IMG_6163La tarde va cayendo en el valle en un ambiente agradable que proporciona mucha paz. Hace frío. En la madrugada hemos llegado a -12 grados. Ahora hay -4. Las nubes van ganando, poco a poco, la partida al sol. Tienen la apariencia de capas superpuestas de color gris. Variedades de grises. Gris más oscuro arriba, una franja con tonos rojizos a continuación, seguida de una oscura que da paso a la siguiente, que deja entrever cierta claridad filtrada del sol poniente. Debajo de todo, la montaña generosamente cubierta de nieve. Todo ello en un escenario de silencio gratificante.

Trump ya es presidente de Estados Unidos. Escucho explicaciones en la radio de personas que viven y/o conocen Estados Unidos que, si bien permiten comprender algo mejor lo sucedido, no eliminan la perplejidad general. Recuerdo americanos con los que coincidí recorriendo la Ruta 66. También un barrio deprimido de Saint Louis, donde un veterano de Vietnam, que no paraba de beber Budweiser, me hacía comentarios sobre los inmigrantes y las mujeres, similares a los que he oído hacer a Trump. Lo mismo podría decir de un camionero con el que coincidí en un motel de carretera cerca de Flagstaff, Arizona. Si están vivos y votaron, no me extrañaría que hubieran votado a Trump. Conozco un poco New York y bastante Washington, donde mientras escribo, según oigo en la radio, miles de americanos -más americanas que americanos según parece- se manifiestan en contra de las políticas anunciadas por Trump. No deja de ser paradójico que, en el fondo, expresen rechazo por el resultado electoral en un país que a menudo se pone como paradigma de democracia…

El 30 de noviembre de 2015, escribí desde Washington (mirad el post “Diríase que el mundo que conocimos ya no existe”), lo siguiente:

“(…) Acabo el día cenando con un amigo judío americano, votante demócrata, que actualmente dirige un Think Tank que dispone de 600M de dólares para realizar estudios geoestratégicos y políticos. Se trata de un profesional altamente cualificado que conoce muy bien la dinámica política de muchos países del mundo.

Opina que las posibilidades que tiene Hillary Clinton de ser la primera mujer que presida Estados Unidos son elevadas, si los republicanos eligen como candidato un no profesional de la política como Ben Carson o Donald Trump (…)”.

Son muchos los americanos de las élites de ambas costas y del llamado establishment de Washington, que se equivocaron en sus previsiones, la perplejidad de los cuales ante la victoria de Trump, no es menor que la de la mayoría de europeos. Muchos votaron con “una pinza en la nariz” a Hillary y muchos se abstuvieron. Basta con repasar artículos y editoriales de “The New York Times” -y otros-, para ver la distancia sideral que separa a las “diferentes Américas”. Atención, no todos los votantes de Trump son de la América profunda. Las explicaciones simplistas, como casi siempre cuando se trata de fenómenos complejos, no funcionan.

Ahora en el valle del Pirineo, el cielo es rojizo. Lluvia o viento, diría mi abuela. Quizás será viento.IMG_6164 Si tiene que ser lluvia, será nieve. Hace mucho frío…

En este rincón del mundo, alejado de Estados Unidos y también de Chile y de Suecia, la práctica del esquí -que durante años fue la razón fundamental para frecuentarlo- se va convirtiendo progresivamente en una excusa para compartir ratos agradables con amigos que son de aquellos que hacen incrementar el valor de la amistad. En el momento de esquiar, la “carcasa” ya no es la misma que hace 20 o 30 años. Y las emociones y los afectos también se han ido matizando, han madurado… Disfrutamos mucho esquiando. Pero -al menos yo disfruto- aún más cenando al lado de la chimenena en casa de uno de ellos que nos acoge siempre generosamente y nos proporciona un magnífico escenario para mantener conversaciones enriquecedoras.

He enviado un mensaje al compañero Miquel Puig por su artículo de hoy en el periódico “ARA”, “Catalunya líquida”. Lo termina con un mensaje positivo -todo el artículo lo es- que dice:

“(…) A pesar de la liquidez de los tiempos que nos ha tocado vivir, aquí, como en todas partes, hay mucha gente que, de una manera u otra, sigue estando ‘al servicio de la causa de la tierra’ (parafrasea el lema del Dr. Josep Trueta). Esta gente, bien liderada, puede hacer de este país un país de primera (…)”.

Coincido con él: bien liderada…

Leo el libro del filósofo surcoreano formado en Alemania, Byung-Chul Han, titulado “La sociedad de la transparencia”. Tema delicado cuando se hace la conexión directa -y sin más consideraciones- con el binomio política (y cierto establishment económico) y corrupción. Ya adelanto que, como él mismo explica, el filósofo va mucho más allá de la política y la economía:

“Ninguna otra consigna domina hoy tanto el discurso público como la transparencia. Ésta se reclama de manera efusiva, sobre todo en relación a la libertad de información. La omnipresente exigencia de transparencia, que aumenta hasta convertirla en un fetiche y totalizarla, se remonta a un cambio de paradigma que no puede reducirse al ámbito de la política y de la economía (…). Quien relaciona la transparencia solo con la corrupción y con la libertad de información desconoce su envergadura. La transparencia es una coacción sistemática que se apodera de todos los acontecimientos sociales y los somete a un profundo cambio”.

descargaUn cambio no siempre a mejor y que va asociado al desmontaje de la negatividad. “La negatividad de lo ‘otro’ y de lo extraño. (…) La transparencia estabiliza y acelera el sistema por el hecho de que elimina lo otro y lo extraño. Esta coacción sistemática convierte a la sociedad de la transparencia en una sociedad uniformada. En esto consiste su signo totalitario: ‘Una nueva palabra para la información: transparencia’”.

¡Qué osado hoy criticar, matizar o simplemente opinar abiertamente, sobre la palabra transparencia! Cuando se limita el campo político y de la economía, como señala Byung-Chul Han, no es mucho más que eso: una palabra. Un eslogan, a menudo vacío de contenido real positivo, que se utiliza demagógicamente, como arma arrojadiza para lanzar contra quien conviene según el momento y la circunstancia. Un simple elemento estético con efectos colaterales devastadores como la Ley de transparencia que, una vez aprobada solemnemente, divide a los políticos en tres grupos: una minoría de convencidos que actúan de buena fe y creen en ello, un mayoría de “redentores de la humanidad” que aún no llevan mucho tiempo en política y está por ver cómo les irá y otra mayoría de políticos, “los de siempre”, que se acogen -no les queda otra- a la palabra “transparencia” -¡qué remedio! – rodeados como están de casos de corrupción, intentando “lavarse la cara” y actuar haciendo como “que esto no va conmigo”…

Me vienen a la cabeza otras palabras que se han convertido en lemas cuando no, simplemente modas, incluso “dardos” para dirigir contra quien discrepa, por parte de quienes pretenden imponer la uniformidad a la que se refería Byung-Chul Han al hablar de transparencia. Pienso en “progresismo”, “populismo” o “positivismo”.

La izquierda ha logrado asimilar “progreso” a todo lo que se asocia a los que se autodenominan “de izquierdas”. La derecha, en mucho menor grado, ha conseguido asimilar “populismo” a la descalificación de los “progres de izquierdas”. Ahora con Trump (y otros, no solo Marine Le Pen) les ha surgido un problema. Demasiado a menudo palabras vacías de contenido real.

Y el positivismo… Me parece importante ser positivo y valoro quien, rigurosamente, lo es. El mencionado artículo de Miquel Puig es un buen ejemplo. Hay que ser positivo. Hay que tener confianza. En todos los aspectos de la vida. Incluso la salud y la esperanza de vida mejoran e incrementan con actitudes positivas.

Pero hay un positivismo, una “apología naïf del ser positivo” que, a mi modo de ver, raya el ridículo. Ser positivo no significa esconder la cabeza bajo el ala ante los problemas o, simplemente ante lo negativo e inherente a la condición humana.

Como tampoco lo es practicar “el exhibicionismo pornográfico” en nombre de la transparencia. “La sociedad positiva está dominada por la ‘transparencia y la obscenidad de la información en un universo sin eventos”, dice Byung-Chul Han citando a Jean Baudrillard.

Llega a referirse a Hegel para relacionar espíritu y negatividad: “El espíritu no se aleja de lo negativo, sino que lo soporta y se conserva en él. La negatividad ‘alimenta la vida del espíritu’. Lo ‘otro en aquello mismo’ que genera una ‘tensión negativa’, mantiene vivo el espíritu”.

En fin, ya es de noche y por la ventana solo veo lucecitas que brillan en un escenario oscuro. La montaña, los árboles, la nieve y las nubes están allí mismo, pero no se ven. El silencio sigue dominándolo todo.

La leña de la chimenea ya se ha transformado en ceniza y brasas. Las llamas ya son historia. La estancia está, no obstante, suficientemente caldeada. Es momento de prepararse para el encuentro con los amigos. Microcosmos nada uniforme, pero tolerante con la discrepancia. ¿Transparente? Hasta donde cada estimado amigo quiere. ¿O es que ha existido tal vez un solo ser humano que se haya muerto sin llevarse ningún secreto a la tumba? ¿Y no tiene valor el secreto y el saberlo guardar? Cuando los secretos se desvelan, el uniformismo “clonificador” (“idiotizador”) empobrece al grupo. La sociedad.

La nuestra es una reunión de almas humanas y el alma humana “necesita esferas en que pueda ‘estar en sí misma’ sin ninguna mirada ajena. Lleva inherente una impermeabilidad. Una iluminación total la quemaría y provocaría una forma especial de ‘síndrome psíquico de burnout’. Solo la máquina es transparente. La espontaneidad, que tiene el talante de un acaecerse, y la libertad, rasgos que constituyen la vida en general, no admiten ninguna transparencia”.

Que la legítima y necesaria exigencia de transparencia en determinados aspectos de la vida -y losIMG_3537 presupuestos- públicos, no nos lleve al reduccionismo y a la pretensión de extender al conjunto de la vida social esta “palabra impúdicamente manoseada para limpiar conciencias”. No sé cuál será la próxima palabra de moda…

En la calle, está oscuro. Negro noche. Ni una sola estrella a la vista. La temperatura ha bajado mucho y seguirá bajando durante la madrugada. Entre pequeños montículos de nieve que se hunden suavemente con cada pisada, aparece de tanto en tanto alguna placa de hielo que hay que abordar con mucho cuidado para no tener ningún susto.

Al cabo de 10 minutos largos, llego a casa de mi amigo. El perro sale contento y feliz a recibirme y dentro todo está a punto para hacer pasar el frío y disfrutar de una buena cena. Y, lo que es más importante, de un buen intercambio humano, de un agradable calor tejido con mucho cuidado y cierta ternura. Un aparato de TV va dando noticias: un rosario de desgracias a cuál más trágica en prime time. Y cada dos por tres Trump. La cara extraña de Trump que, allí en medio de la montaña nevada, física y -deliberada y- mentalmente lejos del ruido de los actuales “tiempos modernos”, se convierte todavía en más extraña… Un personaje, seguramente oscuro pero con ataques de transparencia amenazadora e inquietante. Pornografía agresiva legitimada por las urnas mientras no se demuestre lo contrario…

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5 comentarios sobre “DÍAS DE INVIERNO EN LA NIEVE

  1. Olga dice:

    Amb els anys, jo també disfruto cada cop mes de la companyia dels amics i de una bona conversa. Soc afortunada i tinc grans amics conversadors.
    I també amb els anys l’hi vaig donant voltes al significat de la transparència i del límit amb l’espai privat.
    L’hi donc voltes en aquesta apariència de transparència que té avui la “potsveritat” que amb l’ajut de xarxes de consumidors efimers de noticies, difonen a gran velocitat mentides, difamacions o mitjes veritats i que quan algú les desmenteix, com que l’interés ha decaigut per la compulsivitat dels propis divulgadors, la informació certa i transparent de debó, no es considerada per ningú.

    Hauríem de reflexionar fins a quin punt tot això no es el que ha propulsat a Trump i a tots els populistes de dretes o d’esquerres a “regnar” sobre el planeta.

    1. josepmariavia dice:

      Gràcies Olga. Recordes aquell joc, consistent en una cadena d’infants en la que el primer, li diu quelcom al segon a cau d’orella i així successivament, fins que l’últim explica el missatge que li ha arribat i que no te res que veure amb el missatge inicial? Quelcom semblant passa amb la transparència i la difussió de la informació. Amb l’agravant que això es difon a través de les xarxes, a tot el món i a gran velocitat. I encara pitjor, quant xarxes organitzades de difamadors i demagogs es posen en marxa de forma viral per mentir, confondre i contribuir -sovint en nom de la transparencia i/o la llibertat de informació- a fer un món pitjor.

      1. Present dice:

        Estic d’acord amb la Olga i amb tu Josep Mª, excès de informació.. i ho sento pels periodistes, però moltes “pre-cuinades”, qualsevol cosa sense contrastar es fa viral i ja has begut oli… Les xarxes, els mitjans poden donar la volta a qualsevol notícia o donar-li una pàtina d’alguna cosa que no s’hi escau.

        1. josepmariavia dice:

          I el que ho ha acabat d’empastifar tot són els digitals. La necessitat de vomitar noticies sense parar, darrera de titulars d’escàndol, fa que el resultat faci fàstic. Contrastar dius… Tan de bo tinguessin la capacitat i sobretot el sentiment ètic, deontològic, professional que els hi hauríem d’exigir!!!

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