ANNA MARIA VIA MARTÍ

No hace mucho, un amigo escritor, poeta, relevante en el panorama de las letras catalanas, me hizo darme cuenta de que la buena literatura no podía ser “azucarada”. De hecho, me lo tomé como un elogio -jamás me he sentido capaz de hacer nada que se aproxime a la literatura-, porque se refería a un cuento mío reproducido en este blog que, sí, contenía dosis de “azúcar”, en forma de expresión de sentimientos dulces.

Le aclaré una obviedad. No soy suficientemente bueno para hacer literatura. Si lo fuera, habría apostado por no hacer otra cosa  y tratar de ganarme la vida con este oficio. Tengo cosas que contar que, en ocasiones, interesan a algunos lectores y este es el sentido de mi blog personal. No ambiciono nada más, porque no tengo lo que se tiene que tener para hacer literatura y, aún menos, buena literatura. En este mundo extravagante en el que vivimos, valoro, de vez en cuando, según cómo, poder expresar sentimientos. ¡Y hoy tengo en la mente a mi familia!

En este caso, como en la mayoría, los puntos de vista pueden ser múltiples, diversos o contradictorios. Recuerdo a uno de mis pocos y escasos buenos amigos, de aquellos de verdad quiero decir, que después de pasar un largo y doloroso calvario con un familiar muy cercano -socios ambos de la empresa familiar-, llegó a la conclusión de que lo más importante del mundo son las personas que quieres de verdad, sean familia o amigos. Y que en su caso, era patente que los amigos elegidos y mantenidos en el tiempo, eran más importantes que la familia, que no deja de ser la que “te ha tocado” y que no has podido elegir.

Estoy muy de acuerdo. Con la mayor parte de la familia, excepto la más directa, y con alguna excepción, hace años que no tengo prácticamente relación. Pero tiendo a pensar que hay algún tipo de vínculo que, sí, en muchos casos puede no tener ningún efecto, pero en otros te hace sentir que compartes algo especial con aquel o aquella, si se quiere, sí, más o menos desconocido. Mi padre era muy amantye de la familia. Con una prima lejana se dedicó a reconstruir el árbol genealógico de los Bertrán -él era Via Bertrán- desde el siglo XVII. Y creo que nos impregnó de este espíritu familiar, quizás algo inespecífico pero, al fin y al cabo, un sentido de pertenencia, de valor añadido, para mí indiscutible.

Este mes de agosto de este año extraño, es igualmente especialmente extraño. Si os digo que con horas de diferencia, mi primo mayor de la parte Redons de 69 años, me invitaba a su segunda boda y que mi prima mayor de la parte Via, moría en un centro de cuidados paliativos de Malmö (Suecia), también a los 69 años -el próximo 16 de agosto habría cumplido 70-, me diréis que son cosas de la vida. Que en términos universales, cada día se casa gente, nace y se muere, y que el hecho de que haya coincidido en mi familia, no le proporciona ninguna relevancia. Y objetivamente es cierto. Pero subjetivamente no o, en cualquier caso, para mí, no.

De los 62 años de vida en los que he coincidido en este mundo con mi prima Anna Maria Via i Martí, solo soy capaz de recordar tres momentos, correspondientes a los años 60, a los últimos años del siglo XX o los primeros del XXI y ahora, en el mes de abril, en plena pandemia y estos últimos días. Ella murió el sábado 1 de agosto a las 21 horas, como he dicho en Malmö, en el Palliativ vard sardelning.

Cuando más coincidí con ella fue en la primera etapa de las mencionadas, en los años 60. A mi padre le gustaba mantener el contacto con la familia, sus hermanos y primos del Penedès. Él era de La Granada del Penedès. Y a menudo íbamos a la casa que fue de mis abuelos y que el padre de Anna Maria, el hermano mayor de mi padre -había una hermana mayor fruto de un primer matrimonio de mi abuelo-, como heredero, recibió. Era mi prima mayor. La recuerdo guapa, rubia, con ojos claros, rompedora, excelente pianista y aficionada a la pintura. No tengo una idea clara de cómo estaba estructurada su cabeza y aún menos su alma, pero creo que La Granada se le quedaba pequeña. Las pioneras de la “minifalda”, en aquellos años de revolución del 68, lo tenían difícil en todas partes, pero seguramente en los pueblos pequeños un poco más. La recuerdo desafiante con sus padres, como predestinada a buscar sus objetivos donde fuera y poco preocupada por el precio a pagar. Todo esto dicho desde el recuerdo infantil y la reinterpretación posterior de lo que he sabido de ella. Puede que me equivoque. Pero creo que como mucho, un poco, pero no demasiado. Y acabó yéndose a Suecia, donde pasó la mayor parte de su vida, excepto un paréntesis, diría que largo, pero no tanto, de regreso a Vilafranca. La mitificada Suecia, moderna y socialdemócrata, me parecía una sociedad más abierta para acoger a un espíritu que recuerdo libre y poco convencional. Una sociedad, de todos modos, que desde el desconocimiento y la lejanía -solo he viajado una vez a Suecia en toda mi vida- me parece que ha evolucionado hacia unas formas de relación interpersonal muy frías. Una sociedad en la que un porcentaje elevado de gente muere sola y a veces nadie los echa de menos hasta que pasan meses. Un país que acogió a Anna Maria y en el que ha muerto sola, por cómo es el país y por la contribución de la COVID-19, que ha limitado la presencia de su pareja, Bergt, y ha impedido que algunos familiares del Penedès se hayan podido desplazar para acompañarla y despedirse de ella.

Aparte de esos encuentros familiares y coincidencias en comuniones y bodas -afortunadamente no tuvimos entierros en aquellos años 60- no fue hasta pasados ​​muchos años -30 o más- que me la crucé por la Gran Vía de Barcelona. La paré y le dije: “Anna Maria, ¿sabes quién soy?”. Y me dijo: “Sí, mi primo Josep Ma”. Me contó que hacía ya algún tiempo que había vuelto de Suecia. No sé cuánto tiempo tardó en volver a irse a ese país en el que, además de morir, intuyo que vivió en él gran parte de las mejores cosas de su vida.

El día 11 de abril de este año extraño, en pleno confinamiento, comuniqué a mi prima Montserrat Vía, hermana pequeña de Anna Maria – la quinta y

MONTSE VIA MARTÍ I ANNA MARIA VIA MARTÍ

la primera de cinco hermanos, respectivamente-, el nacimiento de mi nieto Claudi Vía en Santiago de Chile.

La respuesta me conmovió:

“Ahora que todos tenemos tiempo podemos reflexionar mucho y recordar más a los nuestros. Supongo que Anna (por mi hermana) te habrá contado que Anna Maria no está muy bien. Si quieres te paso su contacto y le compartes esta alegría. Ella sigue en Suecia y le gustará saber de todos, y más ahora que está pasando un mal momento. Yo estuve en febrero y ahora no podré ir más hasta que pase la pandemia…”.

Llamé a Anna Maria y hablé con ella después de muchos años de no hacerlo, ni saber nada de ella. Me agradeció las fotos que le envié del nacimiento de mi nieto Claudi. Le pareció precioso. “Se le ve muy fuerte”, me dijo. Y también que mi hijo Pau se parecía mucho a mí. Era el día 11 de abril y me dijo en un audio, con una voz bonita y aún llena de energía:

“Hola Josep Ma, yo también te quiero enviar fotos mías y del lugar donde vivo. Pero prefiero esperar a que haya flores en los parques que hay cerca de mi casa y entonces te las enviaré”.

El 26 de julio, día de Santa Ana, la felicité y me envió otro audio, ya ingresada en el mencionado centro de cuidados paliativos y con una voz que nada tenía que ver con la del 11 de abril. Aquel día de primavera reconocí perfectamente su voz. No había cambiado. Era la misma que tenía a los 15 o 16 años. Llena de fuerza y ​​optimismo. El 26 de julio le costaba mucho hablar. Tenía que hacer esfuerzos y parar para coger fuerzas. Era la voz de una vida que se extinguía. Sin embargo, el tono positivo y optimista de una persona que había asumido perfectamente su destino inmediato, me impresionaron.

“Muchas gracias, Josep Ma. Estoy muy contenta de que hayas pensado en mí en el día de mi Santo (…). Estoy en un centro hospitalario, son todos muy majos, me atienden muy bien. Estoy muy bien, la verdad, aunque a veces esté muy cansada, pero mira… Tú como médico, también sabes que hay que hacer todo lo que se puede (…). Luchar y luchar, ¿qué más hay que  hacer? Dentro de lo que cabe, estoy muy bien. Son muy majos todos aquí, los que me atienden, todos. Y no puedo desear nada más porque, aparte de la salud, lo tengo todo, podríamos decir… Estoy aquí, sola, ahora, no siempre, pero con esto de la COVID-19, la gente no sale. Pero dentro de todo estoy bien. ¡Un abrazo muy fuerte!”.

El último mensaje de voz mío que escuchó, de respuesta, decía…:

“(…) Me ha hecho mucha ilusión pensar en ti, felicitarte, escuchar tu respuesta. Es muy curioso porque nos hacemos mayores, de jóvenes nos veíamos, si echamos la vista atrás podemos concluir que no hemos tenido mucha relación. Tú eras mi prima mayor, yo estaba más en la edad de tu hermana Cèlia, entre ella y tu hermano Josep Ma, pero siempre te recuerdo muy guapa, sonriente, entusiasta, rompedora… Tengo un recuerdo muy energético de ti y muy bueno. Nunca olvidaré cómo tocabas el piano y la pasión que ponías. Daba gusto mirarte cuando lo hacías. La cara, los movimientos del cuerpo, viviendo lo que tocabas… Te deseo que sigas bien, que vivas el día a día, tal y como me has demostrado que haces. Me gusta ver cómo valoras en cada momento lo que tienes. Las luces, los colores, los paisajes, la gente que te cuida, las pequeñas cosas que hacen que la vida sea agradable en el día a día, ¿no? Mantengamos el contacto, Anna Maria. Como te decía, tal vez hace muchos años que tuvimos relación, cuando éramos muy jóvenes pero, no sé, la familia es la familia, y cuando nos hacemos mayores parece que hay algo que nos une, hay algo y yo te tengo muy presente. ¡Un beso muy fuerte, prima!”.

Como he dicho, el día 1 de agosto, hoy hace una semana, murió. Esta pandemia nos ha impedido, a los familiares y amigos, despedir a los que nos han dejado, como Anna Maria, y dar la bienvenida a los que, como Claudi, han llegado a este mundo. Curiosamente, sin embargo, el nacimiento de Claudi -el único descendiente de su generación que por ahora da continuidad a nuestro apellido- me permitió reconectar con Anna Maria, después de muchos años y, mira por dónde, quién me lo iba a decir, despedirme, con plena conciencia de hacerlo -estoy seguro de que ella también- de ella.

Vuelvo al principio. Este blog es el que es pero, con toda seguridad, no es literatura. ¡Qué más quisiera yo! No sé si este escrito responde a lo que mi amigo escritor me desaconsejaba hacer. Es decir, no sé si es un escrito “azucarado”. En cualquier caso, es sentido y da respuesta a una finalidad -una de las finalidades- del blog, que nunca he comentado, la de dejar un testimonio personal. Yo, como todo el mundo, me iré, pero el blog, en principio -si no hay un cataclismo tecnológico- permanecerà. Confieso que, hablo de esto, porqué tengo en la cabeza a mis hijos, a mi nieto y a los nietos que puedan venir. Pienso que, probablemente, otra gente, algunos pocos, tendrán interés en consultarlo. Sin desmerecerlos, sino todo lo contrario, tengo en la cabeza a mis descendientes. Y es posible que esto sea así o todo lo contrario, y nunca se interesen por las “divagaciones de su padre o de su abuelo”. Yo pagaría por que mis abuelos o mi padre, hubieran dejado un legado escrito. Siempre tendemos a creer que lo que nos gusta a nosotros seguramente gustar a los “homólogos”…

Mi padre -su recuerdo- no es ajeno, al contrario, el contenido de este post. Para él la familia era muy importante y mientras pudo -la adolescencia nos llevó a campar por otros territorios- nos la hizo vivir. Siempre tuve mucha curiosidad por saber cómo eran mis abuelos Cristòfol Via y Maria Bertrán. No los conocí. De hecho, mi padre, casi no conoció al suyo, que murió -una de tantas víctimas de la Guerra Civil española- cuando él tenía nueve años,

ANNA MARIA VIA MARTÍ

en 1937. Cómo me gustaría leer escritos -hasta donde yo sé, inexistentes- del abuelo Tòfol, la abuela María, o de mi padre. Evidentemente, con mi padre pude compartir muchas cosas hasta hace seis años, que murió. En especial, el mes que precedió a su muerte, me explicó muchas desconocidas y me dio versiones matizadas de algunos hechos que, durante toda la vida, los había transmitido de una forma diferente a como parece que fueron, o más bien cómo los vivió en realidad. La vida de un niño que a los nueve años dejó La Granada del Penedès para ir interno a los Salesianos de Sarrià y no volver nunca más a casa, excepción hecha de las vacaciones escolares -ni siquiera durante el tramo final de la Guerra Civil, que lo pasó con sus primos en casa de mi bisabuela- no fue tan dulce como nos lo había contado siempre…

Este ha sido un año extraño y este mes de agosto en el que Anna Maria, el día 16, hubiera cumplido 70 años, ha empezado tristemente porque no ha llegado a celebrarlos. Por esta razón y por muchas otras, sí, definitivamente este ha sido un año extraño y este agosto, hoy por hoy, extrañamente diferente…

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4 comentarios sobre “AGOSTO 2020.  UN MES EXTRAÑO, UN AÑO EXTRAÑO

  1. Montse Grau dice:

    Em sap greu Josep Maria. Sempre us quedarà el seu record i la seva energia. Descansi en pau

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies Montse. L’energia de l’Anna Maria, era tal -o almenys així ho percebia jo en la meva infantesa i joventut- que és la que m’ha inspirat a escriure aquest post familiar amb molta passió i satisfacció. Descansi en pau

  2. Montserrat dice:

    Res del que expliques en aquest post m’ha vingut de nou. De fet, les circumstàncies han propiciat que visqués el que hi expliques a mesura que anava passant. M’havies parlat de la teva cosina i m’havies parlat de les darreres converses amb ella. També em vas compartir la notícia de la seva mort. I malgrat saber a l’avançada tot el que hi expliques, m’he enganxat llegint-lo, l’he disfrutat molt. Si això no és literatura, doncs ja em diràs, què és. M’ha semblat un comiat i un record preciós. Diuen que ningú no mor mentre algú el recorda.

    1. josepmariavia dice:

      Moltes gràcies pel teu comentari Montserrat. Ha estat un plaer compartir amb tu aquesta història de vida. De vida, perquè la mort no és més que una part de la vida: la última. L’essencial del que m’ha evocat la mort de l’Anna maria, està escrit en el post i no cal que hi insisteixi. Certament, ningú no mor mentre algú el recorda. Per això la major part d’humans són i podem aspirar a ser recordats, per dues, màxim tres generacions. Evidentment no parlo de Ramon Llull, d’Ausiàs March o de Josep Pla, per posar tres exemples d’excepcions que confirmen la regla.
      Aprofito el teu comentari per subratllar que m’ha cridat l’atenció la quantitat d’aportacions que he rebut, estranyats de que digués que, crec, que el que faig en aquest bloc, no és literatura. Ho trobo curiós, perquè mai havia perdut ni un minut en pensar en aquesta qüestió, perquè, sincerament, m’és igual. Per a mi el bloc és un espai de llibertat, en el que expresso idees, sentiments, opinions, valoracions, analitzo… Tot plegat en dosis variables segons el tema del que parlo, el moment en el que escric o el que m’inspira a escriure allò en concret i no una altra cosa. En tinc prou si aconsegueixo transmetre, provocar emocions i, com deia en el post, deixar un llegat escrit als meus descendents i als que pugueu estar interessats en el que escric.
      M’he referit varies vegades al fet que, normalment, rebo més comentaris per Mail, WhatsApp o fins i tot Linkedin, que no pas penjats al propi bloc.
      En reprodueixo alguns -preservant l’anonimat dels que me’ls han fet ja que, interpreto que si haguessin volgut que fossin públics, els haguessin penjat al bloc- per il·lustrar la meva sorpresa sobre el debat que, de cap manera volia suscitar, sobre si el que escric te alguna cosa a veure amb la literatura o no. Ja he dit que jo crec que no i al post he indicat que un bon amic que si que fa literatura i de la bona, opina igual. Els reprodueixo però, i començo pel teu.
      -“Si això no és literatura, doncs ja em diràs, què és”
      -“Amb sucre o sense, ho continuo trobant ben escrit. Una dosi generosa de sentiments expressats tal com raja. No deixis de fer-ho, paga la pena. És de les poques coses que em reconcilia amb la humanitat”
      -“Més enllà de les vocacions literàries hi ha el pensament. El valor del teu bloc (està en) l’expressió nua del pensament com un llegat, tal com dius. I en el pensament l’ensucrament o l’agror que en literatura poden malmetre una obra, son en canvi indispensables per transmetre l’ànim que hi transita inevitablement i hi fa estada, en ells.”
      -“Serà literatura o no. Serà bona o ensucrada. El que és important és que arrivi i emocioni. A mi m’ha emocionat”
      -“Al meu entendre, és molt més important ‘expressar sentiments’ que ‘fer literatura’, encara que sigui bona literatura”
      -“La vida viscuda sempre serà més propera que la literatura, ensucrada o no”
      -“I és clar que fas literatura! Qui posa aquest qualificatiu? (…) Tan si val que el que escrius sigui ensucrat o cruel, l’important és que ho escriguis des de dins. Hi ha obres mestres de la literatura que no són més que culebrots escrits amb ànima. (…) La teva narrativa forma part del què ara en diuen ‘papers privats’ i són un any comú i dos d’especialitat”
      Deixo aquests com a mostra de un munt de comentaris més rebuts al respecte, que, com deia, m’han sorprès. Res més lluny de la meva intenció suscitar aquest debat, però confesso que l’he acabat trobant interessant. He descobert -a partir de l’últim comentari reproduït- que hi ha una obra, que desconeixia, d’Enric Bou, Titulada “Papers privats. Assaig sobre les formes literàries autobiogràfiques”. Reprodueixo algun fragment de la introducció amb el que m’hi sento reflectit com autor d’aquest bloc:
      ” (…) Vaig decidir fa temps d’iniciar -i, ara, d’aplegar- unes reflexions mínimes sobre literatura autobiogràfica, tot seguint el fil conductor que marquen les formes més establertes i amb un prestigi reconegut: memòries i autobiografies, dietaris, epistolaris i llibres de viatges. Tots aquests són textos que han rebut una atenció desigual, però que han estat llegits gairebé sempre des d’una posició d’intensitat, perquè posen al descobert parcel·les de la vida privada de qui els escriu, i per l’efecte de mirall que tenen, serveixen per indagar en la vida de qui els llegeix…”
      Si, com diu Bou, posant al descobert parcel·les de la vida privada, aconsegueixo -almenys en alguna ocasió- ser llegit amb intensitat i fer l’efecte mirall convidant al lector a la introspecció, em dono per molt satisfet!

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