F671892B-45C1-412B-BD44-A7882C6F012D-exportCuando Johan Cruyff llegó al Barça, el verano de 1973, el futbol era “el opio del pueblo”. Para mucha gente sigue siéndolo. Tal vez no tanto, pero aún hay quien lo ve así.

En el caso del Barça, el hecho de que, desde Manolo Vázquez Montalbán, hasta Josep Carreras, pasando por Joan Manuel  Serrat, Tete Montoliu, Lluis Llach o el recientemente desaparecido Mossen Ballarín -entre otros-  hayan sido o sean seguidores, permitió a muchos intelectuales y artistas “salir del armario” o al menos optar por callar y abandonar el discurso  anti y de alienación de la clase obrera. El Barça, que acabaría siendo conocido por el eslogan “més que un club”, junto con el PSUC, CCOO, Cristianos por el Socialismo y otros grupos católicos y tejido asociativo diverso, ha sido una organización determinante para integrar a todos y hacer realidad el lema “Catalunya, un sol poble”.

El propio artífice de la contratación de Cruyff por parte del Barça, Armand Carabén, entonces gerente del FC Barcelona bajo la presidencia de Agustí Montal, es ejemplo de ello. Hombre inquieto que promovió múltiples iniciativas culturales y de carácter catalanista durante el franquismo, fue miembro fundador del PCS-Reagrupament, del prematuramente desaparecido Josep Pallach y amigo de personajes como Josep Pla, Pere Duran Farell, Manuel Ibáñez Escofet, Joan Fuster o Joan Sardà Dexeus. Armand Carabén era una persona excepcional y polifacética, que después de contratar a  Rinus Michels, el entrenador del “fútbol total”,  trajo a Johan al Barça.

El título que he elegido para este post “Gracias, Johan”, es poco original pero sincero y omnicomprensivo de un fenómeno muy complejo, mezcla de elementos técnicos de fútbol, de gestión deportiva y empresarial, de sentimientos profundos, de elementos sociológicos y psicológicos, políticos, culturales y de país. Sobre todo es un ejercicio, como decía, sincero, de expresión de gratitud por las emociones vividas gracias a Johan Cruyff.

Tuve conocimiento de la muerte de Cruyff a través de su oncólogo, el Dr. Miquel Hernández, compañero de colegio. Creedme si os digo que lo que me vino a la mente y sobre todo al corazón, fue aquel momento en que descubrí la verdad sobre los Reyes Magos de Oriente.

La emoción de la vigilia de los Reyes, de los días previos al 6 de enero, de la cabalgata, de la entrega de la carta a sus Majestades, del ir a dormir pronto después de colocar el zapato y el momento mágico al levantarse y encontrar los juguetes sintiendo la ilusión de mis padres y toda la familia… ¿Hechizo acabado?

¿Qué tiene que ver, pensaréis tal vez, todo esto con la muerte de Cruyff?

Muy sencillo, se han dicho tantas cosas estos días -y las que se dirán aún- sobre el binomio Cruyff- Barça, por tantas personas que, probablemente puede resultar gratuito insistir en ellas.

Si algún sentido tiene hacerlo desde este espacio nuestro (de vosotros lectores y mío), es poder compartir las emociones que nos suscita, conjuntamente. Intuyo que con lo expuesto sobre los Reyes Magos será fácil, no sólo por vuestra propia experiencia sino por las vividas a través de hijos y nietos. En el caso de Cruyff  el ejercicio puede no resultar tan sencillo por la (yo diría grandiosidad pero dejémoslo con) personalidad del personaje.

La muerte de Cruyff, provoca probablemente emociones diversas. Conozco la de mi amigo oncólogo, profunda e impactante, pero diferente de la mía.

Con este amigo del colegio y otros compañeros, viendo no hace tanto, fotografías nuestras hechas en la escuela a principios de los años 70, en blanco y negro, nos impresionó contemplar aquellas instalaciones destartaladas -que entonces no nos lo parecían, estábamos acostumbrados, no conocíamos nada más- y nos hizo pensar que eran un buen reflejo de un país, que también vivía en la oscuridad propia de una dictadura.

Ayer viendo de nuevo el 0-5 del 17 de febrero de 1974 en el Santiago Bernabéu (donde curiosamente el holandés de oro, como bien interpretó “La Trinca”, fue decisivo para hacer real el  “en Flandes se ha puesto el sol”), la sensación fue la misma.  Sensación de felicidad extrema en un entorno triste y gris, bien representado por las imágenes de la TV y la voz de Juan Antonio Fernández Abajo, en cierto sentido no tan distinta a la de Matías Prats en el NODO o narrando partidos por la radio.

Las Copas de Europa (la Champions League aún no existía) ganadas por el Ajax de Amsterdam los años 1971,1972 y 1973, apasionado como era -y aún soy- del fútbol como juego y como espectáculo, me hacían soñar y contrastaban con la mediocridad y tristeza de nuestro Barça gris y oscuro, como el colegio, el NODO y el país. Guardo una foto con los compañeros de colegio vestidos con ropa de deporte de la época, donde yo llevaba la camiseta del Ajax con el número 14 de Johan en la espalda.

¡Ver jugar a Neeskens, Krol, Johnny Rep, Keizer y al  gran Johan!  Aquello era de otra galaxia. Era acabar con el catenaccio italiano para pasar al juego ofensivo, de control de la pelota.  Juego rápido al primer toque en el que todos defienden y, sobre todo, todos atacan: ¡¡¡fútbol total!!! Cuando iba los domingos por la tarde al Camp Nou (los partidos acostumbraban a ser entonces  los domingos por la tarde, había luz y color), soñaba con aquella forma de jugar rebelándome contra lo que veía.

Nací en 1958. Y sí, el Barça había ganado las ligas de las temporadas 1958-1959 y 1959-1960, pero yo no lo viví conscientemente. El primer recuerdo que tengo de haber ganado un trofeo relevante fue la “Copa del Generalísimo”  el año 1968. Pero viendo al cabo de dos años la selección brasileña de Pelé (y de Gerson, Tostao -que me enseñó qué es jugar con peligro sin tener la pelota- Rivelino, Jairzinho y los laterales Marco Antonio y Carlos Alberto, ultraofensivos) en el Mundial de México el año 1970…

Recuerdo a mi padre que me hablaba del Barça de las 5 copas (el de la delantera hecha popular por la canción de Serrat: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón) y un compañero del colegio que me ponía enfermo cuando me decía -resignado con la supremacía absoluta del Real Madrid- “¿Qué más quieres? Un equipo de nuestra ciudad que siempre queda segundo o muy bien clasificado…”.

bbb8e99caf4ec085234aa54caeb56845 (1)La temporada 1970-71, la frustración ya fue máxima. A pesar de empatar a puntos con el Valencia, el Barça perdió el título por golaverage en la última jornada. Recuerdo escuchar la derrota por radio con mi padre y acabar con lágrimas en los ojos pensando en la sentencia de mi amigo: “¿Que más quieres?…”. ¡¡¡Siempre segundos!!!  ¡Además segundos tras el Valencia! El Real Madrid quedó cuarto y el Atlético de Madrid tercero.

Esta realidad y otras historias, como la politización en plena dictadura del fichaje de Alfredo di Stefano por parte del Real Madrid cuando realmente parecía que todo estaba dispuesto para que viniera al Barça y, formando parte del bando de los descendientes de los perdedores de la Guerra Civil, explican el sentimiento colectivo del barcelonismo, predominantemente pesimista y derrotista, como símbolo de una Catalunya vencida que tenía de mantenerse viva en la clandestinidad.

Se suponía que el Barça debía estar entre los grandes del mundo y no lo estaba. La imagen del Brasil de 1970 y la del Ajax de 1971,72 y 73 me permitían saber que “otro mundo era posible”, pero no parecía que aquellos jóvenes holandeses, desenfadados, con el pelo largo y con pinta de Beatles más que de futbolistas, estuvieran a nuestro alcance.

¡Cuando supe en  verano de 1973 que Johan Cruyff era jugador del Barça, no me lo podía creer!

Me fijé en Johan siendo muy pequeño. El año 1969, no sé como ni por qué -no recuerdo que fuese habitual ver partidos internacionales si no jugaba el Real Madrid- vi por TV, en casa de un amigo, un Benfica-Ajax de Copa de Europa que se jugaba en París. Era el tercer partido de desempate, que terminó con prórroga y Johan marcó el primer gol, contra el Benfica de Eusebio. Pero a parte del gol, su forma de jugar, a pesar de ser yo un niño, hizo que siguiera ya siempre al Ajax y a la selección holandesa. Perdieron la final contra el Milán, pero después ya vendrían las victorias del gran Ajax de los 70.

Y llegó la temporada 1973-74, como decíamos todos los años “aquest any sí”. Hacía 14 años que no ganábamos una liga. Y a diferencia de otras temporadas que al terminar solíamos decir “aquest any… tampoc”, sí ganamos la liga.

El 28 de octubre de 1973, día del debut de Johan con el Barça, tan rememorado estos días con motivo de su fallecimiento, yo estaba en el Estadi, como cada domingo que había partido y pude ver el 4-0 que marcamos al Granada, con dos goles de Cruyff, pero especialmente su juego y sus pases. Aquel día, tenía 15 años y hacía ya 7 u 8 que había sufrido la decepción de conocer la realidad sobre los Reyes Magos. Bien, la ilusión que sentí fue comparable a la del 6 de enero de cada año de mi infancia. ¡¡¡Pasamos  de cuartos en  la clasificación a primeros, 0-5 en el  Bernabéu  y campeones en el campo del Sporting de Gijón a 5 jornadas del final del campeonato!!!

Por todo ello la noticia de la muerte de Johan me trajo a la mente de inmediato la decepción provocada por  “la muerte” de los Reyes Magos.

¡Podéis imaginar lo que supuso vivir la victoria de Wembley en 1992! Miré a mi hijo mayor que entonces tenía 3 años y sentí que él si tendría mejor suerte que yo. Y así ha sido, con 26 años ha visto ganar al Barça 5 Champions y su hermano con 21 años 4. ¡En cambio yo tenia 33 y mi padre 63 cuando vimos ganar al Barça una Champions por primera vez!

Y ahora paso de las emociones a la razón. El cambio de aquel Barça del NODO, que estuvo 14 años sin ganar una liga, al actual: el mejor equipo de fútbol del mundo, ha sido posible gracias a Johan Cruyff. El fútbol en el mundo ha cambiado gracias a él y el Barça desde la Masía al primer equipo, ha interiorizado en su ADN este mensaje.

Pep Guardiola es un producto Cruyff. Fue Johan quien recomendó a Joan Laporta que apostara por Pep como entrenador del primer equipo. Pero Laudrup, Koeman, Ferrer, Sergi  y muchos otros como entrenadores o Txiki Beguiristain o Zubizarreta como directores deportivos y otros, dan continuidad a este modelo, como lo hace hoy en día Luis Enrique en el Barça con jugadores como Messi o Piqué, que en la Masía han mamado desde pequeños, esta concepción del fútbol.

Conozco el Barça, un poco desde dentro. Tuve la oportunidad de colaborar profesionalmente con la entidad entre los años 2008 y 2010. Me estrené con la gira de pretemporada en USA el año que debutó  Pep. Sólo empezar se encontró con la presión de decidir si tenía que reclamar que Messi abandonara los JJ.OO. de Beijing para así incorporarse a la pretemporada del Barça en New York, que era quien le pagaba y quien más podía sufrir las consecuencias de una mala pretemporada o, peor aún, de una lesión. Pep tuvo claro que Messi tenía que quedarse en Beijing y que hubiera sido un error frustrarle el sueño olímpico. Y así fue. No olvidemos que Pep Guardiola (como Manel Estiarte, que también estaba  presente en  la reunión decisiva en la habitación de  Pep en el  hotel  Saint Regis de Manhattan), había sido campeón olímpico.

Pero ésta es sólo una anécdota entre muchas. La palabra complejidad se queda muy corta para definir la realidad del gran entramado de intereses que hay entorno al Barça. Es otro mundo.

Johan era humano y como tal tenía sus defectos. Oiremos hablar de ciertos comportamientos poco ejemplares, de ciertas cuestiones éticas… Su muerte ha conseguido -me temo que tal vez por pocos días- unir los ismos del Barça: que todos los expresidentes vivos junto al presidente actual firmen juntos un comunicado y hayan todos accedido a compartir palco el próximo sábado en el Barça-Real Madrid, así como que Bartomeu y Laporta se dieran un abrazo durante el acto de despedida a Cruyff en la puerta 14 del Estadi

Pero Johan era como era y no dejaba indiferente a nadie. Es indispensable entender que el pack era íntegro y único. Que las virtudes eran inseparables de los aspectos menos virtuosos y que sin sus partes más criticables y, si se quiere, oscuras, nunca hubiera tenido la fuerza, la energía y la personalidad necesarias para ser él, para revolucionarlo todo, para imponer su autoridad. La personalidad de quien más sabe de fútbol. La misma que ha conducido -toda ella, entera, las dos caras de la misma moneda-, a todo el mundo, incluido Florentino Pérez y a muchos de sus detractores dentro del barcelonismo, a reconocer su grandiosidad o por lo menos a callar o a murmurar de forma contenida.

El gran Barça no se explica sin Johan. Es el padre de la criatura. Era un genio. Y a los genios a menudo se les ha de soportar aspectos difíciles de comprender porque el resultado final es tan indiscutiblemente genial, que más vale callar.

Si ahora se propone que el Estadio pase a llamarse Estadi Johan Cruyff, la polémica estallará y veremos cómo puede acabar todo, incluida la memoria del difunto…

¿ESTADIO JOHAN CRUYFF?

¿ESTADIO JOHAN CRUYFF?

Personalmente opino que ya estamos tardando. Alguien que nos hizo ver que en ningún lugar estaba escrito que los catalanes tuviésemos que perder siempre, ¿Qué menos? Ahora, si ello ha de comportar repetir episodios mezquinos alrededor de la figura desaparecida de Johan Cruyff…

Toni Padilla recordaba ayer en Inglaterra que Sir Alex Ferguson, Thierry Henry y Dennis Bergkamp ya tienen su estatua en vida. La Supercopa holandesa ya hace años que lleva el nombre de Johan Cryuff. El presidente de la Federación Holandesa de Fútbol pidió poner el nombre de Johan Cruyff al Amsterdam Arena.

Acepto que finalmente este no es el tema importante. Lo que realmente importa es el legado, el gran legado, la magnitud que nos deja Johan: el mejor equipo de fútbol del mundo, la mejor escuela de jugadores, el fútbol espectáculo. Pero la capacidad de saber expresar el reconocimiento de forma simbólica también es un valor. En nuestro país solemos llegar tarde a reconocer en vida a los más grandes. Al menos reconozcamos a Johan lo que es de Johan aunque sea tras su muerte.

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7 comentarios sobre “GRACIAS, JOHAN

  1. Molt bé Josep María.
    No sóc afeccionada al futbol, però has aconseguit fer-me entendre un sentiment que ara veuré i respectaré des de un altre òptica.
    Felicitats super-culé

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies Montse¡ Me n’alegro!

  2. Josep María,
    No sé escribir en catalán, pero he podido leer embelesado en fantástico relato sobre el gran Johan Cruyff. A pesar de no ser catalán, soy culé desde que vi un Gamper con 12-13 años de edad y…jugaba Cruyff. Creo que eso lo explica todo.
    Hace poco vi un titular que decía algo así como Johan Cruyff era el fútbol en sí. Desde luego, no cualquier fútbol…sí el fútbol total.
    Gracias Josep María (el paralelismo con los Reyes Magos es genial), y gracias a Johan (por el fútbol).

    1. josepmariavia dice:

      Mil gracias a ti Javier. Un abrazo!
      Por cierto, el bloc es en catalán y castellano. Voy algo atrasado con las traducciones. Aparte de todo, los comentarios son bienvenidos en cualquier idioma¡

  3. La veritat emociona el teu relat com parlas d en cruiff jo el recordo quen jo feia les practicas d conduir a Pedralbes i ell sortia amb el cotxe per anar a entrenar molt be josep maria

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies Montse. M’alegra que t’hagi fet reviure bons records!

  4. josepmariavia dice:

    Avui he sentit per RAC1 un tertulià (no en conec el nom) que ha dit que la copa del món de futbol guanyada per Espanya (per cert, contra Holanda) no deixava de ser fruit derivat de Johan Cruyff, en la mesura que l’equip era pràcticament el Barça practicant el futbol de la Masia, el que va aportar Johan. Hi estic d’acord!

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