“La Guerra es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los militares”
Georges Clemenceau (Médico, periodista y político francés, 1841-1929)

Igualmente “la Administración Pública y el sector público empresarial es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de los funcionarios”. En la actualidad es lo que sucede. La conceptualización y el modelo de lo público y en parte también el tamaño de la Administración, están en manos de los altos funcionarios, de los cuerpos funcionariales llamados de élite y de los sindicatos.

La posición de los políticos frente a un cuerpo administrativo que tiene vida propia más allá de la capacidad o voluntad de control de éstos, es pasiva y a menudo apolillada. En el sector privado predomina la indiferencia, la desconfianza y, en algún caso, el menosprecio hacia lo público, considerando que todo lo que pueda ser gestionado privadamente y producir beneficio -singularmente el sector público empresarial, o buena parte del mismo- debe ser privatizado.

Describo una vivencia que lo ilustra -la tercera- y dos que aportan evidencia de lo contrario -la primera y la segunda-:

Josep Balsega

Dr. Josep Baselga

  1. Hace unos días, en una entrevista, el Dr. Josep Baselga, Presidente de la Asociación contra el cáncer de los EEUU, hablando de investigación e investigadores y de médicos y hospitales, decía que en los EEUU “el concepto de investigador funcionario no existe”. Explicaba que, como ocurre en los hospitales, el sistema “es demasiado dinámico”, que los equipos deben renovarse en base a méritos, dando a entender que la rigidez del modelo burocrático lleva a situaciones en el campo de la investigación como la del Estado español, caracterizada, según Baselga, por la “indiferencia absoluta a la inteligencia”. También se refirió a los hospitales públicos con plantillas fijas en términos parecidos, afirmando algo que es extensible a todo el sector público empresarial: “No aplicamos los mismos criterios de eficacia -ni de eficiencia, añadiría yo- en los hospitales que en otras industrias”.

  2. En el Parc de Salut MAR de Barcelona tenemos la suerte de disponer de un Consejo Rector con personas de la valía de Jordi Mercader. Aquellos que maldicen lo que despectivamente denominan fenómeno de las “puertas giratorias” (un mismo profesional pasa del sector público al privado y/o viceversa), tendrían que considerar objetivamente lo que significa poder aprovechar el valor añadido que aporta al sector público un empresario que ha levantado y creado grandes organizaciones con problemas no despreciables. Mercader lo ha hecho a partir de tener claros unos valores sencillos, desarrollados en los sectores público y privado, donde ha ocupado desde la presidencia de la Empresa Nacional Bazán y el Instituto Nacional de Industria (INI), hasta la presidencia del grupo Miquel y Costas, pasando por la presidencia de Aguas de Barcelona y la vicepresidencia de CaixaBank.

    Hace pocos días, en una conferencia en el Círculo de Economía, que inauguraba el ciclo “Economía y sociedad”, titulada “Empresa y proyectos empresariales”, Mercader nos enriqueció con su experiencia.

    Mercader

    Jordi Mercader

    Habló del proyecto empresarial basado en valores en lugar de hablar simplemente de “empresa”. Valores sencillos como el trabajo bien hecho, el respeto a las personas, la seguridad financiera, la independencia vinculada a la visión del proyecto a largo plazo por encima de los intereses personales… Alertó sobre el riesgo de volver a los “pecados” que nos han conducido a la crisis actual vistos los bajos tipos de interés y de que la liquidez inunda de nuevo los mercados. Dio la misma importancia al rigor salarial que a la austeridad en la compensación de los accionistas con el fin de favorecer la reinversión. En un momento en el que el sector público -en lo que representa un ataque claro a la atracción y retención de inteligencia- quiere unificar a la baja y sin criterios claros los salarios, habló de la necesidad de que el salario de los directivos, mandos intermedios y trabajadores varíe en coherencia con los resultados. Destacó hasta el extremo la importancia de la transparencia, con el único límite de la protección frente a la competencia. Animó a buscar obsesivamente la ubicación más adecuada de todos y cada uno de los empleados, a alinear la posibilidad de ser felices en el trabajo con el desarrollo del proyecto empresarial, a priorizar el valor del coraje y la audacia por encima de la osadía…

    No reproduciré la conferencia -la pueden encontrar colgada en la web del Parc de Salut MAR-, acabaré la síntesis señalando que proclamó ante un auditorio de primeras espadas del mundo empresarial y financiero: “¡Yo creo en el sector público!”, añadiendo que “soy consciente de que esta es una posición poco compartida en el mundo empresarial”. Tenía razón y se pudo comprobar en el turno abierto de palabras al final de la conferencia, la tercera vivencia de las mencionadas que describiré a continuación.

  3. Me he referido muchas veces a la paradoja de que partidos como la CUP o IC-Verds (incluso Esquerra y puntualmente Convergencia), sindicatos llamados de clase y algunos medios vinculados a la “izquierda”, coincidan con el Ministro Montoro en la necesidad de establecer “un cortafuegos o muro de Berlín”, entre lo público y lo privado. Todos estos actores pueden tener nociones diferentes sobre lo público, pero coinciden en eliminar todos los beneficios de las fórmulas mixtas público-privadas. El resultado es demoledor para el modelo sanitario catalán y para el sector público empresarial en general. Además supone una amenaza para el futuro inmediato, en el que los recursos necesarios para mantener las infraestructuras públicas y crear otras nuevas pueden venir más fácilmente del sector privado que del público.

    Las intervenciones de casi todos los asistentes a la conferencia de Mercader, empresarios y profesionales de grandes corporaciones empresariales del IBEX y destacadas empresas, coincidieron en dos aspectos. A la vez que mostraron su admiración por el valor profesional del ponente, discreparon -como el propio Mercader ya preveía- de su visión del sector público, al que consideran una rémora necesaria con la que hay que convivir. Pero al igual que Montoro, opinaban que lo que hay que hacer es privatizar todo lo que sea rentable y, lo que no lo sea… que lo lleven los funcionarios y burócratas a su manera.

Opino que el retrato representa fielmente el país que tenemos. Los mismos empresarios que se quejan de que la presión fiscal es exagerada por la insuficiencia y la deficiente calidad de los servicios públicos, no parecen muy interesados en aportar su experiencia para mejorarlos. Los ortodoxos de lo público, modelo revolución cubana/mayo del 68, prefieren renunciar al valor añadido profesional que puede aportar el sector privado al público y fomentar el apartheid y el carácter vitalicio de los puestos de trabajo públicos. El Gobierno es prisionero de las élites funcionariales que, más por razones corporativas que por convicción -con las correspondientes excepciones que confirman la regla-, siguen defendiendo métodos tan anacrónicos como estériles. Privilegiar el control de los procedimientos sobre el de los resultados, supone reivindicar su manera de hacer y de entender el mundo. La misma que los lleva a querer resolverlo todo -desde la ineficiencia hasta la corrupción-, a base de normas, normas y más normas y de crear órganos y pesadas estructuras de control que se añaden a las ya existentes, incrementando la dimensión y la ineficiencia del sistema.

Qué lejos del modelo perfilado por Mercader, defendiendo un sector público “empresarializado, transparente, eficiente y moderno, que cumpla con su función social, señalando la necesidad de disponer de un regulador serio y potente. Todo ello es factible según su experiencia personal y es señal inequívoca de la modernidad y del progreso que caracteriza a los países más respetados. ¡Qué lejos estamos de este modelo!… ¡Qué lástima!

Si Cataluña debe ser independiente, sería deseable disponer de un modelo de Administración y de sector público empresarial moderno. Y si por ahora tenemos que seguir siendo españoles, también. Lo que tenemos ahora es inservible y avergüenza.

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