FUNDACIÓ LLUIS LLACH

FUNDACIÓ LLUIS LLACH

Para vivir como uno quiere, se entiende. Y lo primero es saber cómo se quiere vivir.  Al final vivir es conseguir que la vida sea como uno quiere, ser capaz de constatar que nuestra elección -limitada en mayor o menor medida por los imponderables- es la que más aproxima a la felicidad que todos buscamos.

Leo una entrevista a Lluís Llach en la que expresa ideas con las que me siento muy identificado: “Buscaba tiempo para vivir“, dice, cuando decidió jubilarse a los 60 años.

¿No era feliz antes con lo que hacía? Evidentemente yo no lo sé, pero diría, por lo que interpreto de sus propias palabras y por mis propias sensaciones, que sí.

Uno es esclavo de sí mismo y de la imagen que se ha creado en torno a  uno mismo. Se termina jugando un rol -a menudo más exagerado si se es famoso- y, sin que ello implique la infelicidad, es comprensible que se pueda decir “buscaba tiempo para vivir”, para ser yo, más allá del rol.

Nos dice Llach: “Yo siempre he soñado otra actitud, la observación…”. Y aclara: No es en absoluto triste lo que estoy diciendo, ¿eh?”.

Con frecuencia, las vidas ajetreadas no permiten ni la calma ni la distancia suficiente para observar en profundidad. Para observar y para observarse. Esto nunca es triste. Al contrario.

Uno puede haberse sentido muy feliz -o no, también cabe la posibilidad- viviendo una vida intensa, llena de ocupaciones, sin mucho tiempo para pensar ni para escuchar la propia alma. También se da el caso de mucha gente que huye de sí mismo, del reencuentro con la propia identidad real, más allá del juego del rol (¿”quién” hay detrás de esta imagen?). Tanto los unos como los otros, en un momento determinado pueden decidir que necesitan tiempo para vivir, o para hacerlo de una forma diferente o, para simplemente vivir.

El tercer tramo de la vida, es un momento en el que -creo- abundan más estas reflexiones. Has trabajado mucho durante años, te has dedicado a la familia -o ni eso porque les has robado el tiempo para dedicárselo al trabajo-, has llegado exhausto a las vacaciones con el deseo de leer aquellos libros que durante el año no has podido ni hojear y de hacer todas las actividades que hubieras querido hacer para “vivir” y, con suerte, apenas logras hacer alguna. Y de repente, ha pasado un año más y has tenido que volver a la rutina, tal vez con esa sensación de que te falta tiempo para vivir.

Lluís Llach tiene 66 años y dice: “Si no tuviera mi edad no podría hacer lo que hago. Romper con mi vida anterior, irme a Senegal y empezar a escribir como un loco. Lo he podido hacer por mis condiciones vivenciales, y económicas también. Por eso, en el fondo, me retiré a los 60“.

Hay gente que teme mucho a la jubilación, romper con la vida anterior. En cambio hay gente que no sólo no la teme sino que ni siquiera la necesita. Algunos de los primeros no se atreven a empezar a vivir. Quizás morirán sin haber vivido nunca. La mayor parte de los segundos viven la vida desde que nacieron y no les hace falta esperar a jubilarse para crear un entorno facilitador del reencuentro consigo mismo, para “empezar a vivir”.

Ir a Senegal, marcharse lejos o simplemente alejarse del medio donde uno ha vivido, puede ser una buena opción si te lo puedes permitir. Pero tratar de vivir el tramo final con plenitud, también se puede hacer sin salir de casa. A partir de aquí todo depende, como muy bien dice Llach, de las condiciones vivenciales y de las económicas. La paz la puedes encontrar en casa y el infierno puede perseguirte por muy lejos que vayas. No se trata de huir sino de continuar viviendo con conciencia y plenitud si tienes la suerte de hacerlo desde hace tiempo, o de aprovechar los años que te queden para tratar de alcanzarlo, si no lo has conseguido antes. A mí escribir me ayuda a intentarlo y el deseo de hacerlo me lleva a empatizar con Llach cuando habla de la necesidad de empezar a “escribir como un loco“.

Vivimos en un mundo convulso. Quizás quienes vivieron las invasiones bárbaras o la II Guerra Mundial también tenían la misma sensación, o peor.  Nosotros, yo, sólo puedo hablar del mundo que he vivido, del que vivo, y lo encuentro convulso. Hay mucho ruido y “mi mal no quiere ruido”.

Planificar la jubilación es importante. Percibirla como una gran oportunidad también. Y sobre todo tratar de no desaprovecharla, en especial si antes uno ha tendido a escaparse de sí mismo para no tener que enfrentarse. El autoanálisis y la autocrítica son indispensables. Ayudan siempre, en todas las etapas de la vida. Y por supuesto ayudan a envejecer bien. Ayudan a corregir, si es necesario, y aprovechar el tiempo para vivir.

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Un comentario sobre “DISPONER DE TIEMPO PARA VIVIR

  1. Helena Ris dice:

    això mateix:no és un tòpic dir que és una nova etapa, es cert. Cal desitjar-la i pensar-hi com una oportunitat de retrobar-se, de mirar i observar, de no estar eternament ocupats, fent coses i coses i coses… sense parar. Característica que defineix la vida adulta.
    Cada vegada estic més segura que el Sr. Montaigne va tenir molt d’encert al retirar-se per observar-se a sí mateix ” Així, lector, jo mateix sóc la matèria del meu llibre…” i si a més hom pot permetre’s algun que altre viatge de tant en tant oi?

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