qué le dijo Jesús?

– Le dijo: “Si quieres ser perfecto, ve, vende tus bienes y dalos a los pobres, tendrás un tesoro en cielo; después ven y sígueme”… Claro, Rigobert, quiero decir Miquel, parecía que iba por aquí y yo no pude más…

– Oye, sabes qué te digo, que esto es una exageración. ¿Tú crees que estos que van de buenos y todo lo critican no han roto nunca un plato? ¿No fue también Jesús quien dijo aquello de “quien esté libre pecado que tire la primera piedra?”. Este pesado de Rigobert (ni Miquel, ni ostias), menos ecologismo, menos pacifismo, menos hacer de abogado de los pobres, menos arrogarse la capacidad de juzgar las conductas de los otros y más cuidar de sus hijos. ¿O está bien lo que ha hecho con vosotros? Estoy harto del buenísimo y de los discursos basados en una pretendida superioridad moral. ¿Sabes que te digo de todos estos? Una pandilla de caraduras que se aprovechan de quienes sufren de verdad para figurar y practicar aquello del “quítate tú para ponerme yo”. Yo hace tiempo que les veo el plumero a estos maestrillos. Dentro de cuatros días, como todos, y si no ya lo verás…

– No lo sé, Salvador… Mira lo cierto es que el viernes me levanté con un gran malestar. Hice examen de conciencia y… No sé, en parte no tenía sensación alguna especialmente culpable. Pero claro, cuando veo como se está poniendo la cosa, de repente sentí que quizás había cometido una injusticia facturando a Rigob… perdón a Miquel. Tuve como un impulso procedente de lo más profundo de mí ser y me fui a confesar. Y fue muy curioso y estimulante…

– ¿Seguro? Pero si ya no vas a misa, ¿no?

– Sí, desde hace unos años he vuelto a ir. Y recuperando aquello que llegamos a considerar ridículo de ir a comulgar solo si te sentías libre de pecado, empecé a experimentar el reto de la recompensa. Sabes que ahora muchos progres, bueno, de hecho también muchas amigas mías “pijillas”, practican formas orientales de espiritualidad y alternativas de toda clase, e incluso, a menudo hablan de “hacerse pequeños regalos merecidos”, más o menos como premios a la buena conducta. Aunque a veces incluye una cosa que denominan sexo tántrico, que no sé… Empiezan con aquello del new lifestyle y ya sabes, al final creo que es una manera de decir que van bien folladas… Bueno, para mí, comulgar simboliza saber si voy bien o no…

– Sí, tengo una vecina que me parece que va por aquí…

– Escucha, Salvador, el caso es que empecé a dar vueltas por Cerdanyola buscando una iglesia y acabé en el Monasterio de Sant Cugat. Quise entrar pensando que quizás encontraría a un sacerdote. Pero la puerta estaba cerrada. Intenté entrar por el claustro, pero no se podía. Me acerqué a la casa del rector. Nada, todo cerrado. Y cuando me disponía a irme, vi como un hombre abría la puerta de la rectoría. Me aproximé y con una sonrisa amable me preguntó, con acento italiano, si quería algo. Le dije que quería confesarme… Y me contestó…

– Bueno…si quieres, yo soy sacerdote.

– Iba vestido con pantalón gris, una camisa azul celeste y el típico alzacuello blanco, decía que venía de la Sagrada Familia. Como tantos turistas… ¿un impostor? Pensé que daba igual si no era sacerdote. Me invitó a sentarme en un banco en la entrada de la rectoría y siguió diciendo…

– Bueno, soy italiano y no hablo demasiado bien el castellano, pero Dios lo entiende todo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Usted dirá.

– Terminé explicándole que no solo dudaba de si había pecado, sino que me parecía que mi ex había evolucionado de una forma que… Que me parecía que lo que ahora le movía era el odio e incluso la rabia, la envidia y que… claro, quizás estos nuevos pensamientos también eran un pecado en sí mismos. Quien todo parecía indicar era sacerdote, me dijo…

– El poder, el dinero y la lujuria son los grandes determinantes del mal en el mundo en el que vivimos…

– Probablemente he pecado, padre… Pero el entorno ha sido difícil y cada vez más para mí y mis hijos. No me excuso. Pido perdón a Dios.

– Piensa que el mal engendra mal. El diablo es un especialista en colarse en los lugares en los que el mal puede multiplicarse más rápidamente. Ahora te sorprenderás. Yo estoy aquí de visita. Formo parte de la curia vaticana y allá el terreno para el mal está abonado y quienes vivimos estamos en riesgo. ¡Pobre Papa Francisco! Yo rezaré por ti. Pero tú reza por mí y por todos nosotros…

– Agradecí la sinceridad del sacerdote. En el fondo era reconocer que todos vivimos en pecado y en lugar de estigmatizarme, me consoló y dio fuerza, sin negar en momento alguno que lo que no está bien, no lo está. ¡No sabes cómo me liberó confesarme! ¡Qué peso me quité de encima! ¿Qué te parece, Salvador?

– No lo sé… Claro, esto del cristianismo… Vas pecando, te confiesas, y vuelves. Es como el carnet por puntos. Haces un cursillo, te recuperas y ¡venga! A hacer el cafre de nuevo, ¿no?

-Sí, ya entiendo lo que dices, pero el valor del arrepentimiento, del perdón, de perdonar y ser perdonado. ¿Cómo si no es posible la concordia?

– Sí… No sé. En cualquier caso, reconozco que me llama la atención la, digamos, “casualidad”. ¡Bueno, te confieso que estoy harto de estos gilipollas que dicen que contraponen casualidad a causalidad y que afirman que nada pasa por casualidad, con un aire de new age cargante! Aunque me sorprende tu persistencia en querer confesarte con todos los elementos en contra y acabar por encontrar un sacerdote venido del Vaticano, “por casualidad”, y que además te reconoció que el diablo por allí campaba como “un señorito por el cortijo”.

– Salvador, tenemos que creer en algo. No podemos perder la confianza, ni la esperanza, no tenemos que dejar de luchar por comprender a todo el mundo por extraño que nos parezca. Hay demasiado odio y sólo puede combatirse con amor… Creo que obré bien separándome de Miquel, pero no debo tener nada en contra de él. Le tengo que querer… Ya me entiendes, no me refiero como pareja…

– Sí, te entiendo, Misericordia. No es fácil. Pero la cosa deber ir en este sentido. Me has recordado lo que me explicaba mi abuelo de cómo se enrarecieron las cosas en los años previos a la Guerra Civil. Cómo los buenos vecinos del pueblo de repente se alinearon en dos bandos y se estigmatizaron mutuamente y… y la cosa terminó a tiros. Ahora el tema no va de tiros. Pero… Sí, tienes razón… ¿Cómo se llamaba el sacerdote del Vaticano?

– No lo sé. ¡No nos presentamos! Pero me inspiró confianza, parecía una buena persona y me ayudó mucho…

Cosas que pasan, o… ¿es una historia inventada?

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4 comentarios sobre “MARTIRIO LA PECADORA: AUTOBIOGRAFÍA, HISTORIA DE FICCIÓN ¿O NI UNA COSA NI LA OTRA?

  1. Amic JOSEP MARIA, cada vegada m’agrada més el teu blog, estic esperant quan publiques el següent, una abraçada

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies!

  2. JMB dice:

    Josep Maria , abans de començar a llegir el teu ultim escrit nomes dir te que vaig rebre la noticia de la dimissio del consell del parc salut.
    Com a usuari agraïr vos molt la feina.
    No sera facil tornar a trobar un grup de gent com els que marxeu i que heu fet una tasca dificil i diria que en certs moments perillosa, en aquest 4 anys que fa que et conec.
    Gracies i molta sort.
    Ara a disfrutar amb el relat!
    JM

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies

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