Hospital dl Mar 1918

Hospital dl Mar 1918

Excmo. Sr. Xavier Trias, alcalde de Barcelona, Hble. Sr. Boi Ruiz, consejero de Salud de la Generalitat (a quien quiero agradecer, muy especialmente, su presencia hoy), Ilma. Sra. Maite Fandos teniente de alcalde, Ilmas. e Ilmos. Sras. y Sres. regidores, secretaria general del Departamento de Salud, Dra. Iniesta, delegada de Salud del Ayuntamiento y vicepresidenta del Parc de Salut Mar, consejera Geli, Sr. Rafael Argullol, catedrático de estética de la Universitat Pompeu Fabra que como usuario del Hospital del Mar nos ha hecho una magnífica explicación del mismo, compañeros del Consejo Rector, gerente, directivos, apreciados médicos, enfermeras, personal del Hospital, amigas y amigos, gracias. Hoy estamos aquí para expresar nuestro agradecimiento.

Alcalde, que el Plenario del Consejo Municipal haya acordado por unanimidad otorgar la Medalla de Oro al Mérito Cívico al Hospital del Mar, para nosotros supone un reconocimiento extraordinario a todas las personas que han hecho posible desde hace 100 años que el hospital haya servido a la ciudad y nos estimula a continuar con entusiasmo nuestra tarea de asistencia, docencia e investigación. Gracias de todo corazón a todo el Consistorio y muy especialmente al alcalde Trias, al Dr. Trias, por este reconocimiento.

Barcelona, desde su creación hace dos milenios, fue una ciudad castigada por las epidemias, desde la mortífera peste negra del siglo XIV, hasta los brotes epidémicos de los siglos XIX y XX. Quien fue elegido alcalde de la ciudad, durante el llamado Trienio Liberal, Antoni Miquel de Rivas fue víctima, en su propia piel, del brote epidémico de fiebre amarilla de 1821. Un monumento en el cementerio de Poblenou recuerda su memoria y la de casi nueve mil barceloneses que murieron y fueron, mayoritariamente, enterrados allí.

El Hospital del Mar, el hospital de los infecciosos, se creó en el año 1914, estrechamente vinculado con el Ayuntamiento de Barcelona, vinculación que no queremos perder. Y su historia, paralela a la de la ciudad, ha sido y es una historia de servicio a Barcelona y al país, prestada por una entidad con una idiosincrasia peculiar y dotada de una fuerte personalidad.

Seguro que estos últimos años no han sido los más fáciles de la historia del hospital. Tampoco, ni de lejos, los más difíciles. Al Hospital del Mar, siempre le ha tocado hacer un sobreesfuerzo. Siempre hemos tenido que aportar un plus. Y si no fuese porque los profesionales “sudan de verdad la camiseta cada día y sienten los colores”, no estaríamos en la División de Honor de los hospitales del país. Esto hace que la Institución sea querida por sus usuarios, -barceloneses en su mayoría aunque no todos- mayoritariamente de los distritos de Ciutat Vella y Sant Martí y del barrio de la Barceloneta, con los que nos sentimos estrechamente ligados y estamos vinculados.

Decir que somos “locales y globales” es poco original pero es la realidad. Somos como un hospital comarcal de una parte entrañable de la ciudad, a la vez que somos un centro de alta tecnología, universitario, con una producción científica y de investigación de primera línea mundial. Todo ello gracias a la calidad, tenacidad y convicción de los profesionales del Hospital.

En 1914 una devastadora epidemia de tifus puso fin a la vida de 2.000 de los 600.000 barceloneses que en aquel entonces tenía la ciudad y provocó que el Ayuntamiento, delante de la playa de la Barceloneta, donde hoy se encuentra el Hospital, separadas de la ciudad por las vías del tren, decidiese aprovechar unas instalaciones de la Exposición Universal de 1888, para atender a los afectados de la epidemia. Cada día había 500 nuevos casos y 80 muertos.

La idea era que la instalación fuese provisional pero los médicos, en vista de la situación epidemiológica, hicieron ver al alcalde Boladeres i Romà que el improvisado centro sanitario no se podía cerrar. De esta manera, el Ayuntamiento de Barcelona, declaró como permanentes las instalaciones provisionales, naciendo así en el lugar conocido como “Sección Marítima del Parque”, el Hospital Municipal de Infecciosos.

No debe ser casualidad que ese mismo año 1914, el Ayuntamiento crease los Servicios Funerarios Municipales.

El Hospital del Mar nació en una sociedad atemorizada por una epidemia mortal, al lado del mar al que la ciudad daba la espalda, en un lugar hacia el que nadie miraba, resultado de la interacción de médicos y Ayuntamiento. Una relación que ha marcado la historia hasta nuestros días, en los que el actual alcalde, el Dr. Trias -y todo el consistorio-, pese a no ser ya la Administración competente, con la reciente aprobación de una inversión de 30 millones de euros ha evitado que el Hospital viese seriamente comprometido su futuro y como sabéis os estamos muy agradecidos.

Hoy, el Hospital se encuentra en el centro de la ciudad, delante de una playa urbana accesible con transporte público, en un entorno de calidad que atrae a visitantes de la ciudad y de todo el mundo. Pero hace cien años la situación era completamente diferente. Este paraje de la ciudad estaba ocupado por fábricas contaminantes, por núcleos de barracas infrahumanas donde las personas con menos recursos malvivían y por la suciedad que se vertía procedente del resto de la ciudad.

Y por este hecho, que yo definiría como “… pese a ser necesarios siempre nos hemos de reivindicar”, está en nuestro ADN desde que nacimos: éramos vitales para la salud pública barcelonesa, ¡pero nadie nos quería tener ubicados al lado de su casa! Esta lucha, primero para ser y después y siempre, hasta hoy en día, para ser lo que hemos de ser, casi se ha convertido en nuestra divisa.

Ya durante los años 20, la búsqueda de una nueva ubicación chocó con el rechazo social y la oposición de los diferentes barrios de la ciudad donde se propuso su ubicación. Todos, desde los más pudientes hasta los más humildes. Desde los vecinos y empresarios de Can Tunis, hasta los de Horta.

Incluso el propio Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet se opuso a la construcción de este equipamiento en unos terrenos ofrecidos por un vecino del pueblo con la siguiente declaración: “… Nos opondremos con todos los medios legales a que dicho hospital se instale en este término municipal, por estimarlo atentatorio a los intereses del vecindario y peligroso para la salubridad del mismo”.

Así se decidió mantenerlo en el emplazamiento actual y coincidiendo con la Exposición Universal de 1929, se construyó el primer recinto de pabellones con capacidad para unos 400 pacientes.

El estigma de hospital de infecciosos, se llegó a denominar “de incurables”, no lo convertía en un lugar atractivo, ni para los profesionales ni para muchos ciudadanos. Solo querían venir a él los médicos y enfermeras más vocacionales y las monjas.

Es por ello que digo que cien años después, aquella huella todavía está bien presente en nuestros profesionales. Con el poco tiempo que hace que tengo el honor de poder colaborar con el Hospital del Mar, he podido entender lo que significó lo que en la casa se conoce como “la bajada desde el Hospital de l’Esperança” y el aprovechamiento del impulso olímpico para no perder posición entre los hospitales de primera línea. ¡Siempre luchando! Y esto gracias a muchas personas determinantes en la historia reciente del hospital, pero gracias sobre todo a estos profesionales que saben que tienen que “sudar la camiseta” más que los otros.

Más recientemente, con motivo del nombramiento del Hospital como hospital olímpico, Vázquez Montalbán reflejó bien en un escrito, este estigma histórico del Mar diciendo: “… Al de Infecciosos, al que felicito por su ascenso a la condición de Hospital Olímpico, lo asocio con la prohibición para ver a compañeros de colegio, de barrio o algunos familiares que habían caído entre las fauces de cualquier epidemia. Sabía que estaban allí, pero no nos permitían acercarnos, porque eran tiempos de toda clase de contagios, y cuando no era el piojo verde era el bacilo de Koch o el bichito de la meningitis o el de la poliomielitis el que estaba predispuesto a jugártela…”.

La Guerra Civil, que tanto afectó a la ciudad, fue un periodo muy convulso para el hospital. Nada volvería a ser como antes, ni en el país, ni en la ciudad, ni en el Hospital. Las monjas fueron expulsadas y encarceladas. El director del Hospital era entonces el Dr. Josep Maria Grau Blanc, que fue forzado como el resto de médicos a la sindicación obligatoria a la CNT. Los médicos alineados políticamente a favor de los partidos de derechas, sufrían la represión de las patrullas de control revolucionario. Las enfermeras y enfermeros fueron movilizados para ir al frente de guerra.

Uno de los numerosos y mortíferos bombardeos de la aviación de Franco sobre la ciudad se concentró especialmente en la Barceloneta, obligando -pocos días antes de la Navidad del año 1937- a trasladar el Hospital al Hotel La Florida. Y no volvería a su emplazamiento al lado del mar hasta junio de 1939, una vez acabada la guerra. Entonces llegó la “depuración política”, empezando por el mencionado Dr. Grau.

De los 100 años de historia del Hospital, solo durante 40 años ha habido regímenes políticos plenamente democráticos: los 8 años de la Segunda República -de los cuales solo hubo 5 con paz y 3 con guerra- y los últimos 35 años de democracia.

Lliurament de la Medalla d'Or al Mèrit Cívic a l'Hospital del Mar

Lliurament de la Medalla d’Or al Mèrit Cívic a l’Hospital del Mar

Durante la dictadura franquista, bajo la dirección del Dr. Luís Trias de Bes, se vivió nuevamente un periodo marcado por las enfermedades infecciosas que afectaban a unos ciudadanos lastrados, como la ciudad, por las penurias de una dura postguerra.

En este contexto, pese a las restricciones de la época franquista, y atentos como siempre a las necesidades de la población, el hospital impulsó mejoras que pronto se traducirían en innovaciones médicas de la época, siendo pionero en el tratamiento de enfermedades como la poliomielitis que tantos niños y niñas sufrieron y que hizo que fuese el primer hospital de Barcelona en disponer de un pulmón de acero para el tratamiento de las parálisis respiratorias consecuencia de esta enfermedad.

La incorporación en los años 50 de servicios como los de cirugía o la inauguración, por parte del Dr. Alexander Fleming, del Pabellón de Medicina Tropical, primer antecedente del IMIM, el Institut d’Investigació Mèdica del Hospital del Mar, no son otra cosa que iniciativas para complementar la lucha contra la patología infecciosa que asolaba la ciudad.

Pero a finales de los años 70 -momento en el que se inaugura el actual edificio de diez plantas y se estrena la primera Unidad de Cuidados Intensivos de Catalunya- y a principios de los 80, nuevas epidemias golpearon a un buen número de familias de Barcelona: la heroína y el SIDA. Y nuevamente la ciudad pudo volver a contar con el Hospital del Mar, donde se inauguró la primera unidad de deshabituación y toxicomanías del Estado Español.

Otro hecho muy relevante para la ciudad y para el Hospital es el estreno, en 1978, del servicio de urgencias, que supuso que el centro ya no cerrase en ningún momento del día ni en ningún día del año.

Con el paso de los años, Barcelona, el Ayuntamiento y el Hospital del Mar siguieron evolucionando estrechamente vinculados.

Como en Barcelona, en el Hospital del Mar hay un antes y un después de los Juegos Olímpicos. Barcelona miró hacia el mar y el Hospital también. Y de la misma forma que en 1929 con motivo de la construcción de la estructura de pabellones, el eje viario del Baluart de la Ciutadella se convirtió en el pasillo central del hospital, en el 92 una importante remodelación arquitectónica de la ciudad y del centro, merecedora de un premio FAD, cambió con el mismo pincel la fachada de Barcelona y la fachada del Hospital. Una oportunidad histórica para poner en marcha un proceso de profunda modernización del centro, que revertiría en una mejora de la red asistencial de Barcelona y de Catalunya.

Este repaso de la historia del Hospital delante del alcalde Trias, me traslada, inevitablemente, 30 años atrás cuando siendo consejero de Sanidad, impulsó el Modelo Sanitario Catalán, una característica del cual era la colaboración entre la Generalitat y el mundo local. Los Ayuntamientos, antes de que la Generalitat fuese restablecida, jugaron un papel determinante en la sanidad catalana. Y el de Barcelona fue muy determinante, no solo con iniciativas como la del Hospital del Mar. Podríamos destacar las aportaciones de los higienistas municipales ya en el siglo XIX y muchas otras.

Llama la atención la presencia de alcaldes y concejales médicos y hace pensar que esta sensibilidad tiene dos direcciones: no solo el Ayuntamiento ha estado atento a los problemas de salud, sino que muchos profesionales sanitarios han visto en la gestión de la ciudad uno de los componentes esenciales de la mejora de la salud de los ciudadanos.

Tres han sido los políticos con formación de médico que han ejercido la alcaldía de Barcelona en el último siglo: el Dr. Jaume Aiguader entre 1931 y 1934, el Dr. Joan Clos entre 1997 y 2006 y actualmente el Dr. Xavier Trias desde el 2011. Durante sus mandatos, las políticas sociales han sido prioridad municipal, más allá de sus estrictas competencias, tal y como demuestra la mencionada inversión actual del Ayuntamiento en el Hospital del Mar.

El Dr. Jacint Reventós escribió que “… la política sanitaria del Ayuntamiento de Barcelona ha sido un reflejo fiel de la política nacional catalana que siempre se ha llevado a cabo. Desde la promulgación de los Decretos de Nueva Planta podemos decir que el Ayuntamiento se ha otorgado competencias más allá de aquellas a que le obligaban las sucesivas Leyes de Régimen Local, cosa que mostraba una clara vocación de actuar como lo hubiese hecho un estado genuinamente catalán (…)”.

Otro buen ejemplo de eso fue en su momento la creación del Institut Municipal d’Assistència Sanitària (el IMAS). Mientras que el consejero de Sanidad Xavier Trias, impulsaba la introducción de elementos empresariales en la gestión sanitaria, el Ayuntamiento de Barcelona con la creación del IMAS, en el que se integró, entre otros el Hospital del Mar, hizo lo mismo. Lo hizo de la mano de una persona de la que aprendí y admiré mucho: Josep Marull. Tarea que continuó más recientemente el desaparecido Josep Fité, entre otros.

La historia provoca grandes coincidencias y la del consejero Trias con el entonces regidor del Área de Sanidad Joan Clos primero y Xavier Casas y Pepe Cuervo después dieron como resultado un modelo de colaboración altamente beneficioso para la sanidad catalana, entre la Generalitat y el mundo local, bien representado por el Consorcio Hospitalario de Catalunya.

Hablando de coincidencias, antes de acabar me tendréis que permitir una referencia más personal. No hace falta decir que estoy aquí porque el azar de la vida al que me refería (que en este caso obedece a una decisión del consejero Boi Ruiz) ha querido que dedique unos años a la presidencia del Parc de Salut Mar de Barcelona. La vida tiene estas cosas: te coloca en situaciones que nunca hubieses imaginado.

Este mismo azar ha hecho que el alcalde de Barcelona, que preside este acto y nos entrega el reconocimiento, sea Xavier Trias, una persona que yo aprecio mucho, un amigo con el que tuve la suerte de poder trabajar durante muchos años y con el que hemos vivido muchas cosas juntos. Pero nunca me hubiese imaginado compartir este acto con él.

No me confundo, tengo muy claro mi papel de simple encargado de recibir, en representación de los muchos que están aquí y de otros muchos que nos han dejado -como el Dr. José Luis Echarte, a quien enterramos ayer mismo-, recibir, como digo, un premio de reconocimiento institucional al trabajo de todos durante un siglo.

Pero no puedo negar que recibirlo de manos del alcalde Trias, en la medida en que ha sido una persona determinante en mi vida, me emociona y hace que, el recuerdo de este momento tan solemne y transcendente, quede todavía más emotivamente grabado en mi memoria personal.

Acabo. Apreciado Alcalde, queridos todos, evito más menciones a personas concretas, ya que la lista sería inacabable y me expondría a omisiones imperdonables. Pero he de mencionar al Dr. Ludvik Drobnic, decano de los médicos del Hospital, que hoy nos honra con su presencia y que, como quien fue uno de mis maestros durante la carrera, el Dr. Amadeo Foz, tanto han hecho por el prestigio histórico del Hospital del Mar en la lucha contra las enfermedades infecciosas. Hoy mismo ha comenzado la 44a edición del curso de antibioticoterapia que lleva el nombre del Dr. Drobnic y que por cierto tiene lugar en el auditorio Josep Marull del Hospital.

En nombre de todas las personas que durante 100 años han hecho posible que hoy estemos aquí, te agradezco Alcalde, tanto a ti como al consistorio que presides y como representante de tus antecesores que tanto nos ayudaron, todo lo que habéis hecho por nosotros, simbolizado hoy en esta Medalla de Oro y te pido que el Ayuntamiento de Barcelona continúe estrechamente vinculado al Hospital del Mar.

Desgraciadamente, el IMAS ya es historia. Pero os necesitamos. Y a pesar de que, por obvio, no debería ni ofrecerlo, sabéis que podéis contar con nosotros. La ciudad, Sant Martí, Ciutat Vella, la Barceloneta, con el apoyo del Ayuntamiento al Hospital, estarán bien atendidos. Gracias de corazón, en nombre de todos. Muchas gracias.

2 de febrero de 2015

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