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“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla

Gabriel García Márquez

Me enteré de la muerte de Gabriel García Márquez en Irán. Y recordé esta frase de su libro “Vivir para contarla”, en el sentido que además de la diferencia entre lo que vives, lo que te queda en el recuerdo y cómo lo explicas, también existe la diferencia entre lo que te han contado y lo que vives.

Juan José López-Burniol defiende poder opinar sobre temas aunque no se haya recibido formación específica para ello, siempre y cuando quien lo hace se haya informado y haya reflexionado con “recta intención e independencia de criterio”. Es lo que he intentado hacer con respecto a Irán y mi conclusión es que la realidad del país, de su gente, no se ajusta a la idea predominante en Occidente. Lo que he podido hablar con unos pocos iraníes (hay que decir que ninguno de ellos era integrista islámico, hasta donde he podido saber), refuerza esta impresión personal basada en mirar el paisaje urbano y rural, observar los lugares y las personas y tratar de documentarme un poco. En cualquier caso el espacio de comentarios del blog está, entre otras cosas, para corregir los errores que pueda cometer, de los que me disculpo de antemano.

En enero de 1979 los iraníes acogieron con entusiasmo la marcha al exilio del Sha y su familia. El día 1 de febrero el Ayatolá Jomeini fue recibido con fervor. Las fuerzas partidarias del cambio acabaron con la Guardia Imperial y con los sectores del Ejército fieles al Sha. La revolución triunfó y en abril de ese año se constituyó la República Islámica de Irán y Jomeini fue proclamado líder supremo espiritual y guía del nuevo Estado coránico.

Las tensiones con Occidente, especialmente con los EEUU e Israel, han provocado que tengamos una visión inquietante de este país dominada por el miedo o por el rechazo. No hay duda que para los occidentales todo lo que representó Jomeini y la revolución islámica, episodios como el de la retención de rehenes norteamericanos en la embajada de este país en Teherán, o películas como “No sin mi hija” o más recientemente “Argo”, fomentan una imagen del país que, personalmente, no he tenido en absoluto.

Con la muerte de Jomeini en 1989 y la designación de Ali Jamenei como nuevo líder espiritual de este Estado teocrático, ha habido de todo. Desde apoyo a movimientos islámicos radicales y gobiernos como los de Sudán y el libio de Gadafi, por parte del Presidente Rafsanjani, como la apertura a la inversión extranjera y el levantamiento de la orden de pena de muerte a Salman Rushdie, por parte del Presidente Seyyed Mohammad Khatami.

En 2001 se produjeron las primeras manifestaciones estudiantiles reclamando una mayor apertura, manifestaciones que se repitieron con motivo de la eliminación de Saddam Hussein y su régimen en Irak. Pero la inclusión, por parte de los Estados Unidos de George Bush hijo (con el apoyo entusiasta de José M. Aznar), de Irán en el denominado “Axis of Evil” (“eje del mal”), frenó de golpe la posible integración de Irán en la comunidad internacional.

Hay que decir que cuando se produjo la revolución islámica, Irán tenía unos 37,5 millones de habitantes, mientras que ahora se aproxima a los 80 millones de personas. La esperanza de vida es de 71,4 años para los hombres y de 74,6 para las mujeres. El 24,4% de la población tiene entre 0 y 14 años y el 70’9% se sitúa entre los 15 y los 64. Sólo el 5,7% tiene más de 65 años. Entre los 14 y los 28 años se sitúa un poco más del 50% de la población. Se trata de una población joven.

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Probablemente la prohibición de la píldora contraceptiva y el aborto explican, al menos en parte, que Irán sea una sociedad de jóvenes. Unos jóvenes que sufren las consecuencias del bloqueo económico que los EEUU, la UE y por supuesto Israel, entre otros países, han impuesto a Irán bajo la acusación de producir uranio enriquecido, dentro de un programa nuclear que les podría permitir -según estos países- disponer de la bomba atómica. Programa, dicho sea de paso, iniciado en los años 50 por el Sha Reza Phalevi con el apoyo de los Estados Unidos. La cuestión es, sin entrar en lo que pueda haber de cierto en la acusación -que el gobierno islamista sostiene que la finalidad es simplemente una opción energética con fines pacíficos-, ¿cuál es la opinión real de estos jóvenes respecto al poder teocrático ejercido en Irán por islamistas chiíes?

No lo sé. Si tengo que hacer caso a los pocos iraníes con los que he hablado, ateos y creyentes, todos universitarios y todos críticos con el régimen, si existiera la inimaginable posibilidad de preguntar en un referéndum quién está a favor de seguir con el actual régimen islámico chií y quién está en contra, estos últimos sumarían no menos del 85%. Imagino que esta afirmación puede provocar un cierto escepticismo. No en vano, cuando explicaba que iba de viaje a Irán, todos o casi todos, me miraban con una cara que expresaba -o que decía directamente- algo del tipo: “¿Estás loco? Vigila, que no os retengan, qué miedo…”.

Lo cierto es que paseando por las calles de Theran, Shiraz, Isfahan, Yazd, Kerman, Zehedan, Kermanshah, Karaj, Rasht, la estética es bastante más moderna y avanzada que la que he podido ver en países como Nicaragua, El Salvador, Bolivia y por supuesto Namibia, Zimbawe o Birmania.

Isfahán, por ejemplo, es una ciudad jardín de grandes plazas y avenidas, con tiendas atractivas, abiertas hasta altas horas de la noche, incluso los viernes (equivalente a nuestro domingo). Puedes pasear tranquilamente a la hora que quieras del día o de la noche sin más riesgo de sufrir agresiones que en cualquier otra ciudad del mundo. La gente es amable y no tienes ninguna sensación de peligro. El país no se caracteriza por los robos, ni por las estafas y esto último se puede comprobar incluso en los clásicos “bazares”. Y no es por miedo a la ley basada en una interpretación radical del Corán. Con anterioridad a la revolución de Jomeini ya era así.

La afirmación de que la población -joven, como hemos dicho – vive al margen de un poder político-religioso corrupto, resulta creíble. Mi sensación fue, salvando las distancias, similar a la del tardofranquismo en España y, singularmente en Barcelona: la gente empezó a vivir, hasta cierto punto, haciendo “como si” el franquismo no existiera. Alguien dirá, no sin razón, que una sociedad en la que se obliga a las mujeres a ir tapadas hasta la cabeza, en la que (atención, como ocurría en España durante el franquismo), no se les permite salir del país sin permiso del padre o del marido, en la que el adulterio se castiga colgando al hombre y lapidando a la mujer infiel en una plaza pública, en la que… alguien podrá decir que este es un país horrible y peligroso.

No obstante, las jóvenes cada vez demuestran más ingenio para mostrar elegantes atuendos occidentales bajo una indumentaria “integrista”, que cada vez lo es menos: jeans, zapatos, blusas y bolsos de las primeras marcas o imitaciones de las mismas, así como cabellos teñidos cada vez más visibles y maquillajes que llaman la atención. El look de los chicos, más occidental y moderno, es visible del todo. Y las lapidaciones y las ejecuciones por vulneración de la norma coránica y la Constitución que se deriva, cada día son más esporádicos y parecen querer tener un valor “ejemplarizante”. Un decir: “¡Eh! Que estamos aquí ¿eh?”.

Las discotecas están prohibidas, no existen. Como lo está, claro, el alcohol. Pero a pesar de existir un cuerpo de policía religiosa, en el mercado negro se encuentra de todo: “sexo, droga y rock and roll“. La prostitución existe, el alcohol y otras drogas se consumen, y la gente escucha música prohibida: tan cierto es que quien era Presidente en 2005, Mahmud Ahmadineyad, prohibió la emisión de música “occidental y decadente” en la radio y la TV estatales, como que las niñas de 12 años conocen bien a Justin Bieber y Jennifer López. La lucha de los ayatolás contra la globalización resulta cada día más difícil.

En este país de gente joven en el que, según opinaba un joven iraní, 5 millones viven entre bien y muy bien y 70 o 75 viven no tan bien o malviven, no parece que el régimen actual pueda aguantar muchos años más sin cambios. Hace 35 años que Jomeini llegó de París. Franco, aunque gobernó a su manera hasta que murió tranquilamente en la cama, aguantó 40 años. Nada es para siempre pero, atención, contra la voluntad mayoritaria de un pueblo, si es firme y resistente, no hay tiranía (aún menos democracia) que pueda. Ni legalidad que deslegitime lo que piensa y siente un pueblo. Porque, no lo olvidemos, en Irán hay una legalidad vigente basada en una Constitución que deriva -con interpretación chií- del Corán. No tengo, en absoluto, la sensación que la opinión legítima de la mayoría persa pueda ser reprimida durante mucho más tiempo por esta legalidad.

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4 comentarios sobre “IRÁN VISTO DESDE OCCIDENTE

  1. Olga Pané dice:

    M’arrisco a opinar de quelcom que no coneixo gens mes enllà de les opinions com la teva o d’algún altre amic que en visitar el pais han quedat bocabadats per la seva bellesa i per la modernitat aparent, que des de aqui no podem, ni ens deixen, copsar.

    Penso però que no es pot ser indulgents amb països que sotmeten i vulneren els drets de persones per qüestions de gènere o de etnia. Es fonamentalment en aquests aspectes en els que radica el seu atràs tal i com l’historia demostra, no solament a orient, sinò en l’historia dels darrers dos segles a occident ( EEUU inclòs).

    Els occidentals també ens ho hem de fer mirar, perquè no ha estat la mateixa resposta ni de bon tros,la que s’ha donat a països on es vulneren els drets per questions étniques ( cas de Sudáfrica) vers països on es vulneren els drets de les dones ( països islàmics) . Jo no soc partidaria de bloquejos de cap mena perquè qui pateix finalment es la població, i la deixa encara mes desamparada i vulnerable front dels Governs despotes, però si d’ajudes selectives en funció de les polítiques de equiparament de drets, especialment de les dones. Es l’única manera de contribuir al progrès del conjunt païs.

  2. josepmariavia dice:

    Totalment d’acord Olga. Qui acaba patint les conseqüències, tant de la política islamista radical, com del bloqueig internacional, és la població que es troba ente el foc i les brases.

  3. Recomano la lectura continguda a l’enllaç adjunt. Es tracta d’un aspecte aparentment col.lateral al tractat en el post (moda femenina a l’Iran), però significatiu en quan a reforçar la hipòtesi de que alguna cosa canvia en aquella societat.
    http://smoda.elpais.com/articulos/la-moda-irani-una-pequena-ventana-al-mundo/4736

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